…Como la luna.

Noelia tenía la tez blanca y los ojos de soñadora y triste luna nueva.

La noche la pasaba limpiando pasillos en el metro, grises, sucios, oscuros, donde el eco de sus propios pasos le ponía la piel de gallina. Los cascos en los oídos con la música a todo volumen le hacían evadirse un poco de su inhóspito lugar de trabajo, donde las ratas solían celebrar sus guateques mientras el resto del mundo dormía. Contaba inconsciente los segundos para que, momentos antes de que  el sol abriera la mañana,  el mundo comenzara a funcionar entre pitidos de tren y pasos a la carrera de los usuarios.a A pesar de toda esa particular y cenicienta existencia, en el fondo, no tenía claro si quería regresar a casa o no. Quizá era más cómodo mantenerse mejor en aquella soledad, hueca y con eco, que los pasillos del metro le regalaban.

Sabía de sobra que al llegar a casa nada sería reconfortante. Hacía un año que había quedado huérfana, y su hogar se había convertido en un infierno donde la mujer de su padre y sus hijas dominaban. Ella era la encargada de organizar aquella especie de caos habitado por fieras maleducadas, cada día, sin perder la sonrisa de falso agradecimiento por permitirla vivir bajo su mismo techo, techo que sin duda era y sentía más suyo que del resto de habitantes de la casa.

Pocas horas de descanso.  Demasiadas de cruda realidad. Pocas para soñar…

A veces soñaba, sí, se permitía pequeñas licencias, aunque fuera despierta y el golpe de realidad fuera inminente. Los paneles publicitarios de los corredores mecánicos la trasladaban a distintos lugares, al teatro, al cine, a algún concierto, la llevaba de vacaciones a esa playa desierta y paradisíaca del caribe, o a la luna, a todos esos sitios donde hacia mucho que no iba o que, cada día tenía más claro, que iba a ser imposible visitar…

La luna…, como sus redondos ojos, negra.

En una de las papeleras de la estación de Esperanza encontró aquel periódico, y volvió a soñar, sin pestañear. “Gana un viaje a la luna de Valencia”, rezaba en la primera de sus páginas en grandes letras. Leyó las bases: no se requería nada, nada más que lo típico, enviar un SMS con  nombre completo, DNI y ser mayor de edad…requisito no cumplido. Faltaba un mes escaso para sus dieciocho.

¿Qué era  un mes?-Se pregunto. Nada. No era nada. El viaje podría realizarlo para celebrar sus dieciocho,¿a quién le iba a importar un mes? En un banco, agotada de recorrer metros y metros, se tumbó mirando el techo. Frio. Cochambroso.Reiteravamente gris.Y sin estrellas.

Sin luna negra… seductora y misteriosa como sus ojos.

Cogió el móvil y escribió todos sus datos. Temblando. Dudosa. Quizás si alcanzaba esa luna su vida podría dar un cambio. No necesitaba un príncipe azul para cambiar su vida, pero si una luna nueva. Esperanzadora. Ilusionante. Como el brillo de sus ojos.

Dos días tendría que esperar para ver si ese sueño se convertía en realidad.

Solo dos días.

Dos noches de pasillos de aire rancio y sin luna.

Pendiente desde ese momento del teléfono las 24 horas, como si fuera ahora mismo cuando podría recibir el mensaje de confirmación, se imaginaba ya oliendo el mar. Ese mar que solo había tocado, olido, saboreado en sueños.

Ninguna llamada. Ningún mensaje. Ninguna respuesta. Habían pasado tres días.

Cuatro días.

Los mismos pasillos, el mismo techo, y el mismo eco hueco de sus pasos al caminar.

Sin sueño. Noctámbula. Como la luna.

Sin sueños, con lágrimas en sus ojos enturbiados, borrosos. Como la luna escondida tras las nubes cualquier noche de otoño.

… “No, no puede ser imposible alcanzar una luna…” se dijo en voz alta y , encendiendo a todo volumen su mp3, caminó con paso firme hacia el borde del anden.  Soñando. Siempre soñando.

Sus ojos redondos y su blanca piel se desvanecieron aquella mañana.

Con la luz del día.

Como la luna.

2 comentarios to “…Como la luna.”

  1. no solo me encanta!!! No tengo palabras!! impresionante relato!!permiteme que lo comparta!! Gracias y sigue escribiendo SIEMPRE!!!

    un beso enorme

  2. Un lametorro.
    Siempre me gusta lo que nos cuentas, Anna.

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