KuS KuS



-Hijo de puta! Desgraciado! Te odio! Vete a casa de tu putita a que te la chupe! Cabrón! No quiero volver a verte nunca,… jamás! Si te vuelvo a ver por aquí, haré que te rajen como a un jodido cerdo!-sus gritos resonaban en toda la calle, en pleno centro de Madrid, cuando todo el mundo estaba de rebajas de Enero.

Me había perseguido por las escaleras con una magnífica sartén de puro acero inoxidable, la mejor para los huevos fritos. Tras varios intentos de llamar al telefonillo sin respuesta sonó detrás de mí, al estrellarse contra el suelo, la cafetera express que le había regalado, pero; de todas los objetos que caían, de toda la ropa que ya había en el suelo, me apresuré a recoger junto a la entrada del estanco de  enfrente, las braguitas rosas causantes de que Hanne montara en cólera.

Las había dejado secando junto con mi ropa interior en el baño. Se suponía que Hanne no estaría de vuelta al menos en una semana,..quiso darme una sorpresa, pero dormido como un tronco no pude ver ni oír la botella de champán al caer, mientras le cambiaba la cara al ver con la puerta abierta las llamativas braguitas fucsia,… lo único que acerté a ver, ya en la calle, hasta que las metí en mi bolsillo de mi pijama.

No sentía el sartenazo que me había propinado, justo en la coronilla, delante de la anciana vecina del segundo, sólo notaba como me ardía la cara de pura vergüenza,-descalzo con los pies helados- sólo quise recoger lo imprescindible y largarme de allí…pero era todo lo que tenía…

-¡Cabrón de mierda! te van a abrir en canal, me oyes?Eres un cerdo y un hijo de puta! Vete con tu putita-no se si el diminutivo era porque las braguitas eran de la 36- y que te resuelva la vida ella, maricón!-rugía con su acento germánico,  mientras yo recogía unos pantalones aquí una camiseta allá, tratando de esquivar la lluvia de objetos y los punzantes improperios de mi leona danesa.

Mis fugaces miradas hacia arriba me revelaban su figura por encima de la baranda;  enmarcado en rizos dorados, resaltaba su busto bermellón  justo por encima de su blanquísimo e imponente escote.

Salí de allí justo a tiempo, porque al día siguiente pude ver lo que acontecería después en el canal local desde el cuarto de Mirella, mi nueva putita. La loca de Hanne se ensañó con los locales que vinieran a calmarla y fueron a llevársela detenida cuando descubrieron su pasaporte diplomático, teniendo entonces que dejarla libre.  Mientras,se veía en la ventana del saber, cómo  la gente cogía con gusto las caras ropas que me hube comprado con la pasta de Hanne.

Ya llevaba tres años viviendo en el hermoso dúplex de Hanne. Cuando nos conocimos, yo llevaba dos años viviendo como podía -repartiendo pizzas aquí, de camarero allá- tras terminar la carrera de derecho,…no me gustaba trabajar. Que mis padres me cerraran el grifo, me sentó fatal. Había cortado con ellos con una rabieta irremediable.

Nos presentaron en una disco de las afueras,…ella dejó que condujera su coche -debido a su ebriedad- hasta su casa, donde en dos semanas prácticamente ya estaba  instalado.  No me sorprendió que confiara tan pronto en mí, suelo causar esa impresión en la gente; al igual que tengo la cualidad de decepcionarlos brutalmente,…por eso -creí- no me dolían sus interjecciones, resbalaban sobre mi piel de lagarto curtida durante años.

Ella no paraba de viajar debido a sus dos trabajos; uno como diplomática adjunta de la embajada de Dinamarca en Madrid, y otro como una especie de chica para todo -aunque luego supe que tenía más poder del que decía en principio- dentro de una especie de Lobbie internacional.

Al principio no me extrañó -aunque en realidad nunca me importara lo que hiciera- su devoción por Pio Baroja, o las extrañas runas que tenía en las vitrinas…

Ahora era el momento,-pensé mientras veía la cara llena de venas insospechadas de Hanne a través del televisor- de proteger a Mirella, -posiblemente la primera vez que pensaba en alguien que no fuera yo- ella no tenía culpa de nada, y yo debía desaparecer en la gran urbe, cosa difícil cuando se carece de amigos de verdad,…

Sí; quería esconderme, pero no se por qué quería indagar más-no sólo para protegerme más eficazmente; también para vengarme de Hanne. La pobre solterona caurentona que confió en mí y tardó dos años en descubrir uno de los múltiples rollos que llevara a su apartamento de lujo. La pobre Hanne que desató mi furia retorcida y contenida,…al menos ella debió  darme una segunda oportunidad. Si salía airoso, podría vengarme de ella y resolverme la vida para siempre…

¿Cómo se atrevía a amenazarme? Sabía de lo que eran capaces sus amiguitos del Lobbie.

-Eso ha sido cosa nuestra-se le escapó una vez, con orgullo, mientras desayunábamos desnudos frente a la CNN, y las imágenes del cadáver de un líder africano.

Me instalé en el zulo de un colega de Móstoles,a quien no veía desde la carrera, donde se organizaban ilustres partidas de juegos en LAN.

Poco a poco el “Trasgu”-Miguel N.F. según su partida de nacimiento-fue implicándose más y más en mi investigación. Tenía datos, pocos, sobre las premisas que pudiera seguir el dichoso Lobbie. Inocencio III y los cátaros, templarios, esoterismo nazi, Bilderberg,…y algún retazo de información que diversos movimientos antisistema dejaban en la red.

No lo tenía claro, no había en principio nada concreto hacia su red de influencias ni sus acciones,…hasta que una noche tuve una pesadilla en la que, de  la papelera del salón del dúplex salía un humo que se consolidaba en forma de garra y me agarraba del cuello para meter mi cabeza en el fuego de su interior. Tras el sobresalto, el eureka que salió de mí  retumbó en las cuatro paredes del cuchitril en que me alojaba.

Yo y mi manía de dormir. Hanne y su manía de madrugar, …de tiempo en tiempo cuando ella ya había hecho sus cosas por la mañana y me esperaba con el desayuno preparado, solía oler a papel quemado…claro que, nunca me preocupé de la basura si ella estaba en casa. Sin más me solía soltar los domingos que debía marchar allí o allá…pero, mi memoria es terriblemente mala.

Sólo haciendo memoria a la placentera referencia de las chavalas que llevé a casa pude hacer un croquis temporal de sus viajes, y ella no me mentía a donde iba, eso seguro; yo siempre la llevaba al aeropuerto, no tenía nada mejor que hacer…

Ya tenía más pistas, y aquello empezaba a encajar de manera siniestra. Dos semanas después de cada uno de sus viajes ocurría algo. Lo que más me sorprendió fue que aparentemente no tenían conexión ideológica entre muchas de ellas.

¿Que tenía que ver la destrucción de un puesto de mando de las FARC, con el “corralito” a lo bestia de Brasil? ¿que tenían que ver los atentados en Bombay, con el robo de la corona de Inglaterra? ¿Y las desastrosas revueltas pro-Apartheid en Sudáfrica con el asesinato de Berlusconi?

Y lo más fuerte-aunque no me extrañó tanto tras intentar entender la extraña relación entre el Vaticano y el Ku Klux Klan-, el asesinato en Montreal del primer presidente de color de los Estados Unidos de América.

¿Y ahora qué?

Tenía que soltarle el bombazo a Trasgu para que lo difundiera como el viera conveniente por la red, pero no antes de preparar mi venganza particular que me llevaría, como en las películas de Hollywood, a disfrutar de una vida distendida y sin tener que trabajar.

Un buen día, me desperté sobresaltado por un estruendo increíble. Trasgu era de esas personas que, gracias a su torpeza, se mantenían en forma sólo de tener que agacharse a recoger las cosas que se le caían. Ésta vez, había tirado los platos y cubiertos de la cena de la noche anterior, y todo el kus kus que había sobrado. Fue cuando, tras contárselo todo, se puso a trabajar en la investigación.

-A mi me da,-dijo tras mis explicaciones y un par de horas tecleando en su máquina-que éstos son unos cabrones sin escrúpulos; ni nazis, ni ocultistas, ni nacionalistas ni nada,…lo que quieren es la pasta y punto, y se dedican a mimar éste u otro movimiento según les convenga…miran el mundo como alguien que se fuera a comer un plato de kus kus, ..y pensar que todo empezó con la cruzada albigense…con la iglesia hemos topado!

No fue difícil conseguir la ropa, y uno s¡ de esos aparatos que llevan los de las eléctricas, unos cuantos camellos malotes me debían favores. Lo difícil fue volver a mis andadas sin llamar demasiado la atención, y tras recuperar algo de color tomando el sol del verano en el retiro- ya que tras todo ese tiempo encerrado y comiendo basura precocinada parecía un zombi-,  ligarme a la cabo primero que vivía en el 36 de la Calle de las Infantas, y así poder vigilar a mi víctima.

En realidad fue más placentero de lo que me había imaginado, aquella obsesiva de los músculos me dejaba exhausto en menos que canta un gallo,… y cocinaba como mi abuela. Le había dicho que era escritor, y no puso pegas a que me instalase en el cuarto de la plancha para escribir en mi blog de altos vuelos, mi catapulta a la fama. Tampoco ponía objeciones cuando me pillaba fisgando por la ventana,…necesitaba personajes reales…claro que, y ella tenía razón, debía salir a la calle y conocer a esos personajes reales y creíbles.

-Tengo una gran capacidad de observación e imaginación-le decía, mientras le acariciaba su enorme cicatriz cerca del coxis, causada por múltiples operaciones tras una brutal paliza a manos de su ex-marido, de quien tuvo que alejarse, lejos de su querido Ferrol natal. Me dijo que había tardado casi cinco años en recuperarse casi del todo.

El tiempo fue trascurriendo y aunque por un lado me sentía cada vez más nervioso por la inmovilidad de Hanne, quien pasaba demasiado tiempo en casa, y apenas hacía ronda matinal alguna -en la que se suponía, debía recibir sus mensajes secretos, seguramente en algún apartado de correos,…como cuando traía los cruasanes de la pastelería para desayunar-,cada vez me sentía más cómodo en casa de Sonia. Mis relatos eran lo suficiente ingeniosos para convencerla de mi vocación, y cuando me daba por cocinar conseguía que se deleitase con mis locuras de contraste,…aunque sólo se hacer pasta…cocina de batalla del estudiante. Y sobre todo, ya no me chupaba tanto… la sangre… el chi que dirían los taoístas.

Un caluroso día de Agosto me llegó un e-mail de Trasgu, diciéndome que la clave y la posible interconexión de todas las locuras ideológicas que buscábamos podía residir en un extraño personaje llamado Matsumoto, dueño de la mayoría de la industria nuclear japonesa, y gran ideólogo capitalista, budista y supremacista racial. Me extrañó  no haber oído tal nombre  de boca de Hanne, parecía que había confiado tanto en  mí… Al parecer Trasgu consiguió relacionar a ambos en cada hotel que  Hanne se había alojado en sus viajes, y aunque curiosamente, el japo no ha publicado ningún libro, aparece en multitud de publicaciones científicas, esotéricas, nazis, sionistas, y de economía.

Varias semanas después, no sé cómo se enteró, Trasgu me comunicó que Matsumoto se disponía a viajar a China, lo cual me hizo intensificar la vigilancia. Dos días más tarde vi a Hanne volver a casa con una bolsa de bollos calientes y correspondencia… seguramente ese lunes saldría para… ¿China?… Tenía que asegurarme.

Aquella misma noche, tras una deliciosa ensalada de berros con aguacate, piña, tomate y gambas, y unos deliciosos mejillones al vapor, regados con dos botellas de ribeiro, Sonia me soltó que salía el martes para Rota ;aún quedaban zonas sin pacificar en Libia, y ésta vez le tocaba a ella acudir.

¿Como no me di cuenta antes, acaso estaba idiotizado del todo? Siempre, antes y después de cada acontecimiento magnicida había una revuelta que sofocar o atroces atentados en otra parte del mundo…y siempre caían algunos cascos azules… Aquella noche me volvió a pedir que se lo hiciera por detrás,…le gustaba… cuando terminamos, me dijo que me quería…fue cuando me di cuenta de que estaba enamorado de ella, no quería que fuese a la guerra , a aquella trampa. No quería que le pasase nada, no quería estar sólo.

-¿Pero bueno, tu eres gilipollas o qué? Sabías en lo que trabajo, ..además ¿como crees que puedo permitirme este piso? Es mi trabajo, es mi deber, no puedo salir ahora conque me duele la espalda- tuve que contárselo todo…

-Tú estás paranoico – me dijo, aún no le había contado lo que pensaba hacer.

-No se si echarte de casa a patadas o llamar a la policía… ¿Pero tú qué eres: un escritor de pacotilla, un puto ladrón, o sólo un jodido cabrón que además todavía necesita a su mamá que le doble los calzoncillos?-tuve que sacar mis sentimientos, llorar, pedir perdón, …y volver a sodomizarla para que esperase al Lunes a mediodía antes de tomar ninguna decisión, …cuando tuviésemos el botín cambiaría de idea.

La suerte estaba echada, si Hanne no salia pronto aquel Lunes todo se iría a la mierda.

A las ocho en punto, Hanne  salía del portal, la vi de espaldas, meneando su precioso trasero cuarentón embutido en una de sus carísimas faldas de protocolo camino del párking donde aparcábamos, …aparcaba, su suntuoso Mercedes que la llevaría hasta el aeropuerto.

Me puse el disfraz, tomé la bolsa de herramientas y el aparato de lectura de contadores. Llamé a la anciana del segundo, quien protestó por lo temprano que llegaba. Estaba lo suficientemente ciega para no reconocerme tras mis gafas de culo de vaso y mi bigote postizo, la voz la había ensayado durante meses…

La cerradura no fue problema, la única chaqueta que me tiró la muy nazi llevaba una de las dos copias que había hecho para cuando saliese de marcha, no la había cambiado.

Lo jodido fue abrir la dichosa caja fuerte, no quise hacer ruido y traté de abrirla con una mezcla de ignidores que, me garantizaron, se comerían cualquier metal como mantequilla…cuando me dí la vuelta para no mirar el fogonazo vi su mirada.

Aquella maldita cámara no estaba allí antes, joder!! Debía darme prisa, puse la “goma” lo más dentro posible entre la puerta y el armazón, me fui hasta la bañera para resguardarme, y activé los detonadores. ¡¡BOOM!!

Reventó, vaya si reventó,…

Al salir del baño no se veía casi nada, tropecé y caí al suelo…

En el hueco donde quedaba la caja, sin noticia alguna de puerta de acero, sobresalían papeles quemados  entremezclados en un amasijo de pequeñas piezas de oro semifundidas -entre las que se encontraban unas cuantas estrellas de David-, y cinco lingotes de como a kilo -luego supe que eran de 853 gramos- me sonreían desde el fondo de la caja.

Lo metí todo en la bolsa y salí pitando, en las escaleras tropecé con algo que parecía Robustiana, la vieja del segundo, no miré atrás.

Desde la casita de la playa con blanquísima arena y  aguas cristalinas vemos las noticias -Sonia quiso parabólica-, noticias de grandes mandatarios destituidos, empresas nacionalizadas, minas de diamantes embargadas por el FMI y la ONU… un nuevo desorden mundial…

Hanne; no espero que vengas, pero si vienes estaré esperándote, tengo una guardaespaldas,…y me ama.

Amargamente me despertaron con un jarro de agua fría, no sabía donde estaba, los ojos furiosos y a la vez sonrientes de Hanne me miraban desde arriba, su boca se torcía en una extraña y terrible mueca sádica.

Atado de pies y manos,  miré a mi alrededor; sobre una mesa de acero se adivinaba un cuerpo inmóvil, con los brazos colgando a cada lado, y una pierna la más cercana pendiente de rodilla para abajo de una fina tira de unos vaqueros ensangrentados.Bajo una masa informe y sanguinolenta pendía la inconfundible melena rizosa del Trasgu, hecha tiras y girones, de  su inconfundible camiseta sólo era reconocible la cabeza de la serpiente, que me miraba irónicamente con sus ojos rojos y fríos, sin pupila alguna.

El ruido de uns tacones me hizo girar la cabeza al otro lado…

…bueno chico, parece que tu amigo no era tan listo, -decía Sonia, la oía bien, pero tanto ella como Hanne se emborronaron tras unas lágrimas que no pude contener, …no sabía si de pena, de rabia o sólo de terror- no tardamos en cazar su señal y a toda su red, sus ordenadores se encargarán ahora de ayudarnos para nuestros propósitos, verdad Hanne?

– Mh! Y tú,  no te diste cuenta que yo debía de tener una guardaespaldas cerca?En fin; gracias por lo de mi piso, lo que supuestamente robaste va a hacer que el seguro me pague una buena suma…y podré cambiar los muebles gratis.

-Bueno,-volvió Sonia a hablar- Hanne me ha dado instrucciones precisas de como tratarte, …es cierto que me gustas, la verdad es que eres un cabrón adorable y me encantaba lo que me hacías, hasta es posible que me revientes el culo una vez más antes de que , ¿como decían en esa película que te gustaba tanto? A sí, practiquemos el medievo con tus pelotas, y tu cara, esta vez aunque quieras no te ayudarán ni tus padres, porque no creo que te reconozcan , y sin dedos, ..no hay huellas dactilares verdad? Y a ver como hablas sin lengua…-creo que ahí fue cuando me desmayé, nunca me he atrevido a mirarme en un espejo, la expresión de la cara de la gente que me ve es bastante explícita.

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9 comentarios to “KuS KuS”

  1. Imaginativo, trepidante, y tan visualizable como si estuvieses viendo una película.

    ¡Genial Tiri!

    Besos

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