UN BUEN HISTORIAL por Soledad Gallardo

La vida le ha dado un respiro de dos días… Eso pensó su madre cuando le vio llegar, con la pequeña maleta de mano, la  mirada brillante y  aquella sonrisa bobalicona que le caracterizaba como a ella cuando las cosas le salían bien.

Desde la calle la llamaba. Y ella arriba en el balcón le volvía a ver  zalamero, dispuesto a saltar de alegría, con ganas de tragarse lo  comestible y fumable a su alcance, deseoso a  dejar  la piel tan enredada  en las rocas de la playa como en  los wateres del barrio.

Ya en su casa, tras una ducha apresurada, como  cada uno de sus movimientos,  rodeó una vez más a María por la cintura. Parecía que a él le sobraban brazos y a ella le faltaba cintura, pequeña desde que el hambre y las preocupaciones se instalaron en su vientre.  Y es que  Claudio la quería, a su manera. Su madre le había  apoyado en trifulcas,  en la calle y en la escuela siempre, quizás sólo porque su niño era cariñoso y sonreía cuando le trataban bien.

La sentencia salió hacía ya un año. Recogía el último robo del líder del barrio, el perpetrado a una bella frutera,  con intimidación,  que  se sumaba así a hurtos y anteriores atracos hasta un número difícil de recordar para el abogado de oficio.  Sin embargo, el mejor hijo para  su  madre, había conseguido  en los últimos días reconvertir en bueno su historial penitenciario. Así Claudio,  exultante, confiaba en un fin de semana memorable, de permiso  merecido, cuando besó a su madre y le preguntó por su secreto.

-Le di a ella la mitad, como me dijiste, y el resto… lo he ido vendiendo para pasarte en cada visita y bueno, queda un poco en el fondo del… – y ahí quedaron las últimas palabras de María hacia su hijo.

-Falta, falta, no puede ser… – replicó Claudio

Fueron solo unos bufidos y algunas palabras las que salieron de la boca, como siempre  maloliente, de Claudio. En apenas unos segundos, María recuperó la angustia adherida a su papel de madre; el pavor de no saber qué pudo haber hecho  mal o debiera haber callado, la estúpida sensación que le encogía su estómago cuando su niño dejaba la carita desvalida  que enseñaba el diente roto.

Ahora volvía a ser el tipo sin escrúpulos de mirada atravesada, la bestia desbocada que subía al desván, dispuesto a arremeter  contra la puerta varias veces repuesta. Lo que él no sabía es que dentro no quedaban más cachivaches que vender, solo un confortable sofá rojo y los útiles  de despedida  dispuestos, con el decoro indebido, de una madre rendida.

María, en un alarde de atención hacia ella misma llegó a prepararse una infusión especial mientras  justificaba su decisión. Calculaba el tiempo que un yonqui se toma apremiado por una urgencia vital, tan vital como la  ansiedad acumulada por ella para encontrar al fin la paz. Terminada la taza, dos cigarros y una conversación trivial por teléfono, respiró hondo y subió al camarote. En unos instantes rememoró escenas tratando de preservar recuerdos con algún valor, objetos que subieron y poco tardaron en bajar . Regalos,  piezas de vajillas, artículos robados… poco le importaron  que hubieran sido algún día de ella, de su padre o de sus hermanos que al igual que las cosas  salieron de aquel antro para no volver jamás.

Al llegar al descansillo, María observó que ni siquiera se notaba que la puerta , como en anteriores ocasiones ,  había sido forzada. “Probablemente hasta la dejé abierta” susuró .  Y allí, como presentía,  descansaba  el último despojo de  sus entrañas. La cabeza recostada en el mullido respaldo y un pequeño reguero de sangre en el brazo. Los ojos cerrados y el semblante de dulce sobredosis  de la mejor calidad.

Tal y como había imaginado, sin tocar nada regresó al piso. Agarró la misma maleta que ya no desaprovecharía más  él y, tras rescatar el dinero que quedaba en el fondo del edredón, salió en busca también de otra oportunidad.  Definitivamente, aunque fuera de dos días , necesitaba un respiro.

4 comentarios to “UN BUEN HISTORIAL por Soledad Gallardo”

  1. Crudo, ¿eh, Sole?
    Me ha gustado muuucho tu texto. ¡Enhorabuena!
    Lametorros.

  2. Cierto todo lo que cuentas y, muy acertadamente. Lástima de madre, todo lo que tuvo que padecer en vida de su hijo y que no terminará durante su muerte.
    ¡Enhorabuena! Ha sido un buen inicio.

  3. tremendamente…………eso.Muy bien.

  4. Uff!!! la realidad de ahora.

    Excelente, Sole.

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