CUANDO YA NADA ES IGUAL

(Un día cualquiera…)

-¿Sabéis de qué ha muerto Ka?- Preguntó el joven de cara afilada mientras se unía a aquel corrillo que se formaba cada tarde en la plaza. Y, pasando un cigarrillo de la risa al tipo que estaba sentado a su lado en el destartalado respaldo del banco de siempre- ése de la cita diaria: ya fuese verano o invierno, hiciese calor o frío, fuese festivo o no-, Pucho conseguía sentirse bien porque era uno más dentro de aquel homogéneo grupo.

-Igual se pilló alguna enfermedad chunga de esas. Últimamente no paraba por ningún garito… ¡Ni puta idea, tío!- Contestó con desgana el muchacho de visera negra que comía pipas sin levantar la mirada de aquel pavimento que, seguramente,  le resultaba más familiar que el de su propia casa.

-Pues a mí me contó su vieja que no murió a causa de ninguna penosa enfermedad. Que se fue por pisar demasiado a fondo el acelerador de la vida, o algo así…Es que esto último, no lo entendí demasiado bien, la verdad…- Dijo en tono serio uno de los jóvenes que no paraba de rascarse todo el cuerpo.

-Jua, jua… Eres un cachondo mental, Pirri. ¿Es que hay enfermedades que no sean penosas? Porque te recuerdo que hasta una mierda de apendicitis, como la que yo tuve, jode bastante, ¿eh?; así que, cuando pilles alguna enfermedad que, en vez de pena, dé alegría, me la pasas, ¿ok?- Replicó un Nano que, repartiendo su tiempo libre entre el gimnasio y el banco a partes  desiguales, cada día se asemejaba más a un armario ropero de cuatro puertas.

-Joder, me refiero a que no debió de ser por ninguna de esas historias que te van apagando poco a poco, ¿me explico? Y ya os digo, a mí la madre del Ka me dijo simplemente que aquello fue un accidente y que se fue haciendo lo que más le gustaba… Y no penséis que haciendo cosas con la Pili, ¡que os conozco, tíos!…je, je.-
Replicó el “Pirri” que, como siempre, hacía inútiles esfuerzos por hacerse entender.

– Anda, dale un par de caladas al cigarrito de la risa, que ése sí que se va a apagar poco a poco como sigas diciendo tantas chorradas, colega. ¿Te has metido algo antes, chaval? ¡Es que yo me parto con el Pirri y sus idas de olla, tronkos!- Nano tenía predilección por ridiculizar siempre que podía a su camarada y lo hacía, fundamentalmente, porque sabía que éste era incapaz de afear su conducta delante del grupo. Bueno, realmente, al “Jefe” nadie lo acallaba; lo que él decía iba a misa.

-Pues yo, ¡qué queréis que os diga!, pensaba que no iba de fiesta porque la Pili le tenía bien agarrado por los huevos y no le dejaba desfasar con nosotros…Uhmm, pero va a ser que no era eso…- Explicó el que tenía aspecto de ser el benjamín del grupo y el que, por otra parte, se empleaba más a fondo con su porro mientras jugueteaba pateando la lata que acabada de consumir.

-¡Pero, qué dices, tío! Hacía tiempo que Ka no era el mismo, pero no era por las paranoias de la tipa ésa…¡ Joder, que tú tampoco te enteras de nada y no es excusa que seas el enano, colega! Con un crío recién nacido el jambo tenía otras cosas en la cabeza…¡Ya está! Prefería gastarse la pasta maqueando su carro en vez ir al “Glú-Kosa” de juerga con nosotros. ¿Y?… – Dijo otro de los jóvenes que, por sus palabras, parecía ser el que mejor conocía el día a día de Carlos- Ka, para todos-, para continuar con un: – Joder, que os digo que aunque ya no era el de antes, de vez en cuando se perdía por ahí cuando estaba chungo y le rayaban las obligaciones… Esa noche había tenido una bronca de puta madre con la Pili por la pasta que se había gastado en las taloneras nuevas de su carro. Salió caliente de casa, iba todo follado por el polígono, se le fue la pinza y…¡A tomar por culo!-

– El Ka se ha ido de este puto mundo porque ha vivido como le ha salido de la polla y ¡¡olé por sus cojones!! Lo que más le molaba era correr, ¿ o es que no os acordáis de que el pavo nos daba p´al pelo a todos cuando echábamos carrerillas? ¡¡Pues ya está!! Se ha muerto a toda hostia… Llegando el primero, como siempre lo hacía, como a él le gustaba…- Sentenció otro joven que permanecía en pie y que, instantes antes de quitarse los auriculares, movía compulsivamente la cabeza de adelante hacia atrás.

-Venga tíos, hoy vamos a recordar a Ka como se merece, ¿estamos? A las 11 os quiero a todos en el polígono para quemar rueda, ¿sí? Llevaré cositas ricas, ricas. Nos vemos allá, tronkos.- Dijo Nano alzando la voz e hinchándose como un pavo real al ver cómo una rubia recauchutada miraba sus bíceps con ojos pedigüeños. Y todos asintieron. Y nadie añadió nada más porque“el Jefe”siempre tenía la última palabra e inmediatamente el grupo se dispersó y la plaza se quedó vacia.

(Tiempo después…)

Todo estaba irreconocible. No quedaba ni rastro de los destartalados bancos. Tampoco había cáscaras de pipas esparcidas por el suelo, ni latas vacías. Ahora había asientos de diseño, nuevas farolas, más árboles, el pavimento era otro y, lo más sorprendente de todo –o, tal vez no-, era que el paso de los años, había traído a aquel lugar a personas totalmente distintas.

-Pirri, tío, ¿qué habrá sido del Nano? Mira que me acuerdo de él… Desde que le trasladaron a Toledo no se ha vuelto a saber nada más, ¿verdad?- Preguntó uno de aquellos jóvenes mientras apuraba un tercio de cerveza cómodamente sentado en la terraza de uno de los bares de la renovada plaza.

-Según tengo entendido está muy bajo de ánimo y  físicamente no ha mejorado desde aquello. La Pili le dejó porque decía que ella no había nacido para ser la enfermera de nadie. ¡Joder, qué desagradecida!… Con lo bien que le vino que el Nano se hiciera cargo de ella y del crío al poco de pasar lo del Ka.- Añadió aquel tipo que tiempo atrás lo ensuciaba todo y ahora inclinaba el lomo para recoger la bolsa de patatas fritas que su hijo había cogido de la mesa y había tirado al suelo sin más contemplaciones.

-¡Qué putada! Sí…-Suspiró un Pucho al que el paso del tiempo había redondeado la cara y también la barriga.

– Ka fue el primero en todo y se fue haciendo lo que quiso; sin sufrir ni ver cómo se deterioraba. Nunca le preocupó la muerte, le gustaba vivir al límite, pero el Nano…Uff, si el tío se va apagando poco a poco, y encima se ve solo, estará jodido, pero jodido de verdad…-
Contestó un Pirri que ya no tenía ni los picores ni los tics de antaño y al que, ahora sí, todos entendieron a la primera.

Ya nada era igual; nadie era igual, pero la vida continuaba para algunos…Sólo para algunos.

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Felice Leonardo Buscaglia (1924-1998), escritor estadounidense.

“A mí no me preocupa la muerte porque estoy demasiado ocupado viviendo”

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7 comentarios to “CUANDO YA NADA ES IGUAL”

  1. Todo pasa y nada queda. No sé quien dijo alguna vez que nada es para siempre. El tiempo pasa, o somos nosotros los que realmente vamos pasando y el tiempo es el inmutable, el caso, es que nunca nada es igual aunque lo parezca:

    “Todo pasa y todo queda
    pero lo nuestro es pasar,
    pasar haciendo caminos.
    caminos sobre el mar”

    ¡MUY BUENO!!!! Gracias Linda.

    Besazos

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