PASIÓN GOLOSA, SOLO PARA TURISTAS

Dos grandes serpientes dominan el escudo de piedra en la fachada. A él le parece curioso incluso cree haberlo visto antes en una ermita. Entonces ella, en lugar de entrar y enseñarle el caserío, le invita a pasear por el entorno y explicarle la leyenda de la dulce boa.
Como otras historias transmitidas en la aldea, cargadas de supercherías, morbo y hasta anécdotas simpáticas para no espantar a los turistas, ella le cuenta que aquellos reptiles eran el símbolo que allí preservaba la tradición en todos los aspectos. Desde la gastronomía de los fogones hasta la única música folklórica que se escuchaba entre aquellos montes, cualquiera que intentara gozar de esa privilegiada tierra tenía que ser persona merecedora de sus bienes. “La sensualidad de sus hombres y mujeres, el aire limpio y fresco que circulaba entre los montes, el frescor de la sombra de los robles o el mullido musgo donde sentarse…” eran algunos de los atributos a perseverar según los mayores.

-Sí, rancia tradición-reconoce él mientras le abarca con sus brazos y ya le invita a traspasar aquel umbral donde perpetuar su idilio de fin de semana.

Pasadas unas horas él nota como ella se levanta… y se queda postrado, sus largas piernas estiradas,

los brazos en cruz, pletórico y feliz sobre el lecho. Así pretende quedarse hasta que le llegue el aroma del café y el tiramisú prometido.

-Mmmm ¡Qué rico! –se lo empieza a imaginar. Y, con este último pensamiento entra de nuevo en esa duermevela apacible, la del domingo, sin prisas, sin horario…Poco a poco empieza a identificar un ligero roce, una acaricia suave y fría que nace alrededor de uno de sus tobillos, que crece en giros por la pierna, llega muy lenta a la ingle y retrocede al punto inicial. Le parece una textura nueva la que le eriza, le despierta los poros, como si de una gelatina fresca se tratara. Confía en que le espera una gran sorpresa. No se equivocará.

Ella también desea una mañana especial desde la habitación contigua, la cocina. Se afana en decorar las delicadas estrías de chocolate, cuida los preparativos; ha notado demasiado ímpetu en sus últimos actos y quiere remediar esos arranques que empieza a creer que rayan en la violencia y que aunque a ella le gustan, y a él al parecer también, no quiere que vuelvan a marcar su siguiente relación. Respira hondo y saborea la imagen que ha dejado hace un instante, en su nueva cama, la de su nuevo amante.

El postrado vuelve a sentir cómo crece su valentía, de nuevo el vigor por dejarse hacer sin límite por una apuesta desconocida, hasta que nota un impacto seco. Abre los ojos sin tiempo de ver; sólo le asalta una imagen que cree rescatar de la memoria, un hombre de órganos desaparecidos, de cuencas vacías en la cara y estrechos jirones de piel por piernas. No atina a decir si lo vio en un fresco de arte románico o en la sección de Sucesos de un mustio periódico.

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4 comentarios to “PASIÓN GOLOSA, SOLO PARA TURISTAS”

  1. Uhmmmmm ¿sólo para turistas? jejejejeje. Magnífico relato Sole, empieza con aire de leyenda campesina, para terminar en una “golosa” e inquietante historia.

    ¡Enhorabuena guapaaaaa!!!!

    Besazos

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