31 Días

Un mes, simplemente 31 días bastaron para cambiar mi visión de tantas cosas. En un solo mes mi pensamiento, mi percepción, mi alma, descubrieron un mundo hasta ahora ignorado, el del amor.
Por mi vida han pasado muchas novias, unas estuvieron dos meses, otras un año, la que más duró supongo que fue la que mas me quiso, cuatro largos años de convivencia, años de ilusiones rotas, de decepción y paciencia, de reproches al principio callados, con el tiempo envueltos en lágrimas y por último con rabia. Jamás comprendí sus quejas, por más que intentara entender qué hacía mal y remediarlo, no daba con la fórmula. No me quieres, decía, si me quisieras no serías tan insensible a mi dolor, tu no sabes lo que es querer. Y tenía razón, ahora lo se, el amor no era aquello que yo sentía, no es cariño mezclado con sexo, no es simplemente ir a vivir con una mujer que te gusta y te cae bien, es algo mucho más complejo, algo tan difícil de explicar…
Cuando por fin me dejó sentí alivio, un poco de pena por ella pero aliviado por mi, el último año había sido desastroso, oír sus llantos, ver su desgana en todo, esa falta de energía acompañada de dejadez hacia su persona, ya no era la mujer con la que yo quería convivir y hacer cosas. La dejé ir.
Apenas noté su ausencia, el trabajo, los amigos y mi acostumbrada desidia por las cosas de la casa me llevaban de un día a otro sin sobresalto alguno, quizá alguna noche, al notar su hueco vacío en la cama me hacían mover la cabeza en un gesto de “que grande para mi solo”.
El aburrimiento me llevó a buscar unas vacaciones diferentes, cansado de la rutina agencia de viajes-lugar exótico-cuanto mas lejos mejor, en una revista vi una imagen blanca, un pueblecito en el interior con casas encaladas, flores en los balcones y callejuelas de piedra que parecía anclado en el tiempo.
Llegué un mediodía de intenso calor tan cansado de conducir y tan sudoroso que tras una ducha rápida en la pequeña habitación del hotelito decidí posponer la inspección de tan pintoresco lugar a después de una merecida siesta.
Al anochecer di un paseo admirando aquella quietud y buscando un sitio para cenar. Entonces la vi, una chica morena entradita en carnes para mi gusto, de piel bronceada y mas bien feucha venía hacia a mi sonriendo. Mi instinto hizo que me diera la vuelta esperando que aquella sonrisa espléndida fuese dirigida a otra persona, pero no había nadie tras de mi, tierra trágame, he dado con una loca en busca de ligue. Mientras mi mente urdía estrategias para escabullirme de un posible acoso de la que yo presentía la chica menos agraciada del pueblo, mi cara esbozaba mi mejor sonrisa mecánica, ensayada tantas y tantas veces en mi trabajo de relaciones públicas.
No se como fue, qué dijo, qué pasó, pero cuando me di cuenta habían pasado cuatro horas, cena, sobremesa, paseo, charla y despedida con un “quizá volvamos a coincidir, este pueblo es muy pequeño”.
Aquella noche a solas me limité a un encogimiento de hombros al no encontrar explicación al hecho de haber pasado todo ese tiempo con una desconocida que ni me atraía ni tenía nada en común conmigo.
Dos días mas tarde la vi de lejos, sentada en un banco de la plaza leyendo absorta un libro que por el tamaño debía ser el Quijote. Sin pensar acabé sentado junto a ella manteniendo una charla sobre literatura rusa de la que yo no tenía ni idea ni conocimiento alguno y todo hay que decirlo, interés, pero su voz, sus gestos, sus ojos al mirarme, esa sonrisa dulce y llena de inocencia me cautivaban, hacían en su conjunto una mezcla explosiva para mi, la miraba deseoso de no perder ni un detalle de aquel compendio de cosas que me ponían los pelos de punta.
Día tras día la buscaba en aquellas calles, madrugaba con la esperanza de encontrarla temprano y pasar el mayor tiempo posible a su lado, quería saberlo todo de ella pero me daba miedo asustarla, suponía que si no contaba nada por propia iniciativa le molestaría mi curiosidad, al fin y al cabo ella no se había interesado nunca por mi vida, me parecía descortés hacerlo yo.
Fueron pasando las vacaciones entre paseos tranquilos, debates de todo tipo y anocheceres mágicos, me sentía en una mezcla extraña entre euforia y desasosiego que no podía explicar, mariposas en el estómago cuando la veía, sonrisa estúpida cuando me hablaba, pelo erizado si me rozaba, tristeza al despedirnos cada noche, sueños en los que me abrazaba y besaba con dulzura, urgencia por que llegara el amanecer para oler su pelo, ver sus ojos, deleitarme en su sonrisa.
Se acercaba el fin de mi verano, el desespero se apoderaba de mi, dejaría de verla, estaría lejos y mi vida volvería a estar vacía, a oscuras sin aquella luz que la bañaba teniéndola cerca.
Me estaba obsesionando, eso era, una simple obsesión tonta producto de la mezcla entre aburrimiento, días largos y el deseo inconsciente de compañía en un lugar demasiado tranquilo para mis costumbres. Se me pasaría en cuanto volviese a mi rutina habitual, no cabía duda.
La última noche pasó sin darme apenas cuenta, nervioso y aturdido me despedí de ella con un largo y apasionado beso que me salía del alma y me metí en el coche con urgencia, como si el tiempo apremiara y llegara tarde a alguna cita ineludible. Le había escrito mi número de teléfono en un pequeño papel un rato antes, deseando que me llamara y convencido de que cuando lo hiciera mi cabeza, mis tripas y mi corazón habrían vuelto a su estado natural.
De eso ha pasado mas de un año, un tiempo en el que no he pasado un solo día sin estar pendiente del teléfono, pensando en ella constantemente, soñando con aquél único beso, recreando su voz, buscando un perfume que me haga sentirla cerca, sintiendo las mariposas cada vez que creo verla a lo lejos.
Nunca llamó, intenté encontrarla, volví al pueblo, pregunté por ella en cada rincón, recorrí las mismas calles una y otra vez, nada, nos recordaban pero no sabían nada de ella, “lo siento señor” me decían una y otra vez con cara de pena al ver mi desespero.
Ahora se lo que es el amor, ya se de qué me hablan, por fin comprendo el porqué de los llantos, yo también me sorprendo llorando al recordarla cada noche.
Nunca le dije lo que sentía, perdí el tiempo intentando escapar, tal vez si le hubiese dicho aquél te quiero que ahora repito mil veces al día, tal vez mi vida no estaría llena de dolor, ese dolor que jamás entendí y que ahora se ha convertido en mi mas fiel compañero.

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6 comentarios to “31 Días”

  1. ¡Qué buen relato, Elo!

    Las barreras que a veces ponemos, tanto a la mente como al corazón, a menudo, acaban por caer. Como en este caso le ocurrió a tu protagonista: el amor cuando llega, llega.
    Relatas a la perfección un caso de “cazador cazado”, y para más inri, por quien jamás hubiese imaginado; con el añadido de quedarse “compuesto y sin novia”. Interesante historia.

    Sigue escribiendo, hermosa, que lo haces estupendamente.

    Lametorrosssssssssss.

  2. Es hasta lógico que una persona que se siente el centro del mundo, que cree además que se lo va a comer, termine así. No se puede jugar con los sentimientos sin pagar un precio.

    El amor es así de caprichoso, prende cuando y como quiere. Aunque el protagonista termine preso e la nostalgia, en cierta forma me gusta ese final. Nadie manda sobre los sentimientos por muy autosuficientes que nos creamos, y eso precisamente es lo que nos hace humanos.

    ¡Bravo Elo!

    Besos

  3. Elo, como siempre, estupendo.

    ¡Enhorabuena!

  4. Siempre me encantaron tus relatos Elo, y éste no iba a ser menos…

    En mi interpretación, la culpa de todo la tuvo un beso sí, ese beso apasionado por parte de él, que puso en guardia al comienzo de, quizás, una buena relación de amistad…

    No, no es tan fácil entender el amor,amigo. Y tú aún no lo has entendido, lo tuyo es frustación ante la pieza huida.

    Disfrázalo como quieras…si esto te consuela.

    Estupendo relato Elo, porfa sigue escribiendo.

    Lametorros múltiples amiga.

  5. La pagina de tu Blog se ha actualizado…

    [..]Articulo Indexado Correctamente en la Blogosfera de Sysmaya[..]…

  6. La verda que no hay como anhelarlo para sentirlo bien profundo!

    Ea Gutta apuntate otra medallita !

    babas guapa!

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