EL CAMBIO (Ellos lo tendrán más fácil)

Siempre sospeché que éramos muchos. Probablemente, demasiados.

A mí siempre me sobraron ellos…

Nuestra existencia giraba en torno a nosotros mismos y cada noche nos metíamos en la cama convencidos de que teníamos al universo agarrado por los huevos. Éramos tan especiales- ¿por qué nos llaman narcisistas y egoístas en tono peyorativo?- que adecuábamos cualquier supuesta necesidad a unos gustos propios, para algunos, a todas luces absurdos. Los problemas ajenos eran exactamente eso, problemas de los otros. Nunca vi nada anormal en ello. Derrochábamos sin ningún rubor ni sentimiento de culpa lo que nos sobraba, a todos los niveles. Eso sí, nos esforzábamos por invertir en espejos que nos dijesen cada diez minutos lo guapos y lo listos que éramos. Y así vivíamos… ¡tan felices!

Aún recuerdo un día en el que una indefensa criatura imploraba nuestra ayuda, porque sus lastimadas piernecillas eran incapaces de sostener aquel esqueleto, sin caer una y mil veces sobre el polvoriento camino. Había cientos de estampas así, desde ancianos hasta jóvenes, muchos de ellos inertes y deformes por una brutal inanición, y el resto con el corazón partido en diminutos pedazos, que estropeaban muchísimo el paisaje. Gritaban. Lloraban. Se arrastraban. Y lo más importante, entorpecían nuestro precipitado avance. Delante de esos pobres diablos, y siempre mirándoles frente a frente, nos gustaba dar una profunda calada al cigarrillo del bienestar; ese que nos produce un infinito placer y nos engancha mientras, lenta y silenciosamente, nos mata. Como el feísmo no gusta, a menudo y sin gran esfuerzo, girábamos la cabeza y obviábamos la realidad dando un sonoro portazo antes de continuar con la ruta que llevábamos marcada. Ellos intentaban llamar nuestra atención, nos agarraban de donde podían, y nosotros les pateábamos también donde podíamos, y si nos dejaban, dónde sabíamos que más les dolía. A pesar de esos miserables incómodos y apestosos avanzábamos, y avanzábamos mucho, deteniendo la mirada únicamente en los altos edificios de frágil cristal que nos encontrábamos por el camino. Ver lo agradable, recrearnos con lo bonito, lo no problemático, ¡ése era nuestro objetivo! Y así, los elegidos, vivíamos…¡tan felices!

El tiempo transcurría excesivamente rápido para unos y demasiado lento para los otros. Cada vez había más diferencia entre los guapos y los feos, entre ser y tener, entre ellos y ellas…

Anoche, tras un estrepitoso ruido y un movimiento generalizado, llegó el caos- aunque seguro que no faltará algún insensato que llamará a este nuevo estado “orden”-. Se rompieron todos los espejos. Se apagó definitivamente la luz tanto para videntes como para invidentes; lo que quiere decir que a partir de ahora tendremos que tantear todos por igual lo poco que queda de simulacro de vida.

-¡Qué injusticia! ¡Vaya putada, con el miedo que le tengo a la oscuridad!¿ Y ahora tendré que convivir con ellos, con los otros?… – Supongo que habré dicho al amanecer, mientras mi brazo dolorido y ensangrentado se estiraba para recoger del suelo un nuevo cerebro.

9 comentarios to “EL CAMBIO (Ellos lo tendrán más fácil)”

  1. Buenos días compañeros , qué gusto asomarse aquí y encontrar un relato de Linda. Muy bueno, además. ¡Enhorabuena!

  2. la codicia es la brutalidad del alma , como la trotura es la brutalidad del cuerpo …esto es lo que nos diferencia de los animales somos codiciosos y para conseguir lo que queremos llegamos a la tortura del semejante. me encanta tu relato

  3. Genial como siempre, Lin!te felicito!, he de reconocer que hasta me inquieta… un abrazo!

  4. Buenos días, compañera, el gusto es mío por tenerte siempre aquí, con tus amables comentarios.

    Higinio, me alegra verte y me entusiasma que te hayas lanzado a comentar. Tú primera frase es como para enmarcarla, refleja perfectamente la realidad. Me ha gustado muuuuuuuuuuuucho.

    Burbu, ¡qué bueno contar contigo!

    Un beso grande para los tres y muchísimas gracias por leerme.

  5. Un placer leerte, Linda, eso me recuerda que de noche todos los gatos son pardos, aunque de día se vea solo el tinte.

  6. El ser humano por llamarlo ser, es el que más se destruye entre sus congéneres. Y aún y con todo superpoblamos el planeta.
    Relato para para preocuparnos un poco, Felicidades.
    Besoooos.

  7. ¡Revol, guapísima, me hace montón de ilusión verte por aquí! Gracias por leer el relato. ¡Qué bien que te haya gustado! A ver si te pasas más asiduamente, ¿eh?
    Besosssss.

    Patxiiiiii, “semos muchos y malísmos” Tienes razón. Deberíamos de reflexionar un poco y, sobre todo, modificar ciertas conductas. Sabes que me encanta verte por el blog. Muchas gracias.
    Muacksss, hermoso.

  8. Hola Linda. Me ha gustado mucho tu relato. Los seres humanos estamos enfermos de anorexia emocional y nos miramos en el espejo y nos vemos llenos de grandes sentimientos y realmente estamos vacíos, famélicos de amor, pero es lo que tiene la realidad, que la distorsionamos demasiado. Con lo fácil que podría ser…
    Besos
    Idoia

  9. Idoia, esto sí que ha sido una gran sorpresa, querida. Gracias por leerme y por tu comentario.
    Tienes toda la razón y, efectivamente, podría ser sencillo pero…¡Somos humanos, y por ende, tannnnnnnnn imperfectos!

    Muackssss grandessss.

    Me ha encantado verte por aquí, Idoia. Tengo que pasarme por “tu casita”…

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