ESPECIAL BICENTENARIO DE “LA PEPA”

El viajero estaba agotado, no sabía si era más cansancio mental que físico. Aquella ciudad no era excesivamente grande, pero la mañana había sido un interminable trasiego de un lugar a otro.  Aquel historiador llevaba años tratando de ver “in situ” aquel lugar. De llegar a una explicación de, lo que hasta ese momento, le parecía inexplicable. Ahora se daba cuenta de la realidad, desde su emplazamiento podía ver toda la bahía, sus aguas azules, y no le era difícil trasladarse en el tiempo y ver en la línea del horizonte la batería de la artillería francesa.

Ahora comprendía muchas cosas, entre ellas que aquella ciudad cosmopolita, culta, liberal y abierta al mar hubiese sido la elegida para parir aquel puñado de leyes que habrían supuesto un gran paso adelante para las libertades. Cádiz, la “Tacita de Plata”, la hermosa Gades sitiada por el agua, que fue su aliado más poderoso, aquella bandera de libertad que hace doscientos años tomó las riendas de un país en plena barbarie.

El viajero soltó su mochila ligera de equipaje, y contempló los alrededores de aquella ciudad mágica, perdida en el tiempo y en la Historia.

Un brindis mudo salió de su garganta:

Por aquellos que la promulgaron a pesar de lo efímero de su reinado pensando que, siempre, puede haber un mañana más justo y equitativo.

Por aquellos que lucharon contra el egoísmo y la codicia de un sólo hombre dejando sus vidas en presidio o en el cadalso.

Por aquellos que aún piensan que la libertad es posible, hagamos coro con aquellas voces que hace doscientos años acompañaron a tan insigne señora acallando el clamor de una guerra y la ira de un pasado obsoleto que no quería dar marcha atrás:

¡VIVA LA PEPA!

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2 comentarios to “ESPECIAL BICENTENARIO DE “LA PEPA””

  1. Gracias por recordarme que de vez en cuando nacen generaciones que aspiran a una sociedad mas justa, y que esa misma sociedad elige como representantes a hombres buenos encargados de llevarlo a cabo.

    ¡VIVA LA PEPA!

  2. Lo más alucinante es que en doscientos años no parece que hayamos aprendido demasiado, y muchos de los que hoy seguro que están con el culete hecho pepsicola haciendo ofrendas al monumento, son los mismos que día sí y día también se orinan en el legado que éste representa…

    En fin, supongo que será el cuento de nunca acabar de la civilización…

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