Perpetua

“Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae.” Drácula, de Bram Stoker

Hundió los colmillos sobre su cuello, y ella sería suya, para siempre…
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La mirada de Fernando III, se posaba noche a noche desde hace varios meses sobre la damisela de vestido rojo satinado. Sofía caminaba por la acera de enfrente. Los pasos seductores de la joven hacían que Fernando se estremeciera. Pareciera que su visibilidad  traspasaba sus ropas; saboreaba su cuerpo virginal. La amaba, la deseaba, necesitaba y ansiaba tomar su cuerpo.

El aire nocturno era frío, y el vuelo de las nubes en lo alto, lo hacían más evidente.

Fernando no se contuvo, era la noche perfecta. Cerró la puerta de la casona y emprendió el camino para abordar a la fémina.

– Buenas noches, bella dama. ¿Puedo acompañarla hasta su morada?- se escuchó una voz aterciopelada.
– Buenas noches, joven Fernando. No es necesario que se moleste, voy tres casas más adelante- contestó la mujer tímidamente.
– Sofía, no quiero parecerle imprudente, pero sabe a lo que vengo ¿no es así? – musitó con voz cautivante.
– He estado esperando a que viniera por mí desde hace tiempo, señor.

De un ágil movimiento, Fernando la asió por la cintura y la atrajo hacia sí, y en un santiamén, los jóvenes cruzaban la calle para adentrarse en la casa de los Condes. Sentir el contacto físico de Fernando hizo que a Sofía le recorriera un escalofrío por la piel, no a causa del frío, a pesar de que el viento soplaba cada vez más. Mientras se adentraban en el lugar, el apuesto caballero cuestionó:

– Sofía, sabe lo que se dice de mi familia, ¿verdad?
– Si, lo sé; no me importa lo que la gente cuenta. – respondió su acompañante.
– Y si fuera cierto el oscuro pasado que recae sobre nuestro linaje ¿tendría miedo?
– De ninguna manera, lo sabe. Quiero ser lo que usted es, ver lo que ve. Usted es el amor y la “vida” que yo quiero. Un amor inmortal a su lado, será un refugio seguro.

Fernando III no lo dudó. Había esperado un par siglos a la mujer de su “vida” y no iba a esperar un segundo más.

Hundió los colmillos sobre su cuello, y ella sería suya, para siempre…

– Quema. Me gusta. Duele. Le amo. – se escuchó la voz casi extinta de Sofía.
– Ya no más, hermosa mía. Yo también le amo, para toda la eternidad.

En el último suspiro, Fernando besó los labios de su amada;  y con su saliva, inyectaba el elíxir de un nuevo comienzo para Sofía.

El viento cesó; se detuvo a observar la escena de los amantes eternos.

Una mirada iluminada por el amor se apreciaba en los ojos de Fernando Tepes III, uno de los últimos descendientes del legendario Vlad Dracul.

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11 comentarios to “Perpetua”

  1. nooooooooooooooooo!!! es HERMOSO! GRCIAS SHARON! UN BESOTE!!

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