DOLLY PASSION

Ella le esperaba pacientemente cada día. Siempre en el mismo lugar.
Inmóvil, silenciosa – como a él tanto le gustaba- entregada, y… tan bella.

¿Ves como no es tan difícil encontrar lo adecuado, amigo? Solía decirse a sí mismo cuando, en algún momento nostálgico, venía a su recuerdo la imagen de una Annie a la que no acaba de olvidar por completo, a pesar de llevar cerca de veinte años sin ella.

Con su esposa, en apariencia, todo marchaba bien. Él trabajaba de sol a sol y ella se dedicaba al cuidado de lo que pretendía asemejarse a un hogar. Apenas compartían tiempo libre -siempre tan ocupados los dos- así que fue una sorpresa la llegada del pequeño Rod…Una sorpresa, agradable en principio, y una carga a la postre.

Aquella carta sobre el tapete de la mesa camilla no fue consecuencia de un arrebato, no… Dejó claro el rumbo que iban a tomar las cosas a partir de ese 4 de julio.

Él no entendió los motivos del abandono porque ni a Annie ni al niño les faltó de nada, nunca, jamás. De eso se encargaba él, de llevar dinero más que suficiente a casa …¡Qué raras son las mujeres! ¡No hay Dios que las entienda ni tipo que las mantenga!, había pensado decenas veces en su vida, pero aquel día, al menos fueron un millar las ocasiones en las que esa frase rondó por su dura mollera.

En un principio fue difícil para ellos. Para los dos. Aunque, tal vez, para un niño de apenas ocho años al que nadie se atrevió a explicar con claridad el por qué de aquel cambio, lo fuese más. Rod lloró y lloró.  Sólo supo que su mamá se iba y que, según dejó escrito, le querría siempre “hasta el infinito y más allá”. James se enfureció muchísimo porque tan precipitada huída la consideró injusta y, también, porque  no estaba acostumbrado a que los demás tomasen decisiones sin contar previamente con él, y ella había osado hacerlo. El paso del tiempo – ese que dicen que todo lo cura, o al menos, enmienda las heridas- fue el encargado de que  James, aún sin perdonar, procurase olvidar aquel borrón en su vida llamado Annie.

De ella, la sufrida esposa, nunca más se supo. Se fue sin derramar una lágrima. Segura de la decisión que había tomado. Sin remordimientos. Es de suponer que buscó su propia felicidad.

El pequeño creció rápido -como lo hacen todos- y, en cuanto pudo, se marchó. Una soleada mañana, sin sentir ningún dolor en el pecho, dejó atrás a un padre frío y distante y a  la que durante años había sido su casa. No tenía recuerdos  felices de su infancia en aquel lugar por lo que no le costó ningún trabajo cerrar la puerta por última vez. Le esperaba una nueva vida; mejor sin duda. Dio varios pasos al frente y  respiró profundamente. Es de suponer que él también buscó su propia felicidad.

Pasaron algunos años -bastantes- , y fue cuando James encontró un hogar lleno ausencias y de silencios, cuando decidió incorporarla a ella, a su compañera. Le costó mucho encontrarla, más de lo que nunca imaginó. No podía ser cualquiera, tenía que ser especial, y ella le pareció encantadora y distinta. A él siempre le gustaron pelirrojas, delgadas, de pecho abundante y acogedor- nada de seres andróginos con un par de canicas- y, por encima de otras consideraciones, aquel diablo necesitaba a alguien dispuesto y poco reivindicativo…Sin duda, ella representaba la perfección que James buscaba. La llevó a casa sin dudarlo, y también, sin reparar en gastos. Dolly era cara, pero lo valía.

Cuidaba de su compañera con un esmero infinitamente mayor al que empleó jamás con Annie, la que había sido su esposa. Con ella nunca sintió la necesidad de mimarla y, tal vez por eso mismo, la perdió para siempre. Sin embargo, con su “nuevo amor” no reparaba en contemplaciones ni en gastos, todo le parecía poco, y era habitual verle, incluso en joyerías, adquiriendo carísimos regalos. Al día le faltaban horas para estar junto a ella y, lo que comenzó siendo un juego para aliviar la soledad, pasó a convertirse en una obsesión. Decidió vivir por y para ella –hasta llegar a olvidar que, en primer lugar, él debía cuidar de sí mismo-, y se entregó con entusiasmo juvenil a la pasión hasta que, Dolly por una lado y su corazón por otro, se encargaron de acabar con aquella farsa en el sofá del salón durante una tórrida tarde de verano.

¿Quién iba a encargarse ahora de sacar las pesadas moscas de la boca de la bella y de recomponerle la melena tras aquellos encuentros llenos de frenesí? ¿Y quién llevaría, a partir de mañana, el ramo de flores que diariamente James le entregaba con una nota que decía: “Para ti, mi muñequita”?

Con una mueca, supuestamente de felicidad, él también se fue.

7 comentarios to “DOLLY PASSION”

  1. ricardocorazondeleon78 Says:

    Me parece muy original que esa balada country nos amenice comentándonos el principio del relato que luego se desarrolla. Me gustó tu relato, aún a pesar de que se refiera a seres tan decimonónicos como ese labriego.
    Pobres mujeres, verse comparadas en su perjuicio con una Dolly y salir perdiendo!

  2. arturofragasalazar@gmail.com Says:

    Vaya! Le di a borrar cookies y ya no me sale el mismo animalito que tenía, era verde, más bonito, él… enfin…
    Me ha gustado tu cuento. La única lástima es que todavía alguien se desviva por algo antes que por alguien. Y es que el que nace bruto muere bruto, porque en vez de reaccionar, siguió en su empecinamiento mental.
    Gracias por compartir, Linda.

  3. No recuerdo si fue antes la elección del tema musical para acompañar el relato o si fue el relato el que acabó amoldándose a la balada…Seguramente fuese lo segundo 😉

    Muchas gracias, Ricardo y Arturo, por seguirme. Espero continuar teniéndoos por aquí.

    Un beso grande a cada uno de vosotros.

  4. Me sigues sorprendiendo. Tienes mucha originalidad… Yo no soy ninguna experta literaria… pero me gusta lo que escribes. Lo haces muy bien, sigue así… engancha !!!

  5. Lourdes, la que me has sorprendido – y muy gratemente, que todo hay que decirlo- has sido tú al dejar un comentario.
    Muchas gracias, querida. Tú palabras me animan a darle a la tecla 😉
    Besos gigantes.
    Espero seguir viéndote por este mundo Lamedor.

  6. la falta de comunicación suele reportar pocos beneficios y la perfección no existe… jjejejeje.
    ¿Quiza la vida les de una nueva oportunidad por separado?
    ¿encontrara Dolly un digno amante?
    ¿se vendera las joyas que le regalo su anterior amor?
    ¿con el tiempo James encontraria un modelo perfeccionado y quiza autolimpiable?

  7. Je,je,je Original tu cometario, Miquel.
    Demasiadas preguntas que nunca tendrán respuestas..O sí, lo dejo todo a tu imaginalción 😉

    Un beso y muchas gracias por asomarte a este rincón y leer mi texto. Y, por supuesto, por comentarlo.

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