QUIMERA

Fue doblando la ropa y metiéndola lentamente en la maleta.
Miró a su alrededor despacio, objeto por objeto, rincón por rincón sin tener claro si quería llevarse o dejar allí los recuerdos. Solo sabía que necesitaba cambiar de aires, que la vida en la ciudad ya no era la qué quería. Necesitaba tranquilidad y salir de su monotonía.
Cerró las ventanas que previamente había abierto de par en par para dejar en la casa impregnado el olor eterno a primavera. Bajó las persianas, una a una, dejando escapar en cada cierre un suspiro. Agarró la maleta y fue cerrando puerta a puerta cada habitación, sin mirar atrás, hasta llegar a la que hasta entonces había sido la entrada y hoy era su salida. Cerró con fuerza. No echó la llave.
Y escapó.
Así despertó aquella mañana, con humedad de primavera temprana en los ojos, guiando a ambos desconocidos hacia aquella estación del centro intransitable de una ciudad sin corazón directos hacia ningún lugar.

*************************

La estación era un ir y venir de gente cargada de maletas y mochilas que mirando el panel de salidas corría hacia el anden de su autobús, mientras distintas voces de conductores entremezclaban a gritos destinos y junto al constante murmurar de la gente, a penas  se dejaba oír una pésima megafonía que trataba con más orden anunciar lo mismo que hacían los conductores.

El autobús hacia la Herradura, partía en quince minutos, y ambos pensaron que quizá en esa Herradura hallarían la suerte. Fue el destino lo que hizo que se sentaran juntos y tuvieran que compartir asientos correlativos.

Pepe miro a aquella preciosa morena de piel blanca. Podría ser su hija.
-Buenos días
-Buenos días, replico María girando constante y compulsivamente el único anillo que lucia en sus dedos.
El era un hombre tímido y quizá demasiado educado para preguntar nada, y mucho menos cuando intuyó la profunda tristeza que guardaba en el fondo azul de sus ojos aquella joven. A pesar de la timidez y la educación, era imposible no caer rendido e intentar ojear de vez en cuando aquellas preciosas piernas que emergían tras la corta minifalda y el prominente escote que dejaba entrever sus pequeños pechos.

-Que pena no tener ventanilla-Pensó Pepe-Hubiese sido el viaje bastante más llevadero.

Aún así intento observar el paisaje. La monocromática carretera invadida de coloridos coches. Las tierras pintadas de diferentes colores por el barbecho. Los girasoles. Contar los toros de Osborne e imaginar cómo Quijote hubiese podido luchar con los nuevos molinos de viento.

El conductor anunció la parada.

-Me permite, yo me bajo aquí.
-¿No me diga? Yo también. ¡Vaya casualidad!

Al bajar del autobús con desolada ilusión miraron aquel pequeño pueblo. Cuatro casas. Cuatro gatos. Bares con letreros en alemán e inglés cerrados y ni un alma por las calles debido al húmedo calor que a las cinco de la tarde convertía las calles en espejismos.

-¿Hacia donde va?
-No lo sé, aun no he buscado donde quedarme.
-Lo normal en estos sitios señorita, es que busquemos un bar y nos informen de donde ir. ¿Le apetece algo fresco?
El pueblo nacía en una curva de carretera con forma de herradura, y nacía de arriba para abajo entre pendientes intrincadas y calles estrechas que parecían nunca alcanzar la playa. Tras no demasiado caminar encontraron un bar abierto: “De ese Arte”, un especie de tablao flamenco con aspecto de centro cultural para el inserso del pueblo y amenizar la noche a algún guiri. Todo fue relativamente sencillo, tras un par de cervezas y una de chipirones, María trabajaría en aquel bar. La mujer del dueño andaba muy ocupada porque su hija había sido madre, y él tenía la vega y su cortijo bastante abandonado, no estaban los tiempos para cerrar el bar ni para contratar a alguien para cuidar las tierras. María trabajaría a cambio de un plato de comida y una habitación.
A Pepe le recomendaron hablar con “el Flaco”, un pescador de la zona. Su hija tenía una casa en el pueblo vacía, porque se había ido a buscar la vida a la ciudad. Todo pareció indicar que la herradura había encajado a la perfección en sus cascos.
Cada día Pepe daba su paseo matutino por la orilla del mar antes de desayunar y subir a “De ese Arte” para compartir un café, unas palabras y unas sonrisas con María. Y día a día, las visitas fueron haciéndose más largas, pasando del café al sol y sombra.
Un día:
-¡Pero mira que eres bonita jodía! Ay si yo pudiera! Ay si tú te dejases!!
Otro día:
-Que si yo fuera mozuelo! Corriendo te me ibas a escapar tú hermosa!
Y un día más:
-Si es que María, a mi lo que me derrite no es el sol y el calor de esta tierra, es tu mirada…
Y otro día más:
-Cualquier hombre pensaría que ha tocado el cielo si esos labios le besaran.
La plegaria tuvo respuesta, y como un desliz los labios de María besaron sutilmente los de Pepe haciéndole sentir nuevamente un quinceañero.
Y un nuevo día más: María no está en el bar.
– ¿Y María? ¿Donde está María?
-Me dejo solo esta nota: “Me han llamado tengo que marchar, volveré pronto, gracias por su comprensión”.
-No le dejo ningún recado para mí?
-No, no ve? Esto es todo lo que dice la nota.
Con María se fue la alegría, y los días que parecían faltos de horas se volvieron atenazantes e infinitos.
Dos semanas llevaba esperando que esos ojos azules y esos suaves labios volvieran a decirle buenos días. Y una semana más. Y tres días más. Y un día más paseaba como siempre por la orilla del mar, esperando.
El día cero la encontró en la orilla del mar sentada, triste, borracha, con el rimel corrido, haciendo más penetrante el azul de sus ojos gracias al negro de las pinturas y el violeta de sus ojeras. Una botella de whisky prácticamente vacía le hacía de compañera en su solitaria conversación…
-Valiente hijoputa!…no te jode…que te jodan…
-Maria…cariño…Maria…que te pasa?
María se volvió violenta hacia el, convirtiéndose en dócil perdida sonrisa cuando vio que era Pepe quien le hablaba. Con un gesto que no resultó invisible para él, ella trataba de con los pies ocultar una pistola entre la arena.
-María, que te pasa amor? Que te ha pasado? Levanta, vida, levanta, te he echado tanto de menos! Vamos, ven a mi casa, si teníamos que habernos idos juntos desde el primer día, mi niña, mi corazón..Ven.
María se levanto y ambos se fundieron en un abrazo y un beso de tal intensidad que hasta las olas del mar subieron violentamente rompiendo con tanta fuerza como las emociones.
-Recógelo todo, María. Te espero allí, junto a aquella roca. Vamos a casa.
Una vez en casa Pepe entro directo a la cocina y mientras el preparaba un café para entrar en calor le invito a ponerse cómoda y ducharse si así quería. Ella temblando fue directa hacia el sofá, y sin hablar, solo empezó a mover con nervio la pierna, a bailarla, mientras se quitaba pellejitos de los labios. Él la observo y se sentó a su lado mientras servía ambos cafés.
-María, quieres que hablemos?
-No
-Vale…
-Bueno, si…
-Vale también.
-No sé…Pepe no sé. Me tuve que ir tenía un juicio, me tuve que ir, bueno, me tuve que ir primero porque él,  bueno, yo tenía un juicio ahora,..ahora no, el otro dia…joder Pepe! JODER!
-A ver calma. Te tuviste que ir, hasta ahí lo he entendido. Le dijo despacio mientras le acariciaba el frondoso pelo.
-Pepe, denuncie a mi marido por amenaza de muerte, me dijo que me mataría.., por eso me fui de mi ciudad, tenía miedo, y en la ciudad poco que perder a parte de mi vida.
-Vale, hiciste bien, pero por que te fuiste de aquí.
-Me llamaron que tenia la vista, y tenía que ir, ahora si lo he perdido todo, ahora sí-
-No, todo no, tienes la vida y me tienes a mi.
-No, Pepe, no todo sí. No me concedieron la orden de alejamiento.
-A ver mujer, pero tu no estás condenada a vivir en tu ciudad y el no sabe donde estás.
-Ni lo sabrá, Pepe, ni lo sabrá.
-Efectivamente, mejor me lo pones, ni lo sabrá.
-No Pepe, no, que no me entiendes…le he matado Pepe, que le he matado.Se presentó en casa, en nuestra casa después del juicio, me estaba esperando en el descansillo de la escalera y cuando vio que abría la puerta salió de su escondite y me empujó hacia dentro, forcejeamos y me saco un arma, este arma.
-Guarda eso, María, guarda eso.
-Pepe ,no, me sacó la pistola, pero cuando  la tuve entre mis manos  fui yo quien disparé…fui yo..
-María eso es defensa propia..
-No Pepe, que le maté. Te he dicho que le maté.La pistola llegó a mis manos cuando se dio un golpe en la cabeza y le dejó sin sentido. Cuando le vi en el suelo la cogí y pum, pum, pum, pum…hasta agotar todas las balas. ¿Defensa propia?

Con un gesto Pepe cerró los labios de María y los selló con los suyos.
-No digas nada más. No quiero saberlo. Nadie más lo sabrá. Tienes que quedarte aquí conmigo. Eres preciosa y no has tenido suerte. Tu suerte está aquí, en este lugar y conmigo.
-No Pepe…no es así, lo siento…dijo María y besándolo dulcemente se fue  incorporando para alejarse despacio.
-María, ¿qué haces?¿ dónde vas?
-Adiós Pepe, cariño…gracias por el café.
Mientras un beso flotaba en el aire, arrimó el arma a su sien y apretó sin vacilar.

BANG
“I have a question I would like to ask
To who’s ever listening
To myself
Does everything that you give come back to you
And if nothing’s offered you might as well be dead”

7 comentarios to “QUIMERA”

  1. Precioso relato Anna, triste, muy triste, y amargo, muy amargo. Pero de una maravillosa delicadeza. La desesperación nunca se sabe donde nos puede llevar, ni la persona más juiciosa puede decir hasta donde puede llegar su capacidad de aguante.

    Besazos

  2. Que precioso Anna. Un relato lleno de sensibilidad que nos puede dar mucho que pensar. B7s!

  3. Bueno, a estas alturas de la película he decidido resolver el entuerto. Iba a esperar a Tiri, pero como es un vendaval no leerá nada previamente.
    Quimera:Ilusión,fantasía que se cree posible,pero que no lo es.
    Realidad: “Cuando le vi en el suelo la cogí y pum, pum, pum, pum…hasta agotar todas las balas”.
    El mensaje casi siempre en el tema….y si está al final del texto es por algo, sería como “la moraleja”…justo después de la pregunta en el tema viene la respuesta:
    “Oh no, I have a lot more to give
    But I don’t
    Don’t know how to let it out
    Let it show
    Not even to the people I know
    So here I go”…
    El resto a vuestra imaginación.
    Buenas noches.

  4. Triste, triste relato ¡siempre siempre hay algo que dar! especialmente en los besos…un amigo mío dice que el que no sabe dar ¡no sabe besar! ¿le ocurrió algo parecido a tu prota?
    En fín,me has inquietado la noche con tu estupendo relato.
    Babass, hermosa.

  5. ¿Sabes, Anna? Creo que María todo lo hizo en defensa propia; primero con él, luego con ella…Huyendo de lo imposible…
    Inquietante, amargo y duro relato.
    Besazos y gracias por dejarnos estas perlas.

  6. Confieso que el relato me ha mantenido interesada en todo momento. Es muy distinto a otros que había leído, y me ha encantado.

    Pero creo que no deberías haberla matado justo cuando podía empezar a vivir.

    Quizá la legítima defensa no podíamos alegarla, pero si el miedo insuperable o el arrebato u obcecación.

    No creo que hubiera sido difícil que lo estimaran. Al fin y al cabo ella pasaba miedo y eso puede hacer perder la cabeza, mas si el otro entra en su casa…

    La esperanza es lo último que se pierde.

    Y ya de coña, esperaba un final de los tuyos después de que despejaras nuestra curiosidad.

    Muy bueno.

  7. Ouuuuuuuch! Trágico final!

    Nena… baja esa arma =S

    Felicidades preciosa.

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