UNOS MINUTOS NADA MÁS

— ¡Buenos días! —intenté que mi sonrisa fuese lo más natural posible. Ir llamando puerta por puerta no era nada sencillo, y más ahora con estos tiempos que corren en los que nadie se fía de nadie.

— Buenos días, ¿qué desea?

Me había abierto la puerta una mujer de aspecto agradable.

— Me llamo Cristina Rodríguez, estamos haciendo un estudio de estadística para la Universidad Complutense y vamos recabando información general sobre la población. La encuesta no llevará más de unos minutos y sus respuestas no saldrán de nuestra base de datos que es altamente confidencial.

— Esto no será un engaño ¿verdad? Luego no me vendrá con el cuento y tratará de venderme algo.

— No, puede estar tranquila, yo no trabajo para ninguna firma comercial, y desde luego todo lo que nos facilite no llegará a ninguna empresa comercial que luego les empapele con publicidad o con llamadas de teléfono a todas horas para intentar venderles algún producto. —Mientras daba estas explicaciones saqué mi carnet acreditativo de la universidad y continué hablando.

— Estas encuestas sólo se utilizan en el ámbito universitario, para estudios de sociología. Y por supuesto a la hora de que los alumnos trabajen con ellos no se personaliza con los nombres y apellidos, eso sólo queda oculto en el expediente.

— De acuerdo, pase, si es poco tiempo si que podré dedicarle unos minutos. No demasiados, mi marido está al llegar, y tenemos que salir a hacer unas gestiones.

— Prometo que no la entretendré más de 15 minutos.

El salón era espacioso y alegre debido a la escasez de muebles —pocos pero confortables y elegidos en tonos claros y con buen gusto— y a la claridad que entraba por la cristalera de la enorme terraza.

Abrí el maletín y saqué el listado de preguntas:

— ¿Me podría decir su nombre completo?

— Ana Gutiérrez

— ¿Estado civil?

— Casada.

— ¿Tiene hijos?, y si los tiene ¿me podría facilitar sus edades y sexo?

— Si tengo hijos… tengo tres —la mujer pareció dudar, por unos instantes me dio la impresión que le temblaba ligeramente la voz— de 23, 21 y 16 años, todos varones.

— ¿Viven los tres con ustedes?

— Sí, aún tengo a los tres en casa.

— Sus hijos, ¿trabajan o estudian?

— El mayor trabaja con su padre en el negocio familiar, no quiso estudiar. El mediano —mi Dani— está en la universidad estudia derecho. Y el pequeño aún esta en el instituto empezó este año bachillerato.

— ¿Me podría decir su nivel de estudios?

— No terminé la secundaria, tuve que dejar el instituto por motivos personales el último año de BUP. —La mujer me miró y por segunda vez noté su voz alterada.

— ¿Nivel de estudios de su esposo?

— Él estudió arquitectura.

— ¿Es autónomo o trabaja por cuenta ajena?

— Autónomo, trabajó varios años en una empresa, pero hace diez años tiene empresa propia.

— ¿Usted trabaja?

— No, los primeros años si trabajé. La carrera de mi esposo era costosa y cuando nos casamos aún le quedaba alguna asignatura para terminar, así que yo ayudaba con mi sueldo. Luego cuando nació Dani, las cosas ya nos iban mejor y decidimos que era mejor que dejase de trabajar y atendiese a los niños. Me quedé embarazada enseguida y nos juntamos con dos críos casi iguales.

— Entiendo…

El ruido de la llave en la puerta nos sobresaltó a las dos.

Un hombre alto y de rostro serio entró en el salón.

— Buenos días —logré balbucear a duras penas.

— Ana, ¿quién es esta jovencita? —preguntó el hombre.

— No te esperaba tan pronto Ricardo. Esta joven está haciéndome una encuesta…

— Te tengo dicho que dejes de abrir la puerta tan ligeramente a desconocidos, hoy en día no se puede hacer eso. Eres demasiado confiada Ana.

— Querido, esta chica trabaja en la universidad me ha enseñado el carnet que la identifica. Ricardo, hay que contribuir a estos proyectos, no cuesta nada y a los chavales les ayuda a la hora de manejar datos para los estudios. Recuerda que tienes dos hijos estudiando y si esas cosas les pueden ayudar, no cuesta ningún trabajo…

— ¡Paparruchas! Eres demasiado confiada ¿Estás preparada? Recuerda que nos esperan a la 13:20 en la notaría — y dirigiéndose a mí, dijo — espero que termine pronto lo que ha venido a hacer, nosotros tenemos algo de prisa.

— Si, Ricardo, sólo tengo que coger el bolso y ya estoy lista.

— Lo siento, ya no les molesto más. El estudio que se está haciendo es una comparativa de familias actuales con las de hace treinta años, así que ya me puedo hacer una idea. Siento haberla molestado…

Salí precipitadamente de aquella casa. Una casa que no entraba en mi ruta, una casa a la que acudí conociendo de sus propietarios mucho más de lo que podrían desvelar aquellas preguntas.

Me había costado muchos años llegar allí, y ahora me preguntaba ¿para qué? De que serviría ahora haber contado toda la verdad. Según mis informes, Ricardo, era un buen hombre, trabajador, honrado… pero serio, formal hasta los límites de no perdonar, ni una mentira, ni mucho menos un desliz.

Y yo era eso, un desliz… un desliz… que fue abandonado a las pocas horas de nacer para no destrozar la joven vida de quien me la había dado a mí… un desliz que sólo había podido robar unos minutos de la vida de la persona que más quería, a pesar de no conocerla. Mis sueños infantiles del reencuentro, en el que yo imaginaba que algún rasgo peculiar, me hiciese reconocible, se vinieron abajo. Me tragué las lágrimas, en mi caso, eso que se dice tanto de la llamada de la sangre, no funcionó.

Cuando Ana me abrió la puerta y me preguntó que deseaba tuve que frenarme para no lanzarme a sus brazos y gritarla: ¡Quiero abrazarte mamá, quiero besarte y no separarme de tu lado! Ahora sabía que aquello no podría ser jamás. Mi vida y la suya se habían separado la madrugada del 12 de septiembre de 1981, en el mismo momento que desperté a la vida.

FIN

NOTA:  Clickeando sobre la foto se accede a un vídeo musical.

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8 comentarios to “UNOS MINUTOS NADA MÁS”

  1. Miren, que estoy sensiblona, mujer, ¡esto noooo se hace! Qué emotivo, qué triste… Y, desgraciadamente, ¡qué real y habitual!
    Me ha gustado mucho tu relato.
    Bezasos enormes.

  2. Miren, querida… ayy… que casi me brotan las lágrimas (ya sabes como soy)
    =(

    Concuerdo con Linda, la realidad a veces, supera a la ficción 😥

    Muy emotivo.

    Abrazo fuerte!

  3. Yo sé de un caso real…y no entiendo como ella la chica no le dijo: mama yo soy quien abandonaste! no quiero nada solo conocer quien me parió y me abandonó por un desliz…me parece muy fuerte y muy real…aunque siempre esta la otra versión!

    Me gusto

  4. Muchísimas gracias a las tres.

    Linda tengo el don de la oportunidad, lamento haberte pillado bajilla de moral.

    Omsi, prometo que el próximo será más alegre y menos emotivo, para compensar.

    Merit, muchas gracias por tu comentario. Si es muy fuerte y muy real, yo también conozco algún caso. No sé hasta que punto decir la verdad en algunos casos puede ser bueno. Todo depende de cómo se haya desarrollado la vida de esa mujer que renunció a su maternidad. Hay veces que hablar puede significar romper una familia y hacer más daño que beneficio.

    Besos a las tres

  5. Muy emotivo,me ha encantado,La narración muy fluida ,un gran relato.

  6. Muchas gracias Salvador.

  7. Triste en verdad y emotivo, además de excelentemente escrito.
    Quedaron ambas en paz, la una por no deshacer una familia y la otra…por no haber elegido el aborto como solución.
    Mañana, bueno hoy, lunes y yo a la cama pensando en tu relato ¡jo!

  8. Gracias Pedro.

    Besazos

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