CAFÉ CON MIEDO EXPRÉS


          Sonia llega al aparcamiento y comprueba con fastidio que, las luces  fundidas del día anterior no habían  sido repuestas  y las de emergencia vuelven a brillar por su ausencia. Por eso a ella  no le es posible  distinguir al vecino que se acerca y que presiente que es el del segundo piso porque es el único que madruga  en el portal.

¿Carlos?  ¿Carlos?  ¿Qué pasa? ¡Dime algo!– grita ya con verdadera  angustia mientras sujeta a su hijo.

Carlos, muy despacio, logra avanzar y llegar  a su lado pero junto a ella cae  desplomado. La joven madre sorprendida comprueba que está malherido y empapado, que la sangre le fluye por el pecho. En un acto reflejo tira  de su pañoleta y se la introduce a él bajo la camisa.  Después  oye un ruido sordo y  siente una mano  pequeñita que se  apoya en su hombro. No  le da tiempo a volverse y  despedirse de su hijo.

Al día siguiente,  la prensa recogió el asesinato a tiros de un hombre  y una mujer de cincuenta y veinticinco años de edad respectivamente. Ocurrió en presencia del hijo pequeño de ella y al parecer por un ajuste de cuentas. Cuando la policía llegó al lugar de los hechos,  el niño en profundo estado de shock, permanecía pegado al cuerpo de la madre y a su muñeco.

Éxito en Torre Espacio

En la actualidad, Fabián y Andrés son dos jóvenes de veintisiete y veintiséis  años, recién empleados en las modernas oficinas que la firma Classcolor tiene   en el piso 49 de uno de los rascacielos de las Cuatro  Torres  Business Área. Aún se emocionan cuando acuden por las mañanas a este complejo empresarial, el de los edificios más altos de Madrid y de España, en la Avenida de la Castellana. Sin embargo, hay algo que a los dos les trastoca las vísceras cuando descienden de esas alturas sin más compañía que la de sus propios pasos.

Como cualquier madrileño o turista,  ya se habían sentido impresionados  al estar, a pie de calle, ante los cuatro colosos de entre 223 y  250 metros de altura. Pero llegaron a temblar   de alegría   cuando: subieron en el ascensor; pisaron sus despachos; y una preciosa azafata les contó las peculiaridades de Torre Espacio, el rascacielos que a ellos les haría rozar la cumbre del éxito mucho antes de lo que hubieran podido soñar.

Según dicen,  la curva característica de esta fachada está    definida por     la  función y = cos(x) que es la que ha permitido que cada planta  sea diferente a las demás -le contaba emocionado Fabián a su padre el día que le anunció “acompáñame que tengo una sorpresa que darte”.

Todo es espectacular, muy grandioso hijo, pero has pensado ¿si alguna vez…?

Claro y no quiero arriesgarme-contestó su padre- No tengo necesidad de bajar al infierno y si lo hago, procuraré ir acompañado. No te preocupes-añadió.

Por su parte, Andrés también llevó a sus padres y hermanos a enseñarles de cerca el nuevo complejo arquitectónico, las dependencias de su  empresa y el ambiente agradable que respiran los que se creen ganadores muy por encima del resto de los mortales.

Aquellos dos tíos que lograron infiltrarse en las obras y grabaron cómo se lanzaban en paracaídas lo hicieron desde ese otro rascacielos, la Torre de Cristal, a casi doscientos cincuenta metros. No les pillaron. Yo alucino sólo con  mirar. No me imaginaba la sensación de altura así. ¡Qué suerte tienes Andrés!– exclamó Daniel, su hermano.

Pues ya sabéis chicos– dijo el padre dirigiéndose a la mesa para empezar a comer-. A ver si estudiáis más para poder ganar mucho dinero y la próxima vez nos invitáis a comer en el rascacielos de Dubait, el del jeque árabe.

Se llama El Burj Dubai y está  construido   sobre una isla artificial. Mide   más de ochocientos quince metros. ¿Qué os creéis? ¿Qué yo no me he informado?– añadió la madre dispuesta a que en aquel restaurante de las alturas y ante tanta gente elegante,   quedara  claro que el joven vestido de Armani y que hoy les invitaba por primera vez a comer era su primogénito.

El equipo femenino de la empresa  tampoco tuvo reparos  en manifestar su alegría ante el fichaje de los dos nuevos  compañeros. Enseguida corrió la voz sobre  la savia nueva  acorde con el diseño e imagen de  la firma en la delegación española. Sólo un pequeño porcentaje se mantuvo receloso respecto a los nuevos contratados, dando a entender que, esperarían agazapados a que cometieran las primeras novatadas.

Sin embargo, tanto Andrés como Fabián, aunque estaban contentos,  presentían que tenían algo más en común que sus brillantes títulos, sus dotes empresariales, su dependencia al gimnasio “y el aspecto de no haber roto nunca un plato”. Los dos  eran conscientes que  soportaban a duras penas una lacra secreta, algo que a ambos les preocupaba “por el qué dirán” y que de manera extraña les unía, les  separaba del resto de compañeros y que  incluso  a veces  ya había provocado ciertos malentendidos.

Habitualmente compartían el momento de saborear el café, que Fabián llevaba siempre en un termo y,  se reunían para dirigir y repartir el trabajo en equipo con otros compañeros. Cruzaban apenas  unas palabras de cortesía por los pasillos si más tarde se encontraban y… lo que a todos y a ellos mismos les extrañaba,   se esperan a la hora de salir para bajar juntos en el ascensor del rascacielos hasta el monstruoso aparcamiento de cuatro plantas.  En ese pequeño espacio de tiempo hablan de asuntos banales  hasta que arrancaban cada uno su Audi sport de empresa.  Allí   se despedían  hasta el día siguiente o se deseaban  un buen fin de semana.

Hoy la rutina del  final de la jornada laboral se ha roto. Fabián ha recibido  la llamada de su padre en el último momento, cuando se disponía a cerrar la puerta del despacho.

-“¡Apenas queda  café! –le indicó su padre.

Ya ves, ¡qué problema!

Lo digo por tu exquisito paladar.

“De acuerdo, pasaré por la degustación” y cogió su maletín para salir  a zancadas por el pasillo hasta comprobar que su compañero no estaba ya en su despacho.  Se fue hacia el ascensor y empezó a sudar. Cuando descendió los cuarenta y tres   pisos notó de nuevo que el pánico le podía vencer.  Vio que  sólo estaba encendida la luz de emergencia y entonces volvió a notar  los mismos calambres, el sudor frío y no sólo esa sensación de ahogo que le oprimía siempre el  pecho cuando se encontraba solo con su recuerdos. Hoy era incluso peor, acababan de confirmarle una triste sospecha, la que le asaltó tras  hallar un paquete blanco  demasiado tiempo macerado en un peluche.

A los pocos segundos de estar  paralizado en la casi completa oscuridad oyó un leve chisteo y un pequeño gemido. Divisó un reflejo en la cristalera y se volvió con aprensión hacia la izquierda. Allí estaba agazapado su amigo aunque no estaba seguro si era él. “Ven, por favor” le imploró la voz. Y él le contestó casi entre sollozos  que  no podía, que lo sentía mucho.  Entonces los dos jóvenes temblando, vulnerables,  comprobaron ya cómo volvía la luz. Trataron de recomponerse como si no hubiera ocurrido nada y  a pasos rápidos se largaron en sus coches sin decir palabra.

Al cabo de un par de horas Andrés, ya repuesto del ataque  de pánico sufrido, se acercó a casa de Fabián. Sólo estaba su padre, Francisco Valbuena,  que muy solícito, le invitó a esperarle mientras preparaba una cafetera.

Así Andrés, mientras oía a Francisco trajinar en la cocina repasó mentalmente la escena previa a aquella violación origen de su trauma y  la pesadilla tantas veces repetida, en aquel subterráneo, un sábado por la tarde, cuando se le acercó su chica dando saltos y moviendo su larga melena.

     -He tardado poco ¿verdad?

     -No te preocupes, tonta, le susurró con ternura. Un día de éstos podré hacerte  plenamente feliz. Te  diré lo que deseas escuchar.

      -¿Sí? ¿De verdad? Déjame que te quite el frío que has cogido esperándome, en este oscuro aparcamiento.-y no llegó a decirme más.

 “Sin pensarlo dos veces saltó a horcajadas sobre mí, me enredó el pelo y me miró fijamente a los ojos” comenzó a relatar a Francisco. “Ella debió verlos muy  lejanos y sorprendidos. Por eso de inmediato volvió su cabeza y pude besar su melena por última vez. Sin duda había intuido  que se avecinaba el  desastre  sin que yo  fuera  hacer nada por ella ni por mí. Ya en alguna ocasión  me ha confesado que aquello lo superó y, aparca habitualmente en el parking del centro comercial donde ahora trabaja”.

 “Pero yo, además de perderla  a ella, no he podido  salir con ninguna otra chica más o menos en serio. Y, por si fuera poco… bueno, creo que a lo mejor le ha contado algo su hijo hoy,  tampoco me he librado del pánico en el aparcamiento subterráneo… Presiento que a mi compañero   le pasa algo parecido ¿no?”

Francisco tragó saliva tras escuchar la confesión. Pensativo y con  rasgos visibles de preocupación  en su rostro contestó “hace ya un buen rato que le espero, suele venir a la misma hora.  Pero… ¿Qué es lo que hoy ha pasado? –preguntó intrigado.

Bueno, si no se lo ha contado, casi preferiría hablarlo ahora cuando llegue él.  Disculpe si le he molestado pero… de pronto he sentido la necesidad de desahogarme con usted. No pretendía preocuparle. Es curioso pero… créame, esta historia  no la conoce ni mi familia.

Ya, comprendo. ¿Denunciasteis los hechos?

No. Llegué a acompañarle a la comisaría…a urgencias…  Aunque yo… ni siquiera fui capaz de dar mi  triste opinión. Me sentí como un muñeco de trapo apaleado, sin voluntad, vacío, sin sentimientos. Ahora pienso que si lo la hubiera ayudado,  si por lo menos hubiera sido capaz de reaccionar,  ahora me sentiría menos cobarde.

Durante unos segundos Andrés y Francisco permanecieron en silencio. Después el de mayor edad se levantó, cambió la televisión  por una sintonía de música clásica. Así empezó a relatar, de forma pausada, cómo en una madrugada, beodo, con la bufanda aún colgada de su equipo de fútbol,  recibió la llamada que cambió de un plumazo su vida.

Mi mujer había muerto, asesinada, y mi hijo estaba en estado de shock, sin llorar, sin decir palabra, y yo allí como un hincha decrépito después de una juerga a cuatrocientos kilómetros. Les había dejado solos para acudir a un partido de  liga. Cuando logré rehacerme un poco, doce horas más tarde, vi a mi hijo con la mirada absorta y la boca sellada. Durante mucho tiempo no soltó ninguna lágrima, no quiso comer y le costó hasta abrir la boca.

Llegado a ese punto, Francisco  volvió a tragar saliva y emitió un largo suspiro  como si él también necesitara volver a relatar lo ocurrido a su pequeño Fabián cuando con  tres añitos perdió a su madre.

Ella había intentado auxiliar a un vecino, al mismo amigo que le saludaba todas las mañanas y le regaló aquel muñeco- y señaló con su índice un hueco,  vacío sobre el mueble. Entonces, por primera vez desde que enviudó, el pánico se adueñó de él. Había desaparecido  el  peluche desvencijado que había asomado sobre el mueble todos aquellos años. “Mi hijo estuvo dos años sin hablar y muchos otros en tratamiento. Después mejoró y ha sido un chico  de brillantes calificaciones en sus estudios  como tú, tengo entendido. Todavía siente cómo se le agarrotan los músculos en un aparcamiento. No ha logrado superar el trauma y yo, como puedes ver,  tampoco”.

Las últimas palabras del relato de Francisco fueron escuchadas por Fabián que en esos momentos entraba sonriente a su casa. Se agachó sobre su padre y le dio un tierno abrazo. Entonces el invitado recordó que había una cafetera puesta al fuego.

No te molestes, Francisco”  dijo Andrés mientras se levantaba voluntario para dejar solos a padre e hijo. “No es molestia” añadió el viudo que enjugó unas lágrimas y palmeó sus rodillas para incorporarse con falsa decisión. “Además hoy saborearemos un verdadero café  recién traído de  ¿Colombia?”

Sí, también, pero será el último-concluyó Fabián.

Dos policías alcanzaban la puerta. Portaban una orden de arresto dirigida a quien  presumiblemente había logrado esquivar un  ajuste de cuentas. Aquella bala mató a un buen hombre y  después, otra dos, impactaron contra la mujer que ni siquiera habría podido reconocer el rostro del sicario, de aquel que creyó cumplido su encargo.

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5 comentarios to “CAFÉ CON MIEDO EXPRÉS”

  1. Inquietante relato Sole, es cierto que los silencios pueden acarrear serios traumas. Y gente que se disfraza bajo otra apariencia y pueden vivir una vida que no les pertenece cubiertos por una mentira que ha causado males irreparables.

    ¡Enhorabuena, campeona!

    Besos

  2. Buen relato Sole ; Inicio sin explicación que, no obstante, provoca el interés en el lector para continuar interesado con su lectura.Buen final que, aunque intuída cierta relación entre los tres personajes, no deja de sorprender la naturaleza de la misma…Repito ¡estupendo relato!

    Besicos y un abrazo Soledad . ¡Ah! y “carpe diem” amiga…

    Babassss

  3. Uhmmm…Interesante relato.
    Lo voy a releer porque me he perdido un poco. Tengo la cabeza de viernes…je,je.
    Un gusto leerte de nuevo, querida.

    Besazos gordos, Sole.

  4. Sole! que gusto leerte, hermosaaaaaaa!

    Muy buen relato. Poco a poco me fui adentrando en la historia hasta quedar con la boca abierta. Uff…

    Besazos!! =)

  5. Disculpen mi ignorancia pero alguien podría explicarme esta excelente historia la e leído tres veces y no capto o mejor no entiendo el final

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