El siete de Oros

-Bon soir, señores y señoras. Antes de comenzar con la que será una irrepetible “experiencia iluminadora” que, a buen seguro, orientará con acierto nuestro rumbo en ese desconocido viaje que es nuestra propia vida y del que somos, a menudo y sin tan siquiera sospecharlo, punto de partida, transcurso y meta, permítanme que me presente. Mi nombre es Madame Fée Dubois.- Han sido las primeras palabras -y las únicas inteligibles- que, envueltas en un halo de misterio, nos ha dedicado a los allá presentes la pitonisa de pelo gualdo, corto y encrespado que se ha sentado en la mesa que comparto con varios pasajeros más.

Tras una primera impresión un tanto enigmática y objetivamente poco femenina de aquella mujer que ahora tenía enfrente y que, al igual que hacía todo el mundo, clavaba sus ojos en mi entrecejo cada vez que me dirigía una mirada -seguramente buscando un punto una referencia en mi difícil rostro- me pregunté por qué, esa más que probable fémina albaceteña, se habría puesto como nombre de batalla algo tan sospechoso como “Madame de no sé qué”. En los Padres Claretianos estudié algo de alemán y muy poco de francés- en ambos casos con medias de sobresaliente-y sé que quiere decir: “Hada de madera”…¡¡Qué horreur más grande, mon Dieu!!… ¡¡Con lo bonito, amén de fino, que sonaría, por ejemplo: “Luz María de los Mil Resplandores”, sin tanto afrancesamiento y sin tanta tontería, coñeeee!!

A pesar de que las cartas, a modo de naves espaciales, vuelen emitiendo leves destellos violetas sobre esta mesa de caoba -lujosamente vestida para recibir el Año Nuevo como quiero pensar que se va a merecer- casi nada consigue que mi vista deje de posarse, en un primer momento, en la imponente piedra que la “madame de la France” porta en su dedo índice. Los reflejos que desprende – ¡oh, qué maravilla!- he de reconocer que son más intensos y cegadores que los del flamante anillo de compromiso que regalé a mi querida Matilde, justo unos días antes de que una malintencionada neumonía acabase con sus veintidós primaveras tan interesadas y derrochadoras. Cada vez que recuerdo su inesperado final, ¡se me parte el alma y se me nubla, aún más, la vista! ¿Quién nos iba a decir a nosotros, sobre todo a ella, tan llena de vida como aparentemente estaba, que iba a ser la elegida para cruzar la línea de horizonte en primer lugar? Pero, como dice la canción: “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay Dios!”…Y a ella, pobrecita mía, el destino le tenía preparada una nefasta jugada de cartas.

Ahora ya no me duele su ausencia pero reconozco que en su momento me afectó de tal manera que, en un control rutinario, mi médico de cabecera detectó un desarreglo generalizado en mi, ya de por sí, frágil y delicado organismo. Don Higinio me aconsejó alejarme durante una temporada de la rutina diaria y me advirtió de que mi curación pasaba por serenarme y dedicarme a la vida contemplativa. -Casimiro, amigo mío, ahora mismo tu cuerpo es una bomba de relojería y, como imagino que no querrás explotar, te recomendaría que pusieses cuanto antes tierra de por medio. Sabes que hace unos años tu corazón dio un aviso- o un gran susto, debería decir para ser más exacto- y ahora amaga con darnos otro. Tienes que cuidarte así que, tú que puedes, ¡déjate mimar, caray!- dijo guiñándome un ojo con no sé qué intención, pero lo cierto es que sus palabras me convencieron de inmediato y las interpreté como siempre, o sea, como dio en gana. Lo vi claro: me estaba recetando un crucero. Así que, tras hablar con el fenómeno de Georgi Lamoroso – experto golfista y golfo de campeonato, a pesar de ser ya septuagenario- reservé unos de los mejores camarotes en el lujoso “Dreams of Love”. Según me comentó mi amigo fue allá donde conoció a esa réplica perfecta de Marilyn Monroe que, tres meses después y ya embarazada, le arrastró hasta el altar y le alejó definitivamente de la soltería y del manejo de sus propias cuentas bancarias. Al suponer que yo correría una suerte parecida a la suya – eso sí, sin niños sorpresa y refiriéndome exclusivamente a sentir unos carnosos labios rojos sobre mi ajado rostro- en un buque del que, con semejante nombre, sólo se podía esperar una travesía llena de aventuras excitantes, sufrí una subida de tensión que me llevó al servicio de urgencias pero del que, por fortuna, salí a las pocas horas.

Yo necesitaba mimos, muchos mimos, y no sólo por capricho, que también, sino por prescripción médica y ¡lo que decía Don Higinio era sagrado para mí! Además, mi bella Mati, como le gustaba a Matilde que la llamase cuando practicábamos sexo, o lo intentábamos al menos, –porque tengo que aclarar que nuestras sesiones de cama de ninguna manera se podían relacionar con la palabra amor- formaba parte de mi pasado y ahora tenía que pensar exclusivamente en mí y en mi presente; así que me dije: ¡Carpe diem, muchachote! No pensaba dedicarle ni un minuto más de mi valioso y escaso tiempo a pensar en el futuro. ¿Qué más me daba saber si la meta estaba doblando la calle, cuatro manzanas más abajo o allende los mares? Uhmmm, Río de Janeiro sonaba bien…

Me detengo unos instantes, me alejo de mis recuerdos y, volviendo a lo que está ocurriendo aquí y ahora, sólo puedo decir que ¡no entiendo nada!…Todo es tan raro… ¿Cómo es posible que yo, don Casimiro Bisojo de los Caudales, fundador y propietario de la prestigiosa cadena de ópticas “Veo 2” -que no “Beodos”, como alguno de mis rivales empresariales pretende hacer creer con sus cuñas publicitarias a determinados incautos por mi relación familiar con las reputadísimas “Bodegas Miró”- a mis setenta y ocho años plagados de éxitos de todo tipo, logrados gracias a mi vista de lince, sea incapaz ahora mismo de buscar un nexo de unión entre este grupo de desconocidos que nos encontramos sentados alrededor de una mesa en el salón “Eternity”? El caso es que, como no consigo ver nada claro el tema, he decidido pedir al camarero otra copa de Bourbon “Woodford Reserve”….Y llevo, uff…¡Bueno, qué más da en una noche como la de hoy! Mientras me deleito paladeando tan importante trago aprovecho para seguir con la inspección ocular del entorno. Definitivamente, y visto lo visto, todo doble, me voy a centrar en la preciosidad que está sentada a mi derecha y que, dicho sea de paso, tiene aspecto de ser una auténtica dama…al menos, en la mesa.

-Perdone mi indiscreción, ¿ha venido usted sola, señorita?- he dicho modulando la voz de forma adecuada para llamar la atención de esa belleza que tenía junto a mí y a la que había decidido dar caza cuanto antes porque el tiempo es oro y, más todavía, cuando hay buitres alrededor.

-Sí, sí, caballero– ha contestado tímidamente la joven de ondulado cabello y cautivadora sonrisa.

-Mi nombre es Casimiro y me gustaría invitarla a una copa. Si usted lo desea, por supuesto. No quisiera incomodarla…

-Muchas gracias, Casimiro, pero no me apetece tomar nada. Le confieso que tengo un leve mareo que me está provocando un malestar tal, que si no fuese por lo que es, me levantaría de la mesa y me iría inmediatamente a descansar al camarote.

-Para encontrarse mal, tiene usted una expresión en el rostro que me está enamorando, señorita. Uhmmm, perdóneme, su nombre ha dicho que era…-he continuado procurando acorralar a la mi presa.
-¡Ay qué despiste, Casimiro! Lo siento. Le pido mil disculpas. Mi nombre es Silvina. Silvina Barros del Charcoseco.

La conversación entre nosotros dos ha fluido con una naturalidad tan asombrosa que, animado tanto por las copas ingeridas como por la proximidad física a aquel monumento, he deslizado mi artrítica mano derecha por debajo de la mesa hasta alcanzar su terso muslo izquierdo. Ella en un primer momento me ha rechazado y así me lo ha hecho ver, no sólo dibujando una mueca de desaprobación en su bello y delicado rostro, sino también al propinarme un pellizco de monja en el dorso de mi deformada extremidad que me ha provocado un tremendo hematoma, supongo que propiciado por el Sintrom que tomo desde que me pusieron la válvula aórtica, hace ahora casi una década.

Como no me gusta darme por vencido, amén de que no esté acostumbrado a aceptar una negativa por respuesta- porque don Casimiro Bisojo es mucho don Casimiro- he hecho varias maniobras más de aproximación hasta que he logrado mi objetivo. Y así, mientras mis dedos buscaban refugio en la calidez de Silvina, mi vista se recreaba -hasta verlo absolutamente todo casi caleidoscópicamente- en la exuberante masa pectoral de la rubia desenfadada del corsé negro “pecado mortal” – al que, con arreglo a mi personalísimo gusto, añadiría un bonito encaje de puntilla rojo- que se encontraba sentada a la izquierda de un joven amanerado, de nombre Pedro María  que, disfrazado de arco iris- “hay gustos que matan”, como decía mamá- en determinados momentos me obsequiaba con una lánguida caída de ojos.

No sabría determinar con exactitud el nexo que une a aquellos dos personajes tan dispares aparentemente, pero está claro que irradian complicidad, sobre todo, cuando dan un trago a su copa y  ríen estrepitosamente mientran chismorrean -a saber qué- el uno al oído del otro, demostrando así su nula educación y sus zafias maneras. Sin embargo,  la Miller es otra cosa, al menos,  tiene estilo; aunque, sinceramente, no logro comprender que le pueden aportar aquellos dos patanes a una mujer tan de mundo como ella. En mi mesa han acomodado también a una muchacha con una más que  incipiente barriguita de embarazada- Inés me ha parecido escuchar que se llama-  que me infunde bastante ternura. Calculo que no tendrá más de veinte años y me recuerda muchísimo a mi sobrina Lucila… ¿Quién habrá engañado a esa pobre criatura? he pensado.

-Casimiro, por favor, que nos van a ver y yo soy una señorita bien…Tengo una reputación, ¿sabe usted?- ha dicho Silvina, entre jadeos, cuando he logrado alcanzar mi objetivo tras luchar con las dificultades propias de tan compleja situación. -Casimiro, Casimiro… ohhhh, ohhhh…- ha continuado susurrando.

Cuando he recuperado el conocimiento estaba en una aséptica sala blanca y estaba solo…Bueno, solo no estaba, me rodeaban muchas máquinas llenas de lucecitas que resplandecían casi tanto como el aguamarina de Madame Fée Dubois o las cartas voladoras. Ellas, seres fríos y sin corazón, acabarían convirtiéndose en mis silenciosas y fieles compañeras durante el resto de la travesía en el “Dreams of ¿Love?”

-¡Qué relax tan absoluto! ¿Se referiría a esto mi querido médico de cabecera cuando me recetó un crucero?- me he lamentado.

10 comentarios to “El siete de Oros”

  1. Jajajaj ¡Ay, Linda, que bien te ha quedado el “Bisojín”, no sé porque a mí también me pegaba esta musiquita para este singular personaje.

    ¡¡Me encanta!!

  2. Ostras, a mí me ha pasado lo mismo… ¡Qué grande!😀

  3. Este pobre hombre debería de haber elegido, por ejemplo, unas vacaciones en un balneario, sin Silvinas de por medio…je,je.

    Gracias, por vuestros comentarios, chicos.

    Lametoros.

  4. je je! que bueno, linda! me ha gustado sobretodo el cinismo de todo el relato.
    enhora buena linda.

  5. Unas descripciones fascinantes y un vocabulario rico y variado. Con gusto te diría que sucede una sola cosa importante (momento sensual) pero está tan bien redactado que hasta el menor de los detalles se convierte en importante.
    Un abrazo.

  6. Pues se ha comido mi comentario, jopé! Luego me saldrán de cuatro en cuatro. Estoy con Miren y Rhay en cuanto a lo de la musiquita, antes de leerla y escucharla ya sabía que sería la de vacaciones en el mar. jajajja…
    Te decía que tienes un vocabulario rico y variado que lo manejas tan bien que haces de solo un suceso importante, que todo se relacione entre sí y no se sepa qué es más importante que qué. Muy buen estilo. Los nombres son de ringorango… y lo de albaceteña ha venido al pelo.
    Ahora este comentario lo copio, por si acaso no vuelve a salir.
    Un abrazo.

  7. Hola, Ricardo.

    Nuestras disculpas por el tema del post. El cachondo del WordPress te lo había mandado a spam. En fin…

    Saludos.

  8. Yuka, me alegra -¡no sabes cuánto!- leerte, querida. Sí, evidentemente, el tono es un poco guasón e irónico…je,je. Gracias por tu comentario y besotes grandes.

    Ayyy, Ricardo ya sabemos lo juguetón que en ocasiones es este mundo virtual…;-) Agradezco muchísimo tus siempre sinceros comentarios y tus ganas de participar. Siento que hayas que tenido que duplicar el trabajo😉

    Espero seguir viéndote por mis relatos. Es un placer.
    Saludos y un fuerte abrazo.

    En cuanto al tema musical: ¡Sóis todos muy listicos! je,je. (Creo que era el más adecuado para el relato)

  9. Me ha gustado, lo has enlazado bien,” que no es fácil”, felicidades. Lo que no entiendo es cómo has podido tener un punto de inspiración final en una de las series más casposas de la TV Yanqui. Yo la odiaba, así que no puedo ser muy objetivo.
    Besosss

  10. Je,je… Ay, Patxi ¿y quién te ha dicho que a mí me gustase? je,je. Al acabar este texto para el especial Tarot vi claro que la música que más le iba al viajecito de don Casimiro era precisamente esta…;-)

    ¡Qué alegría volver a verte por aquí, hermoso! Gracias.

    Besotesssss gigantesss.

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