El Secreto de Jocotitlán

1. BIENVENIDA A CASA

La velocidad del Audi 3 color plata que manejaba Olivia, era lo que más le gustaba. Sentía su cabello alborotado, con todo ese viento entrando por la ventanilla de su automóvil a lo largo de todo su camino. Viró a la derecha para tomar la carretera rumbo a Jocotitlán. Se dirigía a la hacienda de sus abuelos. La abuela Gloria se encontraba enferma y Olivia no quería que “mamá Glo” se fuera sin haberse despedido de ella. Hacía tantos años que no los visitaba, que no recordaba muy bien el camino; pero ante su GPS, todo, incluyendo el pequeño “Joco”, era localizable.

– Ya casi llegamos. – le comentó a Gonzalo, su prometido.

Gonzalo la miró y le sonrió.

Sobre la carretera se observaba el cerro de Xocotépetl, lleno de árboles, como ya no se veían por la ciudad. El aire cien por ciento limpio, purificaba sus pulmones.

Nuevamente giró a la derecha y entro al pueblito que la vio nacer, pero la vio partir a muy temprana edad cuando sus padres se mudaron.

Las casas que se veían por el sendero, eran antiguas, de aproximadamente docientos cincuenta o trescientos años. A su camino no dejaban de ver el ganado, muchos borregos, algunos guajolotes, gallinas y caballos.

– Es una vista impactante. – le decía Gonzalo. – No había tenido oportunidad de sentir tanta paz y ver tan bonito paisaje como este, mi amor.
– Y eso apenas es el comienzo.

Sin duda, sería el comienzo, poco a poco la paz que sentía Gonzalo, desaparecería a lo largo de su estancia.

– Esta es la casa de mis abuelos. – comentó ella.

La hacienda de los abuelos era muy antigua, una construcción ejemplar, digna de un Rey. Y, claro que lo era. Se comentaba que en el pueblo habitaron tres Virreyes en la época de la Nueva España. Olivia, era descendiente directa de uno de ellos. La hacienda, se heredaba quedando en manos de los primogénitos. Su abuelo, Ernesto, la obtuvo, y seguramente con el tiempo, su padre sería el dueño de aquella casa.

– ¡Wow! – la cara de incredulidad de Gonzalo rayaba en lo cómico.
– Te dije que esto apenas comenzaba. – la que sonreía, era Olivia.

Bajaron del auto y se dirigieron al portón. Olivia tocó la puerta de madera y, a los pocos segundos, se escuchó un grito “Ya vooooooooy” momentos después, abrió la puerta el tío Eulalio.

– ¿Olivia? – dijo Eulalio algo sorprendido.
– Así es, tío. ¿Cómo está?
– Muy bien, princesita, que digo princesita, reina. Pero adelante, pásenle muchachos. Bienvenidos a casa. Me llamó tu mamá y me dijo que venían. Mamá Glo se encuentra bien dentro de lo que cabe. Le dará mucho gusto verte.
– Tío. Te presento a Gonzalo, mi prometido. Gonzalo, él es mi tío Eulalio.
– Tanto gusto, joven. – comentó el tío al momento que estrechaba la mano del joven.
– Un placer. – contesto cortésmente Gonzalo.

2. LEYENDAS

Caminaron por el jardín , donde se encontraban en bucólica estampa; un hermoso peral cargado de dulcísimas peras, tan dulces que se olían, y más allá una majestuosa calabacera coronada de sus frutos aún mínimos, y sus coloridas flores. Pasaron el pórtico y se adentraron por el pasillo principal que terminaba en la sala.

Rústica en su totalidad, la casa era un hermoso lugar.

– Pasen, siéntense. ¿Gustan algo de tomar? Preguntó Eulalio.
– No, tío, muchas gracias. Recién comimos y bebimos algo camino para acá.
– Bueno, voy a traer a mamá Glo; seguro que le dará mucho gusto verte.

Olivia tomó de la mano a Gonzalo mientras llegaba su abuela. “Mamá Glo” como todos llamaban a Doña Gloria, era una persona de cabello cano, un poco robusta, delicada de salud por cuestiones de la edad, pero lúcida al cien por ciento.

“Mijita, qué gusto” se escuchó a lo lejos una voz delicada. Olivia se levantó de su asiento y corrió a darle un abrazo y un beso, mientras la tomaba de la mano y caminaba nuevamente a la sala. Hicieron las presentaciones pertinentes y después de varios minutos de plática acerca de la salud de mamá Glo y recuerdos de la niñez de Olivia; salió a la conversación lo que la gente del pueblo contaba con respecto a extrañas cosas que sucedían.

– Dicen que aquí en la casa, espantan, pero yo no les creo nada- contaba mamá Glo. Tantos años que llevo viviendo aquí y nunca he visto cosas raras. Cuentos “nomás”. Doña Leonor, encontró Oro en su casa, cuando quitaron el pasto y pusieron piso. Pero a los pocos días, le dio una enfermedad y falleció. Pobre, Doña Leonor. Que Dios la tenga en Su Santa Gloria. También los hermanos Rodríguez encontraron centenarios en una olla cuando hicieron un trabajo de plomería con los Pérez. Pero ellos se lo gastaron todo en la “tomadera”, maldito vicio es el alcohol, mi niña. Son cosas que se dicen, pero la mera verdad, ni les hago caso. Bueno, mañana será otro día, estoy un poco cansada, pero ahorita les mando a Eulalio para que los acompañe al cuarto de huéspedes.

– No es necesario, mamá Glo, ya sé donde queda. Vamos a dar una vuelta por el centro. Volvemos en un rato.
– No te preocupes, mi niña, diviértete, te entrego la llave, ésta es tu casa.
– Gracias, abuela.

Las mujeres se volvieron a abrazar y los novios salieron a recorrer el centro de Joco ya avanzada la tarde.

3. PASEO NOCTURNO

Olivia y Gonzalo caminaron cuesta arriba, hacia donde se encontraba la Parroquia, construida en el siglo XIX, con una cruz en el atrio, y una pila bautismal labrada en piedra de una sola pieza.

– Me hace falta hacer un poco de ejercicio – dijo Gonzalo agitado.
– No eres el único, uff… – replicó Olivia algo cansada.

Pasaron un momento a tomar fotos de la capilla; salieron rápidamente y se dirigieron a la plaza central donde se encontraba la fuente. El concierto que emitía el agua que brotaba de ella, hacía que pobladores y uno que otro turista quedaran perplejos ante su belleza. Al compás de los chorros de agua, una melodía acompañaba tan singular espectáculo de agua y luces. Olivia tomó su celular y comenzó a grabar. Los novios se sentaron en las escaleras mirando a la gente correr y mojarse entre el “sube y baja” de la fuente.

La temperatura comenzó a descender, así que terminaba el recorrido, por ese día.

– Hora de irnos, amor. ¿Te está gustando Jocotitlán? –pregunto Olivia
– Mucho… Tendremos que venir más seguido.

Cuesta abajo, y en un tiempo menor, regresaron a la hacienda, agotados pero maravillados de aquella tranquilidad que, de momento, nada ni nadie rompía.

4. VOZ

Olivia y Gonzalo se dispusieron a dormir después del cansado viaje y el recorrido por el centro de su pueblo natal.

La habitación, acorde a toda la hacienda, estaba sencilla pero finamente decorada con cuadros antiguos, una farola que iluminaba tenuemente el espacio, una cama de madera cubierta con sábanas de seda; un edredón rojo daba el toque elegante que esa casa proyectaba desde las afueras; y sus respectivas mesas de noche que hacían juego con el lecho.

– Olivia… – comentó su prometido – ésta noche no duermes.
– ¡Jajaja! Shhh… nos pueden escuchar, cariño; pero trataré de no hacer mucho ruido y espero que esta cama no rechine demasiado.
– Esa es la actitud, mi amor.

Se despojaron de sus ropas, beso tras beso, comenzaron a comerse poco a poco, y a disfrutar del placer que se daban el uno al otro. Gemidos suaves se mezclaban con el rechinar de la cama. Minutos después, el cansancio venció a los jóvenes, y con un beso en los labios se desearon buenas noches.

– Olivia… Oliviaaaaaa…
– Mmmmhhh… tengo sueño, al rato me dices. Duerme, mi amor.
– Oliviaaaaaaa…
– ¿Gonzalo?
– Oliiiiviaaaaaa……

Un susurro, apenas audible hizo que la mujer se despertara por completo, descubriendo que Gonzalo dormía plácidamente. Se levantó de la cama y una luz color naranja se distinguía detrás de la ventana.

– ¡Gonzalo, despierta! Algo se está quemando allá afuera.

El hombre apenas alcanzó a contestar. “Seee”

Se calzó y se puso un abrigo, pues el frío era impresionante. Nuevamente algo o alguien pronunciaba su nombre.

– Oliviaaaa…

5. MIEDO

Salió al patio y sin parpadear observaba fijamente una llama naranja que iluminaba el centro del jardín.

– Aquí… – volvió a escuchar; y como poseída por una fuerza extraña, se acercó al nacimiento del fuego.

Detrás de ella, Gonzalo la siguió y miró con asombro aquella luz que surgía de las macetas.

– Olivia, ven acá. – le gritó, pero no obtuvo respuesta.

Olivia, como en trance, seguía escuchando la voz que le decía:

– Esto es para ti… es tuyooooo… te perteneceeeee….

Y, con los dedos y uñas, la mujer comenzó a escarbar y retirar la tierra que, al parecer, escondía algo que era para Olivia.

Gonzalo fue hasta ella y la jaló, pero la fortaleza de Olivia era tan grande que su prometido no pudo retirarla. De nuevo la jaló de la cintura, y por un instante alcanzó a ver que los ojos de su novia estaban en blanco. El miedo que recorrió el cuerpo de Gonzalo fue impactante, pero al mismo tiempo le dio la potencia necesaria para sacar del trance a Olivia con una fuerte sacudida.

La mujer cayó desmayada, y en ese momento llegó Eulalio a auxiliar a su sobrina; que segundos antes había visto la rara escena.

6. HUÍDA

Olivia abrió los ojos y su nariz aún ardía por el olor a alcohol que le acababan de dar a oler.

– ¿Qué pasó? – preguntó Olivia
– Te desmayaste – le contestó Gonzalo.
– Amor, vámonos. Ya recuerdo lo que pasó – respondió con voz impaciente y temerosa.
– En este momento.

Eulalio se atrevió a decir.

– Mi princesita, hace mucho tiempo, tu papá y yo, también vimos ese fuego en el jardín, pero sabíamos que, si tocábamos lo que fuera que hay en ese lugar, algo malo nos iba a pasar. Así que decidimos que eso se quedará escondido para siempre. Yo lo había olvidado, porque nunca lo volví a ver, hasta hace un rato.
– Es mejor que nos vayamos, tío. – terminó diciendo Olivia, aún ofuscada. Muchas gracias por su hospitalidad. Despídame de mamá Glo. Dígale que nos llamaron de emergencia y nos tuvimos que regresar. No le diga lo que pasó, no quiero que se sienta mal por mi culpa. Le llamo después, tío.
– Si, pequeña. Vayan con cuidado, y que tengan un buen viaje de regreso.

Eulalio salió de la habitación, y así como se encontraban, los novios tomaron sus pertenencias, Gonzalo abrazó a Olivia y salieron de la hacienda. Gonzalo sentía su cuerpo temblar, no sabía si lo que lo ocasionaba era el frío de la madrugada o el miedo que aún lo invadía.

– Yo manejo, preciosa – le dijo al momento que abría la puerta del copiloto
– Gracias, amor.

El Audi reflejaba el sol del amanecer mientras descendía, rugiendo, las serpenteantes colinas. Gonzalo miraba de ito en ito con dulzura a Olivia, quien apoyada en la ventana miraba el alba con sus ojos en blanco.

14 comentarios to “El Secreto de Jocotitlán”

  1. Genial relato!!!! me encanto y me transporto hacia la vieja hacienda de la mamá Glo!!!

  2. Madre santa, que miedo……me gustó, me hizo sentir que estaba viendo el fuego y escuchando la voz misteriosa…..=S EXCELENTE RELATO

  3. Si que sabes transportarnos a la magia de tus letras…..felicidades..!

  4. excelente, admiro la facilidad que tenes para que el que lee tus narraciones, se deje transportar y se meta en el mismo..muy buenos los vídeos, las fotografías…el final..gracias por permitirme disfrutar de tu talento…Felicidades

  5. Gracias, Ana, Tere, Betty, Darío. Muchas gracias por sus comentarios. Sigan apoyándonos. Ustedes como lesctores son los más importantes para nosotros.

    Un beso.

  6. Y……????
    Y……..???

    Me supo a poco. Está excelentemente ambientado tanto en la época actual como en la de vivencia de la antigua Hacienda. Me ha gustado mucho, experimentar miedo de verdad, contigo.

    Vuélvelo a hacer pronto. No nos dejes sin tus aportaciones. Gracias por compartirlo.
    Un beso.

  7. te ha quedau guay del paraguay!

    Me gusta Omsi , la verdad es que creo , no se , que me corrijan si me equivoco , pero creo que vas madurando en historia, estilo, etc…y me gusta!

    ah, te falta un guión en el primer discurso de mamaGlo, cuando dice; ]…yo no les creo nada-contaba mama Glo-…[

  8. Shimplemente muy SHINGON!!! Felicidades!

  9. Genial. Muy buena también la ambientación.

    Estoy de acuerdo con lo que dice Tiri.

    Muacksss, preciosa.

  10. Una bonita historia que mezcla recuerdos, magia, misterio, incluso con su dosis de terror y con un final impactante.

    ¡Buen trabajo Omsi!

    Besos

  11. Muy buen relato, Omsi.Me encantó esa narración tan real y sencilla como la de los recuerdos de tiempo atrás, y la descripción, tan verosíblemente real del lugar y ambiente familiar encontrado…estupenda preparación para lo inquietante de tu narración.Es miedo lo que la protagonista y el lector sienten, algo más sutil y terrilble que el puro y explícito terror.Inquietante por su indefinición porque es más difícilmente combatible…
    Creo que es de los mejores relatos que te he leído.

    Babicasss, amiga.

  12. Gracias por tus relatos Omsi, haberos encontrado ha sido algo muy especial para mí. Gracias a todos los que colaboráis en este sitio ´desinteresadamente´.
    Angel

  13. Muchas gracias a todos. Por leernos y por hacer de este espacio, “su espacio”

    No dejen de leernos y recomendarnos jajaja

    Un beso,
    Om

  14. Increíble la manera de describir la atmósfera del sitio, para mí es tu mejor relato hasta hoy, solo tengo una pequeña pega ¡me ha sabido a poco!.
    Me quedo con las ganas de saber si vuelve algún día a la hacienda o el miedo puede más que la curiosidad.
    Felicidades.

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