THE SHOW MUST GO ON

Se sienta desganada en la misma silla en la que lleva sentándose todas las tardes desde hace años. Enfrente, un espejo que le devuelve una imagen que apenas reconoce.

Enciende un cigarrillo y mientras intenta calmar un inoportuno acceso de tos con un trago de whisky piensa que tiene que dejarlo. Sonríe para sus adentros, sabe que no lo hará.

Hubo alguna época, lejana, en la que salir al escenario era su vida. Ella sola frente al mundo. Los espectadores, su público, y la ansiada oportunidad que nunca llegó. Aprovechados que le prometieron un gran futuro y que terminaron por olvidarla una vez consiguieron lo que habían ido a buscar. Poco a poco la ilusión se convirtió en rutina y la rutina en una espiral destructiva que solamente conseguía hundirla cada vez más.

Hace ya mucho tiempo que ha dejado de gustarle aquello. Su ilusión se ha convertido ahora en una obligación que le ayuda a pagar facturas a final de mes. Cada actuación se vuelve más pesada que la anterior y siente una tremenda rabia que intenta calmar sin conseguirlo.

Cada día le cuesta más maquillarse. Cada trazo en su rostro le descubre todas y cada una de las arrugas que los años allí depositaron. Las intenta ocultar cuidadosamente, al igual que intenta ocultar sus cuarenta y demasiados años, esos mismos años que le recuerdan silenciosamente que ya es demasiado mayor para cumplir su sueño.

Mirada vacía. Rostro inexpresivo. Conoce a la perfección su cara, aunque últimamente cada vez que se mira en el espejo, ve a una desconocida. Ésa del otro lado del cristal no es ella; es un espejismo de lo que ella quiso ser, que le recrimina todas y cada una de las tardes en que se mira en el espejo de su camerino, qué es lo que ha hecho con su vida.

Grandes escenarios, lujo, un público entregado y fama. Su gran sueño inalcanzable. En su lugar un par de viejos trajes, remendados en demasiadas ocasiones, un camerino a compartir con personas tan vulgares como ella, y la certeza de que su mediocridad es la que le ha impedido vivir su sueño.

Termina de maquillarse. Se levanta y se mira por última vez en el espejo antes de salir al escenario. Los efectos del alcohol parece que han empezado a hacer su efecto y algo parecido a una sonrisa se dibuja en su rostro. Su público la espera.

Gritan su nombre entre bambalinas. Es su turno. Su espectáculo debe continuar.

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4 comentarios to “THE SHOW MUST GO ON”

  1. Rutina, sueños que nunca llegan a cumplirse. Si eso ya puede ser dramático en ciertas esferas, ni me imagino lo que debe ser en el mundo del espectáculo.

    ¡Enhorabuena Roser!

    Besos

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