Mariposa azul

Todo tiene solución, excepto la muerte.

¿Hace cuánto tiempo que no me sentía así? La pena me embarga y no hay mucho qué hacer. Ayer murió mi mejor amiga.

No tengo palabras para describir lo que siento por dentro. Es como si hubieran arrancado un pedazo de mi corazón. Me siento roto, vacío. Quiero gritar, llorar, destrozar todo lo que tengo a mi alcance, pero no puedo. Le exijo al Padre Eterno razones para haberse llevado a mi inseparable compañera, sé que de momento no me las dará; así son las cosas. Un nudo en la garganta me asfixia, y un dolor en el pecho no me deja respirar. Estoy despierto desde que sonó el móvil para avisarme de la triste, que digo triste, impactante y aterradora noticia. Sigo incrédulo ante la idea de no volverla a ver. Respira, Ricardo, respira.

Su sonrisa era tan bella, y a pesar de no ser una Miss Universo, a mis ojos era la más hermosa de todas las mujeres que he conocido. Mi cabeza da vueltas y vueltas, no dejo de preguntar el por qué se fue tan rápido. Un resbalón en la ducha y un golpe fatal en la cabeza fue su trágico final.

– Ricardo ¿estás bien? – regresé de mi letargo al escuchar a su madre, que al igual que yo, se encontraba desconsolada. Las ojeras enmarcaban su rostro, creo que envejeció diez años cuando menos desde la última vez que la vi.
– Si, señora…
– Te puedo decir algo, muchacho. – me dijo como para reconfortarme. Llora, desahógate.

Le sonreí, o al menos eso creí, la acerqué a mí y le besé la frente, al mismo tiempo que la estrechaba en mis brazos. En ese preciso momento, lágrimas brotaron de mis ojos y ella me abrazó con más fuerza y se unió a mi dolor.

Sollozos al por mayor se escuchan en este cementerio lleno de muerte.

Hoy que dejo esta rosa blanca en su ataúd, me doy cuenta de que desde hace mucho tiempo me enamoré de ella y nunca se lo dije. Probablemente ella lo supo, pero mi timidez y el respeto a su persona no me permitieron decirlo, demasiado tarde para arrepentirse. Puñados de tierra caen sobre su féretro, simultáneamente se me cae el mundo a pedazos sin poder controlar el llanto. ¿Qué voy a hacer sin ella? Todo tiene solución, excepto la muerte.

Este no es un adiós, hermosa mujer; tampoco es una despedida. Es un hasta pronto, buen viaje, algún día nos veremos otra vez y estaremos juntos toda la eternidad.

Un viento suave llega a nosotros, y nos envuelve el olor a flores; una mariposa azul se posa en mi hombro, giro un poco la cabeza y la miro de reojo por un instante. Ella emprende su vuelo nuevamente, se eleva alto, llega hasta donde debe de estar. El paraíso.


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7 comentarios to “Mariposa azul”

  1. Triste Omsi, muy triste… pero de tristeza se han llenado páginas y páginas de excelentes libros.

    ¡Enhorabuena guapa!

    Besos

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