SEXPERIENCE IV: SINS OF SIMMETRY

“It´s fear of discovering the Void Beyond these eyes,
The formulas of love and all the ways to paradise,
Eyes of mistery, eyes of Faith…
May (The Lord) forgive my sins of symmetry”

(DöXa)

Sigilosa fue incorporándose y arrastrándose en dirección al espejo para reconocer la realidad, su realidad. La tristeza invadió su alma de la misma forma que la pasión le había ayudado a dejarse llevar. Poco a poco, como para no hacer ruido, fue poniéndose silenciosamente en pie. Miró alrededor, el cuarto vacío hasta de personalidad, a no ser por las dos personas que aún dormían en él. Le pareció una especie de cárcel  marmórea de la que tenía que salir huyendo… Y lo hizo despacio, quería pasar desapercibida.Sin desafiar. Sin encontrarse de nuevo con aquella mirada que no sabía exactamente cuánto la había embaucado.

Con los ojos cristalizados por unas lágrimas opacas que se negaban a salir fue recogiendo lo que pensó era su ropa, porque no era capaz ni de recordar que llevaba puesto cuando, aún se preguntaba cuando, apareció en aquel lugar.

No fue difícil huir. Al contrario de lo que en el primer momento de tensión había pensado, solo tuvo que bajar las escaleras, y la puerta estaba abierta. Salió tranquila, aunque las piernas le temblaban, quería aparentar normalidad en el caso de que Jay la viese marchar. Y la vio, la observó por la ventana, mientras ella ,nuevamente, en esa especie de susurro inconsciente que no sabía bien cómo ni por qué invadía su cerebro, escuchaba en el aire la voz de aquel hombre susurrando su nombre: “… Helena…”

Helena volvió atrapada la vista hacia la ventana de la habitación y notó cómo Jay autorizaba su marcha con la mirada sin poner barreras. Helena llego a preguntarse por qué en vez de susurrar su nombre no lo había gritado con furia, no sabía bien si era por falta de interés o por un acto altruista en pos de su libertad o por el exceso de autoconfianza y  pleno convencimiento de que en cualquier otro sinuoso susurro la podría de nuevo tener a sus pies. Aquella fue la última mirada, y aquella mañana la última en la que escuchó su nombre escrito en el viento…

Pasó casi un año desde aquella experiencia, “anécdota” era como actualmente la calificaba si le venía algún ligero recuerdo de aquellos momentos a la memoria. Durante bastante tiempo, hasta que logró reunir fuerzas, evitaba salir por los mismos lugares que, hasta aquella noche en la que conoció a Jay, solía frecuentar. En el fondo tenía miedo de que aquello que ella creía que el pensó cuando la dejo marchar fuera verdad y que nuevamente una mirada de color indefinido y un susurro le hicieran caer a sus pies. No, no es que no disfrutase de aquella especie de amor, pero amaba más su libertad, y el recuerdo de sentirse como en una prisión era casi tan fuerte y la estremecía tanto como el de los mordiscos de pasión que entonces recibió.

Había quedado con Ángela en aquel viejo tugurio. Aparcó el coche casi a la puerta, y dar unos cuantos pasos y apoyar los finos tacones firmemente en el suelo mientras las rodillas le temblaban y el corazón le latía de tal manera que casi le hacía imposible respirar. No fue sencillo. En algún momento pensó que se desplomaría antes de entrar por la puerta al interior del garito. Nunca le había gustado entrar sola a ningún lugar, pero su amiga era mucho más independiente y la dijo que se verían dentro. Consiguió llegar hasta la barra y pedir una cerveza cuando un escalofrío estremeció su cuerpo. Entre la multitud le respiró. En un rincón, una morena de pelo rizado exponía su cuello a la mordida de la misma forma que ella había hecho tiempo atrás. Allí estaba él. Jay también tuvo que respirarla y violentamente levantó la vista sosteniéndole la mirada. Helena en esta ocasión pudo mantenérsela, sin miedo, sin sumisión. Altivo, Jay cogió a su nueva chica bruscamente del brazo y casi arrastrándola salieron de pub, pasando a su lado mientras la miraba de forma despectiva. Helena sonrió agresivamente satisfecha. En ese momento notó que desde cerca  unos limpios ojos azules la observaban, y ,algo más abajo, unos labios amables con una simpática sonrisa parecían saludarla . Ángela tardaba, pero ya todo daba igual, en ese momento lo único importante que daba vueltas dentro de su cabeza era: “cómo le comería la boca a este tio, diossssssssss”. De repente, apuró de un trago su cerveza, bajó las gafas de sol de su pelo hasta sus ojos y dando urgentemente la espalda salió del bar…

No, desde luego que no. Definitivamente no. No era aún la mejor noche para volver a  dejarse hipnotizar  y dormirse  bajo la luz de aquella deslumbrante estrella.

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5 comentarios to “SEXPERIENCE IV: SINS OF SIMMETRY”

  1. Aaaaaaaaaaahhhhh!! Que gusto volver a leer a Helena y Jay en acción.

    Excelente Anna!

    Besos.

  2. ¡Excelente Anna!, me gusta ese broche final del relato.

    Todos los inicios requieren un final y cuando una persona sigue teniendo la iniciativa y la libertad de elegir su camino, todo va bien. Incluso aunque el camino elegido sea más o menos equivocado.

    Me ha encantado la historia.

    Besos

  3. Esa Anna, siempre tan sugerente… Un gustazo leerte. Besos

  4. Estupendo, señora de piel.
    Un lametorro.

  5. Qué larga espera!!!! Pero mereció la pena…. Sobretodo porque me encantó el final.

    Besos

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