VETE AL INFIERNO (by Francisco Miguel Espinosa)

– ¿Qué fecha debe ser en la Tierra?
– ¿Exactamente?
– Más o menos.
– Verano. Debe ser verano.
– Claro, verano.

En el Infierno siempre hacía calor. Daba igual la estación en la que se encontrase su Canadá natal, aquí siempre hacía calor. Lucas se abanicaba con una hoja de palmera reseca, que era lo único que había cerca para abanicarse, y Allie simplemente sudaba, pero incluso el sudor le daba un aire enigmático y sexy. Algo definitivamente sacado de Penthouse, o algo así. Allie tenía los labios esponjosos y rosados, la cara un poco llena de pecas y los ojos verdes. Lo malo de los ojos tan claros, es que muchas veces reflejan la luz que les da directamente, por lo que en ocasiones Allie parecía tener los ojos rojos. Y Lucas siempre le decía: “pareces un demonio”. Lo que en el infierno es una broma, porque los demonios son los últimos pringados que siempre hacen trabajos como tragar roca fundida o abanicar a Satán. Incluso recogen la caca de los animales condenados al Infierno y la acumulan en un estercolero cerca de la casa de Hitler.

Allie había invitado a Lucas a tomar algo al bar de Pérez Galdós, cuyos Episodios Nacionales, por pesados y aburridos, le valieron un pasaje directo al paraíso de fuego. Galdós estaba, como de costumbre, haciendo repaso de las botellas que le llegaban por la mañana del Centro de Bebidas Alcohólicas y Pecaminosas, y tenía a su lado un taco de hojas de papel arrugadas y manoseadas. En cuanto entraron, les dijo:

– Chicos, tengo un nuevo manuscrito preparado. Lo acabé esta mañana.
– ¿Es un Episodio Nacional?
– ¡Sí!
– Tú es que no escarmientas- dijo Allie, y pidió dos vasos de absenta roja, que era la única que vendían.

Sentados en la mesa del fondo, Lucas se fijó en el cartel nuevo de la pared. Un paisaje del polo norte con casquetes polares, osos blancos y el océano azul oscuro. Y en letras rojas ponía: PIENSA EN FRÍO. Galdós gritó desde el otro lado de la barra:

– Satán nos ha obligado a ponerlos en todos los comercios y por la calle, dice que es para que la gente no pase tanto calor.
– Seguro que funciona.
– Pues espera a ver lo que tiene preparado para Navidad…

Allie dio un trago de absenta que casi dejó el vaso vacío. Acto seguido miró a Lucas muy fijamente y dijo:

– Bueno, ¿qué opinas?
– No lo sé. Me parece un poco raro.
– ¡Vamos! Tenemos cita para dentro de una hora, hay que echarle narices al asunto.
– El viejo se va a mosquear.
– O estará encantado.
– Es algo que nunca se ha hecho antes en el infierno, no sabemos cómo reaccionarán los de arriba.

Allie asintió, acabó su bebida y pidió otra. Lucas ni siquiera había tocado la suya. Todo ese asunto le tenía nervioso desde el principio, desde que comenzó todo a principios del verano en la Tierra. Pero claro, era una oportunidad única, y realmente quería aprovecharla. Quizás incluso entrarían en los libros de Historia del Infierno, y los de arriba se cabrearían sin lugar a dudas. Y mosquear a los mojigatos del Cielo era el mayor entretenimiento en el Infierno.

Aún así…

Para cuando Lucas entró en el despacho de Satán, se dio cuenta de que ya no había vuelta atrás. Nunca había visto al viejo, pero había oído las historias, claro. Todo el Infierno era diseño suyo, y los castigos de los condenados también. Claro que en el Infierno había poco condenado, pues se trataba más bien de una recompensa para los malos. Nada que ver con lo que decía la Iglesia. El despacho de Satán daba directamente al lago de fuego y las montañas de ceniza parcialmente sólida, y las cortinas eran violetas. Satán se levantó de su escritorio y rezongó:

– Bueno, bueno, bueno, por fin os conozco mis querubines aterciopelados.

Y acto seguido les besó a cada uno en la mejilla con un sonoro: MUACK, MUACK. Allie agarró fuertemente la mano de Lucas, esperando para soltar la bomba que haría que Satán estallase en una ira incontrolada o que les premiase y accediese a ayudarles. Así que ambos aspiraron y dijeron a la vez:

– Príncipe de las Mentiras, queremos que nos case.

Y Satán abrió mucho los ojos y dio un salto en el aire, un grito más parecido al de Paris Hilton (a la que esperaban ansiosos) ante un bolso de Channel que al del Ángel Caído. Satán empezó a dar saltitos por la habitación meneando su rabo en forma de punta de flecha y haciendo aspavientos con las manos. Accionó el botón del intercomunicador (Banda Ancha para Pecadores) y dijo con una voz muy aguda:

– Luci, querido, ponte las botas de cuero porque nos vamos de booooooodorrio.

Estar en el Infierno era un paraíso.

Francisco Miguel Espinosa

http://www.paraiso4.com/

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6 comentarios to “VETE AL INFIERNO (by Francisco Miguel Espinosa)”

  1. Sorprendente, curioso, divertido y estupendo relato Fran. ¡Me ha encantado! Si es que en todas partes hay amor jajaja.

    Muchísimas gracias por compartir nuestro cumple con nosotros.

    Besos

  2. ¡Qué orignal, Fran! je,je. Me ha gustado mucho.
    Mil gracias por compartir tu savior faire con nosotros.
    Un brindis y besos.

  3. Frescura hasta en el infierno, muy bien Fran.

  4. Me has dejado perplejo!!! Nunca he leído un relato similar. Aparte de original, es divertido, rápido, curioso y cuando se acaba se siente en la boca el sabor a poco.
    Lo de Pérez Galdós y sus Episodios Nacionales es absolutamente hilarante.
    Gracias por este fresco relato que paso a compartir con mis amigos.

  5. ¡Divertidísimo! ya a nadie que quiera mal lo mandaré al infierno…pero colega ¿qué te ha hecho Galdós? ¡pobrecico! que culpa tiene él de que te lo hicieran tragar en el cole?
    Gracias por tu colaboración.
    Saludicos.

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