TECHOS BAJOS

Desapareció tras los cubos de basura corriendo…Y calculo que fueron más de media docena los que, casi sin aliento, la persiguieron. Si alguno de esos escuálidos gatos hubiera dado alcance a aquella “doña asquerosa”- como llamaban los niños a sus incómodas vecinas: las ratas- hubiese asegurado, sin lugar a dudas, su octava vida. Sobrevivir en “Techos Bajos” era el principal objetivo para cualquier ser que anduviese o volase; los animales que nadaban dejaron de tentar a la suerte por simple cuestión de instinto y, sus visitas al riachuelo del poblado, ahora prácticamente convertido en escombrera, desparecieron hace años.

Para que exista un ganador, necesariamente tiene que haber un perdedor o, como en esta ocasión, varios; y los perdedores gatos se quedaron con la miel en los labios y con fuertes retortijones en el estómago…Otro día más.

Esta primera imagen de clara lucha por la supervivencia quedó grabada en mi retina. Era evidente que en “Techos Bajos” lo único que sobraba era la pobreza; amén de los cientos de ratas y de las molestas moscas y mosquitos que campaban a sus anchas sobre la miseria de un lugar olvidado por todos.

Alguien -no recuerdo exactamente quien- me habló de aquel poblado maldito en el que, bajo las techumbres de uralita de las chabolas, se apiñaban extensas y ociosas familias sin recursos compuestas por siete u ocho miembros, de los cuales la mitad, más o menos, eran niños en estado de semi abandono para los que el futuro era inexistente y el presente se basaba en un “sálvese quien pueda” que desprendía un hedor nauseabundo. Como desde que tengo uso de razón he sido un romántico y un idealista, decidí implicarme en ese nuevo reto personal que me cautivó desde el principio. Mi proyecto era despertar entre los más pequeños las ganas de construir y de colaborar por el bien común, haciéndoles ver que debían de olvidar esa filosofía individualista que tenían tan arraigada. Y, con gran entusiasmo, comencé mi labor de aproximación al objeto de mi súbito enamoramiento…

Recuerdo que, desde la misma mañana en la que puse el pie por primera vez en “Techos Bajos”, tuve que ganarme la confianza de los adultos del lugar…Para ser más exactos, tuve que comprármela.

-Aquí no es bien recibido ni usted ni nadie, ¿entendido? A los desconocidos no les queremos en nuestro territorio, así que… ¡Ya puede irse por donde ha venido si no quiere encontrarse con algún problema!- Me espetó el abuelo Benito, patriarca del clan de los “Vitorinos”- traficantes de todo lo imaginable- cuando, cayado en mano y con cara de peligroso enajenado mental, me vino a “recibir” a la puerta de la improvisada tasca que había a la entrada del poblado chabolista.

-Mi intención no es buscar líos y tampoco vengo a hacer amigos. Únicamente quiero algo fresco que llevarme a la boca y, según el cartel de la entrada, esto es un bar.- Contesté con aplomo mientras me adentraba en el garito sin saber muy bien cómo podría acabar aquello.

-No le sirvas al señor,”Chirri”.- Aconsejó don Benito al musculoso joven tatuado que atendía la barra mientras él golpeaba, con gran autoridad, el suelo con su bastón.

-Vamos, invito a todos los presentes a una ronda…- Fue lo primero que acerté a decir para proseguir con un… Tengo prisa, así que, en cuanto antes me sirvas una cerveza, antes me iré de aquí.- Inexplicablemente mi táctica funcionó y respiré tranquilo. Tras una razonable duda inicial, y una rápida mirada a don Benito en busca de su aprobación, “El Chirri” puso mi consumición y la de los cinco habitantes de “Techos Bajos” que esos instantes se encontraban allí. Sin dirigir la palabra a nadie, pero mirando de frente a todos, bebí con celeridad mi tercio, pagué la abultada cuenta sin rechistar y abandoné el lugar con naturalidad.

Después de esa primera incursión en el poblado me sentí reforzado y el interés por aquel lugar creció en mí. No pasaron muchas semanas hasta que regresé de nuevo.

Los habituales de la tasca se alegraban tremendamente cada vez que escuchaban el motor de mi destartalada furgoneta porque sabían tenían asegurada una consumición hasta que, una mañana cualquiera, para alegría de mi maltrecha economía, Don Benito decidió que ya había pagado suficiente peaje y, para mi sorpresa, me llamó “amigo” cuando entré al bar y se acercó para charlar un rato. Está aproximación sirvió para que yo le explicase que quería construir un lugar de juego y esparcimiento para los críos del poblado.

-¿A cambio de qué, forastero?- Me preguntó con celeridad aquel hombre acostumbrado al negocio y al trato desde que su madre lo echó al mundo. Por un momento me preocupó su repentino cambio de actitud hacia mí y temí perder esa recién instaurada proximidad que tanto me había costado conseguir y tanto me interesaba mantener.

-A cambio de nada. Bueno, sí… A cambio de colaboración. Respondí sin dudar. Necesitaré la implicación de todos los niños de “Techos Bajos” porque serán ellos los que decidan cómo será ese lugar de juego y entre todos lo construiremos.

-¿Eso es todo?…

-Eso es. Nada más.

-De acuerdo. Hablaré con los mayores y, si ellos están de acuerdo, que lo estarán, te facilitaré un barracón para que ahí prepares o almacenes o hagas lo que quieras pero…Lo que se empieza en “Techos Bajos”, se acaba, ¿de acuerdo, amigo?

En una semana estábamos un montón de niños, varios jóvenes ociosos y acostumbrados sólo a activar sus neuronas trapicheando, y yo, soñando con qué forma tendría ese espacio de diversión en una explanada habitualmente encharcada. Decidimos que, con unos postes de madera pintados en alegres colores, con algunos retales, con cuerdas y materiales de desecho y, sobre todo, con una gran dosis de paciencia e ilusión – que de eso era de lo único que íbamos sobrados- construiríamos un gran barco en el que se leería en grandes letras negras: “Solo para niños”. Así lo hicimos, y al cabo de mucho tiempo de duro y gratificante trabajo, inauguramos con tremenda alegría- y con una fiesta costeada por Don Benito en la que no faltaron ni las tracas ni los petardos- aquel área de juegos en el que tanto empeño habíamos puesto todos… Era nuestra gran obra maestra y nos sentíamos orgullosos; yo el primero.

Lástima que no todo se pueda cambiar en esta vida y las ratas también sean usuarias habituales de ese espacio lúdico infantil y campen por nuestro barco como unos capitanes de navío más…¡Las muy “doñas asquerosas”!, como dicen mis niños.

12 comentarios to “TECHOS BAJOS”

  1. Precioso texto Linda, una realidad a la que cerramos los ojos. Unas veces por comodidad y otra porque estas no son noticias que salten a las primeras páginas de los diarios ni a las televisiones.

    Muy interesantes también los enlaces ¡enhorabuena! y del barco que voy a decirte precioso ese barco de la ilusión y todo lo que haga felices a los niños.

    Besos

  2. Buen relato, Linda. Me ha gustado mucho la ambientación, sobre todo la escena del bar. Besos

  3. “Techos Bajos” probablemente no exista como tal pero hay miles de lugares, de similares características, que continúan siendo inexistentes para los ojos de la mayoría de nosotros. Ojalá llegue el día en el que todos los niños tengan las mismas oportunidades en esta sociedad y la miseria desaparezca.

    Gracias, niñas, por vuestros comentarios.
    Muackssss.

  4. precioso, linda! muy bueno!

  5. MUY BUENO LINDA!

  6. Un gusto leer vuestros comentarios, Yuka e Isa.
    Besos y muchas gracias.

  7. Interesante relato Linda. Desde que tengo uso de razón, y muchísimo antes existe el problema. Parece como si no hubiera interés en resolverlo. Nos piden el voto para otras cosas. “Para ellos son ciudadanos de segunda linea.”

  8. Lamentablemente, eso parece Patxi. Es una realidad que da mal rollo “sacarla a la luz” pero por la que no se hace nada. Por lo que se ve no son interesantes esos cuidadanos para algunos…
    Besotes, querido, y gracias una vez más.

  9. Parece que no solo en Techos Bajos pasa eso.
    Impactante.

    Besos.

  10. Muacksss, Omsi.
    No, no sólo allá, mucho me temo, ¿verdad?
    Muchas gracias.

  11. Buen reportaje sin cámara, Linda, quizás con ellas llegaría a más gente si los medios quisieran pero dudo que, aún con eso, hubiera verdadero interés en intentar resolverlo.
    Intentar al menos, que ya sería algo…

  12. Cierto, Pedro. Este tipo de temas ni se muestran ni se intentan arreglar…¡Pero, por desgracia, ahí están!
    Gracias por tus comentarios. Agradezco mucho que leas mis relatillos.
    Muacksssss, amigo.

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