El Rey Azul

Como cada mañana, el rayo del sol iluminaba mi habitación. ¿Despertar o no? Ahí estaba el dilema.

Me cubría el rostro con la sábana y trataba de dormir unos minutos más, pero era imposible; Bertha llegaba con la letanía de siempre:

– ¡Levántate, Ernesto! – es hora de desayunar.
– Otros cinco minutos por favor. – refunfuñaba, mientras que Bertha tiraba de las sábanas hasta que quedaba completamente descubierto.

Con poco entusiasmo, me sacudía la flojera, y comenzaban mis labores de servicio.

– El patrón pidió que fueras al río por agua. – me decía Bertha, la otra persona de servicio.

La cuestión era que yo era feliz yendo al riachuelo. Mis cinco sentidos despertaban. El trino de las aves, el olor a tierra mojada, mojar mis manos con la corriente cuesta abajo del agua. Pero lo que hacía mi día completo, era mi Reina Rosa, la niña Nelly: la hija del Patrón.

Allá venía ella, tan bonita como siempre. El simple hecho de que su mirada cruzara con la mía, hacía que me convirtiera en un Rey Azul. Hace tanto tiempo que he querido decirle que me gusta…

– ¡Hola, Ernesto! – gritaba la Reina Rosa agitando fuerte la mano en señal de saludo.
– ¡Ho.. hola, Nelly! – tartamudeaba yo al verla tan bella.
– ¿Vas al río?
– Emmm… sí – me apresuraba a contestar.
– Vengo de allá, pero mañana nos vemos, me gusta charlar contigo. – se despedía Nelly con una sonrisa en sus labios.

– Eeeeehh… sí, hasta mañana… – las palabras apenas salieron de mi boca, ya que la Reina Rosa no las escuchó.

¡Tonto y mil veces tonto! – Me recriminaba por no haberme despertado a tiempo. Pero mañana prometo que tomaré su mano y le diré que me gustaría bajar al río a diario con ella.

Llego corriendo al río, lleno los dos cubos de agua, y de vuelta a la casa.

Cuesta arriba encuentro, como cada día, en su carreta a Don Rogelio, el florista del pueblo:

– Buenos días, señor – dije mientras me detenía a ver como un joven pagaba un ramo de rosas, y se lo entregaba a su novia.
– Buenos días, Ernesto – sonreía Don Rogelio y me devolvía el saludo.
– Don Rogelio, ¿por qué los novios se regalan flores? – preguntaba sin poder entender el significado.
– Pequeño, es para demostrar el afecto que le tienes a la persona que se las obsequias, algún día lo entenderás.
– ¿Cuánto cuestan las rosas? – dije sin pensar
– Diez pesos, jovencito. ¿Vas a querer una?

Busqué en el bolsillo de mi pantalón y no encontré un centavo.

– Gracias, señor, será en otra ocasión.

Seguí mi pesado viaje hacia la hacienda. Llegué un poco cansado, dejé los cubos de agua en la entrada y fui a mi habitación a descansar un poco, esperando que no me vieran los patrones. Fui directo a mi mesa de noche y abrí el primer cajón. Justo ahí guardaba mi alcancía; la tomé y en menos de un segundo la dejé caer al piso y se partió en mil pedazos. Las monedas saltaron y conté cincuenta y cuatro pesos. Tomé veinte y guardé el resto en el cajón, ya después me compraría otra alcancía. Sólo pensaba en Nelly y en su bonita sonrisa.

Salí corriendo nuevamente a buscar al viejo de las flores.

– Quiero dos, por favor- En ese momento Don Rogelio eligió dos rosas blancas y me las entrego.
– ¡Suerte, matador!

Con cara de bobo me encontró Bertha en el patio de los señores con las rosas en las manos sin saber qué hacer con ellas.

– ¿Y eso para quién es? – me preguntó.

Fue entonces cuando me sonrojé y le respondí:

– Te digo pero no te burles.
–Para la niña Nelly… No hace falta que me lo digas. ¿Has pensando que, si te ve el patrón, te castigará? Dame eso y apúrate a limpiar las caballerizas, que estás perdiendo el tiempo y, a este paso, te quedarás sin comer.

Un día de éstos, mi Reina Rosa, prometo que seré tu Rey Azul. Por lo pronto, seguiré soñando con tocar tu mano mientras hablamos a la orilla del río.

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9 comentarios to “El Rey Azul”

  1. jajajajajajaj… aunque no hubieran puesto de quién era, lo hubiera averiguado… es casi tan ñoño como tú. Besos, nena.

  2. me encantó!!
    Arriba la ñoñez, se alcanza a percibir la dulzura y la inocencia de Ernesto
    felicidades

  3. No es ñoño, Arturo…je,je (Eres traviesoooo, ¿eh?) Es un relato tierno (como ella, vamos).
    Sabes que me ha gustado, querida.
    Un besote.

  4. el amor nunca es ñoño,solo especial como las sonrisas y las flores.

  5. Y aunque sea ñoño, podemos permitírnoslo un día y sin que nadie nos vea, no?

  6. ay amores “prohibidos”… y si, que vivala ñoñez!!!!

  7. Ay!!! Mira que sois! Pero si a mi me encandila la ñoñez de Omsi, xD!!!. No soy malo. Ella lo sabe. Es ñoña y de vez en cuando se deja llevar de su ñoñez y a mí me encanta, ok?
    Y la próxima vez que la ñorita Lindastar me llame Arturo la borro del face, vale o no vale?.

  8. Je,je, je ¡¡En qué estaría pensando, Ricardo!!…No me borrarás, ¿no? 😉
    Firmado: Ñorita Lindastar (¿Ñoña yo también? je,je)
    Beso.

  9. Guapa!!!! Pero cómo te voy a borrar, hombre!, quiero decir! mujer! y respecto a si tu eres ñoña, aún no lo he podido determinar del todo… pero que te gusta la buena vida y eres muy terrenal y vital, pues si… la ñoñez? no creo.

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