RESEÑA

RESEÑA 10 ( por Miren)

“Caminarás con el sol” (Alfonso Mateo-Sagasta)

 

Editorial: Grijalbo

Encuadernación: Tapa dura

ISBN: 978-84-253-4678-1

Páginas: 284

 

SINOPSIS:

Una carabela parte del Darién con rumbo a La Española, en ella viajan un grupo de soldados y aventureros que se mueven por las costas de Las Indias, un lugar aún por explorar. Ante unas turbulencias en pleno mar del Caribe, el barco naufraga, sólo unos pocos se salvan de la catástrofe. Entre ellos Gonzalo Guerrero, un soldado de fortuna a quien la búsqueda de fama, gloria y dinero ha llevado por distintos lugares del mundo. Desde su Huelva natal, y tras fallecer su padre —también soldado de fortuna— debido a unas heridas sufridas durante la toma de Granada, la vida de Gonzalo comienza a rodar; primero ayudando en el barco de su tío. Pero su ansia de fortuna, fama y gloria, la misma que no consiguió su padre; le lleva a alistarse en las milicias contra los franceses en la guerra de Nápoles y tras este paso, que tampoco le depara lo que espera; termina enrolándose en un barco rumbo a Las Indias. Allí tras un período donde ve los negocios de los españoles, comercio de piedras preciosas, explotación de minas y de esclavos, etc., sufre el naufragio, donde, como él dice con sus propias palabras, vuelve a nacer. Allí, en aquel pedazo de tierra nueva, que él cree que es una isla, pero en realidad es la península del Yucatán, el aventurero toma contacto con una cultura y una forma de vida nuevas, la maya, ahí es donde comienza su principal aventura, la aventura de sobrevivir.

RESEÑA:

“Acuclillado sobre un altozano en la linde de la selva, un jefe de guerra maya con el rostro cubierto de escarificaciones teñidas de negro, grandes orejeras de ámbar y el labio inferior horadado con un hueso tallado de jaguar, observa una canoa ocupada por tres indios semidesnudos y desarmados. A su espalda, un grupo de niños corren y juegan despreocupados de todo lo que les rodea. La ligera embarcación se dirige hacia la playa de blanca arena que se extiende ante sus ojos. Cuando llegan a una distancia razonable, el hombre aguza la vista para distinguir a los remeros y, en su fuero interno, sonríe”.

Siempre es un placer para mí leer alguna de las novelas de este escritor. Gran conocedor de la Historia, Alfonso Mateo-Sagasta siempre nos deleita con aventuras, ya sean en el Madrid del Siglo de Oro español, en la ciudad de nuestros días y con problemas actuales, o perdidos en la selva del Yucatán con los primeros exploradores españoles.

Narrada desde la proximidad que da la primera persona, con una prosa cuidada y ágil, léxico apropiado y una excelente documentación, es muy fácil hacer que el lector se ponga en la piel de los protagonistas. Detalladas descripciones tanto de las vestimentas, como de sus facciones, hacen que los personajes nos parezcan más cercanos. Cuando el autor nos describe los lugares con todo cuidado nos pone delante un cuadro, un cuadro que nos ayuda a imaginar el entorno en el que estos se desenvuelven. Algo muy de agradecer, no es nada fácil dibujar pinceladas pictóricas con las palabras.

Otra dificultad añadida, es la clara representación de las acciones de los protagonistas, cómo viven, lo que hacen, sus celebraciones, el cuidado de sus tierras y cultivos, su religión —con un buen conocimiento de sus Dioses,   creencias y festividades—, su vida familiar y la preparación de sus guerreros. Y esto señores, si ya es complicado de contar cuando hablamos de lo que nos sucede en nuestros tiempos, de todo lo coetáneo y que conocemos bien, imaginemos el esfuerzo que tiene que costar cuando hablamos de algo pasado hace quinientos años y dentro de una cultura ya desaparecida y completamente distinta a la nuestra. Y todo eso narrado en menos de trescientas páginas, todo un portento de narración, que demuestra que para conseguir dar un repaso a periodos complejos de nuestro pasado, tampoco es necesario elaborar libros de mil páginas. No en este caso, que no dudo, que en otras historias no sea imprescindible alargar las novelas.

La estructura del libro es sencilla, la novela consta de tres partes —perfectamente introducidas por unos breves fragmentos del “Infierno”, el “Purgatorio” y el “Paraíso”, justo en ese orden de la magistral Divina Comedia de Dante—sin capítulos de división; algo que debido a la poca extensión de la obra es completamente lógico, ya que no se echan de menos estas separaciones; claro que a ello contribuye también la buena dosificación de los pasajes y sobre todo esa sabía mezcla de los temas; ya que Gonzalo, nuestro protagonista, sabiamente nos va alternando recuerdos de su vida pasada, en su “civilización”, con su vida actual, perdido en la selva con un grupo de “salvajes”, cómo serían considerados en su mundo.

Es curioso cómo nos hace ver las similitudes entre las batallas que él ha vivido en Europa, con la estrategia que ve en la lucha de los guerreros mayas.

El personaje de Gonzalo, que por cierto, es real, no es un personaje de ficción, y sus aventuras le ocurrieron de verdad, está completamente logrado; y se puede pensar que esto es relativamente fácil cuando hablamos de un personaje que existió y del cual basta con una buena documentación para crear su perfil.

Pero lo arriesgado y lo que en realidad da vida a la novela es el resto de personajes que la componen: los jefes, guerreros, y resto de la población maya; así que a pesar de la profusión de escenas fuertes; sí, aquí hago un inciso para advertir de que no escasean las escenas sangrientas, y que ahora nos parecen auténticas salvajadas propias de gente sin civilizar, o sin alma, como pensaron muchos de nuestros antecesores de aquella época remota; pues a pesar de todo, Alfonso Mateo-Sagasta, logra de manera perfecta hacer que personajes como Tekun, Taxmar y los distintos personajes que va conociendo Gonzalo, terminen siendo conocidos, comprendidos e incluso con los que llegamos a empatizar, pensando que su forma de vida es semejante a la nuestra,  y que quizá, lo que realmente nos separe es que aquella cultura era más respetuosa y noble dentro de su sanguinaria religión que les exigía sacrificios, mientras que la nuestra sólo buscaba la riqueza en el exterminio.

La única pequeña pega que le pondría a este brillante trabajo es el final, un final un poco precipitado, donde todo pasa demasiado deprisa; pero tampoco es digno de destacar, de todas formas lo principal y lo más importante ya queda dicho, quizá intentar alargar la novela sólo hubiese sido abundar en lo mismo; y también me gustaría pensar, que, ¿por qué, no? El autor cualquier día nos pueda sorprender con una continuación de la apasionante vida de este aventurero, relatando de forma más compleja esa parte final que se nos señala de forma clara, pero rápida.

Caminarás con el sol no es sólo una novela histórica plagada de aventuras y la historia de un hombre que lucha por sobrevivir; es, además, la historia de la metamorfosis de una persona; un soldado de fortuna que lucha por la idea de enriquecerse y adquirir fama, y termina siendo alguien distinto a lo que siempre había soñado. Es la vida de un español llamado Gonzalo Guerrero que termina convirtiéndose en Ah Na Itzá, un guerrero maya.

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