La partida

Igual que papá. Exactamente igual que papá. Tú. Su sustituto. Mi protector. ¿Ni en esto has podido ser un poquito más creativo? ¿Hasta en esto le has tenido que imitar?

Así, por sorpresa. Como hace 30 años papá. Entonces no existían los móviles. Al menos en este momento la comunicación es más ágil, quizá menos personal, pero también se agradece eso de no tener que repetir cincuenta veces la misma historia para escuchar otras cincuenta la misma respuesta. Así que les he escrito a todos el mismo mensaje, bueno, al menos eso creo, la verdad es que no tengo yo la cabeza en este momento para ponerme a mirar si falta alguien, si falta, ya se enterará.

Me fastidia tener que decírselo a mamá, no sé como lo encajará, ni qué será de ella, está muy débil y todavía no le hemos dicho nada. Mal. Lo tiene que llevar mal. Yo tampoco lo llevo bien. ¿Te he dicho que te quiero? Sí, sí, claro que te lo he dicho. Mil veces. Y te lo sigo diciendo aunque no me escuches.

Podías por lo menos haberte despedido de todos, pero no, venga, Juan como siempre a las bravas. Un ataque fulminante al corazón a las siete de la mañana. Tú solo. En casa. Sin ninguna de nosotras cerca de ti.

Empiezan a llegar los primeros mensajes de condolencia. Supongo que lo escriben de la misma forma mecánica en que yo he escrito el que informaba de tu muerte. Todos dicen lo mismo, igual que yo les he dicho lo mismo a todos.

“Esta mañana mi hermano ha muerto de un ataque al corazón” (repetido por cincuenta)

“ Lola, lo siento mucho. Un beso, todo el cariño y mucha fuerza.” (repetido por cien)

¿Fuerza? No sé si me queda… pero habrá que sacarla, por mamá, por tus sobrinos, por mí. Ahora me siento derrotada, y no sé si alguna vez volveré a sentir ganas de sonreír.

Superarlo, no creo que pueda. No superé lo de papá. Aprenderé a vivir con ello, como aprenderé a vivir sin ti, sin tus consejos, sin tu apoyo, sin tu voz, sin tu beso y sin tu abrazo de hermano mayor.

La vida sigue, el autobús pasa a la misma hora por la parada, la panadería abre igual que todos los días, el pizzero seguirá repartiendo pizzas a domicilio y los periódicos, en los que ni tú ni yo hemos sido hoy noticia, se repartirá por todos los kioskos. Nada se para, ni la lluvia que decidió desde la mañana poner al día las lágrimas que aún yo no he podido derramar.

Ahora voy a casa de mamá… Tengo que contárselo. Tengo que hablar con ella. Qué difícil me lo has puesto, ¡¡capullo!! Pero te sigo queriendo.

6 comentarios to “La partida”

  1. real como un puñetazo,efectivo como un hasta luego.

  2. Me parece una fría manera de contar algo tan doloroso, pero eso es precisamente lo que logra hacer ver cuánto sentimiento se y cuanto dolor refleja en unas simples palabras.
    Me ha gustado, Annalammer y la música es bella y adecuada. Lo comparto.

  3. Fuerzas, bien dicho, ¿de dónde se sacan las fuerzas? ¿de dónde se saca el valor para decir a una madre que su hijo ha fallecido? Real como la vida, real como la misma muerte.

  4. Duro… Jodidamente real.
    Un lametorro, bella.

  5. Uff! yo he visto como personas han actuado de la misma manera… fuertes, vacías…

    Es un duro relato, pero tan real que me eriza la piel.

    Lametorro.

  6. Y la música… Extraordinariamente adecuada.

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