OLÍA A NOSTALGIA

Disparada desde primera hora de la mañana, aún con el pelo revuelto, plenamente satisfecha, y con ese peculiar olor de Rubén impregnado tanto en las sábanas como en mi cuerpo cincuentón, me recordé a mí misma que los padres de esos jóvenes me pagan por limpiar y por poner cierto orden en la jungla particular de sus vástagos, no por acostarme con ninguno de ellos. Pero la carne es débil… A veces. Afortunadamente, sólo a veces. Sin embargo, la soledad es muy mala… Siempre.

Justo después de que desenredara mis telas de araña aquel Adonis- quizás algo inexperto pero voluntarioso como los había conocido pocos- fue cuando noté cómo el aire viciado de aquel habitáculo me iba asfixiando lentamente. Se imponía una urgente renovación de fluidos. Abrí la ventana de ese dormitorio, como hacía a diario en aquel piso estudiantil pero, en esta ocasión, con una prisa casi ilógica. Necesitaba respirar. ¡Y pensar que, tan sólo media hora antes, no me había molestado en absoluto ese que ahora me parecía tan molesto tufillo a tabaco!…

Aunque el aire frío del exterior tardó menos de un segundo en colarse para invadir el espacio que había entre aquellas cuatro asépticas paredes- voayers de lujo de mi reciente desenfreno-, yo continuaba teniendo una temperatura interior bastante elevada, que aumentó más aún, al sentir su leve y gélido roce sobre mi rostro. Ese simple gesto logró que mi erotismo, rebelde y dispuesto, hiciese el amago de despertarse por enésima vez pero, como no era el momento más adecuado para empezar de nuevo “a hacer puzzles”, y como además mi joven Adonis estaba ya en el baño, cerré la ventana y miré a través del cristal dejándome llevar por la belleza de aquel paisaje.

Me gustó contemplar los campos cubiertos de nieve. Ese tipo de estampa era absolutamente desconocida para mí. Sin embargo, reconozco que me entristeció ver la sequedad de los tallos que tenía justo enfrente de mis ojos y deduje que, una vez más, el frío había sido el asesino del color. Era de suponer que en primavera esas plantas, ahora mustias y feas, estarían preciosas y llenas de vida. ¿Las flores serían rojas, representando el fuego y la pasión,  o serían bancas en honor a la pureza y a la virginidad? ¿ Qué tipo de geranio decoraría cada una de esas jardineras?- Porque estaba segura de que en esos tiestos lucían hermosas “reinas de los balcones” y no otras flores… ¿ Serían “Pelargonium triste”, tal vez, que perfuma sólo por la noche? ¿El dueño de esa casa, alquilada a mis niños por curso universitario, sería hombre o mujer? Uhmmm, por la decoración austera diría que se trata de un hombre, sin embargo ciertos detalles son totalmente femeninos… Así estuve durante un buen rato, haciéndome decenas de preguntas para las que no encontré respuestas y, frente a aquel paisaje nevado y absorta en mis pensamientos- ¡total, ya no tenía prisa!-, dejé que transcurriese el tiempo.

Días atrás había estado melancólica y no sentía ilusión especial por nada. Creo que fue precisamente por esa sensación de vacío por la que me refugié en los brazos de Rubén. Él llevaba  tiempo proponiéndome con insistencia una noche al rojo vivo y a mí me gustaba su físico. Decía que le “ponían” las maduritas y que, como a todo buen universitario, le gustaba aprender y divertirse, y que veía en mí a una estupenda profesora para ambas cosas. Recuerdo que en alguna ocasión también me comentó que, para hablar de amor, ya tenía a su novia Blanca- universitaria como él, de buena familia y muy buena niña, según sus propias palabras-. A mí me gustaba gustarle; reconozco que me halagaba y que me encendían sus pícaras miradas.

Diciembre siempre fue un mes extraño para los que un día nos alejamos de todo lo nuestro, no por gusto precisamente, y aún no sé con exactitud en busca de qué. Se acercaban las Navidades y no sabía si iba a ser capaz de resistir otro año más sin rodearme de los de mi propia sangre… ¡Echaba tanto en falta el calor y el color y, sobre todo, el olor de mi gente!…  Aunque he de reconocer que el de Rubén me recordaba mucho al de “mi papito bello”, como siempre le gustó a mi esposo que le llamara. ¿Él recordaría mi aroma? Probablemente no, porque nunca fue muy detallista para esas cosas. Bueno, ni me fue fiel jamás durante los más de treinta años que estuvimos juntos; así que, ¡cómo para que no mezclase perfumes en un jardín tan variado como había sido el suyo!

-Jenny, tengo un regalito para ti. Te lo mereces. Espero que te guste y que te recuerde a mí. Voy a dejarlo en la mesita de noche y lo abres cuando me vaya, ¿de acuerdo?- Dijo mi joven amante nada más salir de la ducha mientras su cuerpo, desnudo y aún húmedo, se acercaba peligrosamente a mi espalda y sus labios se estrellaban en mi nuca hasta conseguir hacerme perder el sentido.

-No quiero nada material. Hoy te quería a ti y me has dado más de lo que necesitaba, Rubén. De todos modos, gracias.-  Logré decir entre suspiros.

Entre villancicos, muchísima bebida y bastante comida, pasé otra Navidad más deseando que pasasen cuanto antes las horas – mi corazón por esas fechas nunca latía con normalidad- y rodeada de compatriotas en un triste piso compartido, decorado para la ocasión con decenas de luces incapaces de iluminar nuestros apagados interiores. Eso sí, como ocurría cada año, a menudo llorábamos -aparentemente- de risa y todos fingíamos  alegría… yo la primera.

Tras ese breve período vacacional se reanudó mi trabajo en la jungla.  Me apetecía volver a la rutina fundamentalmente porque necesitaba ver a mi apolínea ilusión. Quería darle las gracias por su obsequio, decirle que le hice caso y que lo abrí justo cuando salió por la puerta cargado con sus maletas, y también deseaba que él me dijese cuánto se había acordado de mis besos y de mi cuerpo en esos escasos quince días. Hoy estreno mi único regalo navideño: su perfume. Por supuesto, espero que se dé cuenta.

Al entrar en el piso de mis muchachos he escuchado las voces de Goyo y de Mara -siempre tan linda pero tan chillona-, saliendo del salón, y la de Carlos y  la de Pablo -que parece un tenor y es educadísimo- que provenían de la cocina. Los he saludado y me he encaminado al dormitorio de Rubén cuando una voz, desconocida y extremamente dulce al oído pero amarga y punzante para la razón, ha dicho:

-¿Pichi, cielito, dices que hoy viene a limpiar  la “ vieja pezu esa”? Ainss, no sé si seré capaz de aguantar su presencia ¿eh, Rubén? ¡Te lo advierto!  Escupió Blanca, la universitaria de buena familia y muy buena niña, pero de muy poca educación y de menos corazón.

-Amor, no te preocupes. Si no te gusta cualquier cosa, me lo dices y nos buscamos algo para ti y para mí solitos…Sabes que nada me ata a este piso. Yo sólo quiero estar contigo, Blanca… Sólo contigo.

Y sintiéndome más sola que nunca, he abierto todas las ventanas porque me asfixiaba de nuevo. Necesitaba respirar.

10 comentarios to “OLÍA A NOSTALGIA”

  1. En fin, real y penoso. Está claro que nadie puede mandar en los sentimientos y cuando estos se desbocan no se puede hacer nada, aunque, el resultado tenga un final amargo.

    Perfecto Linda.

    Besos

  2. ricardocorazondeleon78 Says:

    Nada hay más triste que la soledad para quien no la quiere.

  3. Guau, Linda… Como escarpias tengo los pelos… Será cabronazo el Rubencito…

    Enhorabuena, cariño. El cuento es estupendo.

  4. Las realidad siempre supera a la ficción.
    Como dice el refrán: “Más vale solo que mal acompañado”…Lástima que más de una y de dos personas no aprecien la sabiduría popular y prefieran rodearse de cualquier “cosa con ojos y sin corazón”.
    Os agradezco mucho los comentarios.
    Besos a todos.

  5. Joder con el Rubén,,,. Y a Jenny que le quiten lo bailaoo, que un jovenzuelo no se pilla todos los días.
    Molt bé noia. Petonets

  6. Esos sueños funcionan….eso, en sueños .Genial, me ha encantado hasta el puntito de los sofocos. ¡Enhorabuena!

  7. Genial como siempre, Pétalo! te felicito!

  8. Patxi, las alegrías para el cuerpo que acaban convirtiéndose en tristezas para el alma no creo que compensen ya que, como dice Sole, no conviene añadir otro tipo de sofocos a los propios de determinadades edades…;-)

    Siempre tan agradable en tus comentarios, Burbu.

    Un beso bien grande a cada unos de vosotros por estar siempre aquí, leyéndome.

  9. Caray! Qué mazazo de realidad brutal! Está muy bien contado, muy ameno y detallado. La exactitud y precisión con que cuentas los sentimientos es de admirar.

  10. Muuuchas gracias, Arturo.
    La vida es, en ocasiones, dura e ingrata.

    Saludos.

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