EL SOLSTICIO DE INVIERNO

El mar horadaba la roca lentamente y a pesar de la oscura mañana ya se contemplaban los primeros rayos de sol, yo recorría la orilla junto a Choper como cada mañana. Choper, mi hermoso Labrador, tenia una extraña costumbres de esas que sólo los canes tienen, yo le lanzaba una pelota y el me devolvía una piedra mientras agitaba su larga cola como si hubiese encontrado el mayor de los tesoros.

A pesar de la poca luz de esta mañana del 21 de diciembre y de la humedad reinante en el aire no hacía mucho frío para la época y se notaba un cierto halo de misterio en el ambiente, no sabría explicar muy bien por qué, quizás por la quietud y el silencio a mi alrededor.

Choper volvía corriendo a toda prisa con un aire de satisfacción en sus andares. Entre sus dientes traía una placa de madera con una inscripción: “LA BREÑUSCA”

De inmediato la identifiqué. Era la placa de un barco que había visto en el puerto en alguna ocasión, propiedad de la loca hija del alcalde del pueblo, una especie de bruja gótica que leía cartas, hacia rituales y maleficios a todo aquel que la contrariase.

Seguí a Choper hasta los restos del naufragio y Victoria se encontraba inconsciente sobre las rocas pero viva aún, tras reanimarla la alcé y entre mis brazos la llevé hasta mi cabaña. Y ella solo repetía una y otra vez:

– el solsticio, el solsticio, date prisa el solsticio, ¡ya llega!

Bruja loca, mejor seria que llamase al alcalde, estaba empezando a inquietarme la situación, pero al descolgar el teléfono solo había silencio, línea cortada y el tiempo como en una película de terror se volvió loco, la lluvia no tardó en llegar y lo hacía de manera torrencial, el viento azotaba los arboles que golpeaban las ventanas como brazos de malvados gigantes y Victoria parecía poseída. Casi tenia los ojos en blanco.

– ¡Eh, tú! Tenemos que hacer un ritual al solsticio de invierno o moriremos aquí hoy ¡jajajajajajajaja! Moriremos ¡jajajajajajaja!

Empezé a creer que podría tener algo de razón cuando un rayo atravesó el tejado y partió mi sillón favorito por la mitad, se prendieron fuego las cortinas y por el calor de éste estallaron los cristales de las ventanas, era el puto infierno.

Victoria buscaba entre las gavetas y los armarios a toda prisa.

– Necesito velas, cerillas, agua y tierra. Déjame hacer mi ritual y el solsticio se calmará y todo volverá a la normalidad.

Como ya nada tenía que perder, pues el fuego ya no nos dejaba escapatoria, le di a Victoria todo lo que requería.

Ella comenzó a danzar y lanzaba palabras que yo no podía entender pero cuando la última vela prendió dijo “que el sol se acerque a mí y que el solsticio de invierno comience”, y como por arte de magia todo se calmó.

Mucho tiempo ha pasado ya de este día y no queda ni un año de mi vida en que cada vez que llegaba el solsticio de invierno lo invocara como ella me enseñó, mi vida ya llega a su fin y a ti dejo mi legado, no lo olvides, ahora es tu responsabilidad.

Fin.

Autor: Mercy Flores.

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8 comentarios to “EL SOLSTICIO DE INVIERNO”

  1. wow.. por momentos senti temor y despues gran nostalgia, lo cierto es que el relato te lleva de la mano por esa terrible experiencia que nos pertimete compartir con tu imaginacion.. muy bello abrazooos

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