CURCÚBITA MÁXIMA

 Me llamó la atención, amén del sabor dulce y del característico aroma que desprendía ese primor de mujer, la textura densa y firme de su cutis aunque su apariencia fuese la de la tan delicada porcelana china. Hablo de un tiempo, evidentemente, ya pasado. Cada amanecer cuando miro el Mapa Mundi con el que comparto mi cama -¡qué desgracia no tener presbicia!-, lamento mi mala suerte y me digo: << ¡Cuánto mal hace al físico el paso de 365 días multiplicados por equis años! >> Ella supongo que pensará de mí algo similar, pero esto ya no viene al caso.

Resultó del todo lógico que, una indefensa presa como yo, cayese en la tela de araña que Julia tejió durante los escasos ocho meses que duró nuestro noviazgo. Ella fue la primera fémina que caté en treinta años y, por lo tanto, fui incapaz de resistirme a sus encantos. Me  dejé comer de arriba a abajo a la primera de cambio en el huerto del tío Facundo y a diario me arrepiento de la debilidad que mostré en aquellos momentos.

Echo la vista atrás y, al recordarla en  sus años mozos, me saltan unos lagrimones infinitamente mayores a los que me provoca picar cebolla. A día de hoy mi “es/pasa” es casi un calco de su difunta madre, la señora Aurelia. De aquella mala mujer -una auténtica bruja de las de verruga, sombrero y escoba- sólo se podía aprovechar su saber hacer entre fogones, porque hay que reconocer que sus pócimas siempre fueron exquisitas, al César lo que es del César, sin embargo de mi Julia no se pueden resaltar sus artes culinarias. Tanto es así que soy el encargado de atender la cocina desde el primer día que compartimos techo ; allá por el Pleistoceno, calculo a ojo de buen cubero. Al principio lo hacía gustoso –esos primeros años de casados suelen ser dulces, tipo cabello de ángel- e inventaba mil recetas para, en primer lugar, impresionarla a ella y, en segundo, para aprovechar las toneladas de calabazas que nos traía el tío Facundo de su generoso terreno, tanto en cantidad como en calidad… Hasta demasiado generoso, diría yo. Como también llegó a serlo la señorita Emilia  durante todos y cada uno de los trimestres de la etapa escolar de nuestro pequeño Raulito, un niño regordete con pintas de pasmado y también de bobalicón, pero listo como un lince para el mercadeo desde que se agarró a la teta de su madre con un entusiasmo digno de un adulto. Aquella maestra -Dios la tenga en su gloria- le obsequiaba con absoluta puntualidad con decenas de ceros… tan perfectos, tan redondos…¡tan duros para unos padres que anhelan que el primer universitario de la saga familiar habite en su hogar! El chaval nunca fue buen estudiante pero, como estaba muy familiarizado con esas plantas rastreras desde su más tierna infancia, pronto se ocupó de la explotación que le dejó en herencia su tío, también  padrino, haciéndolo tan bien que, gracias a la comercialización de esos productos anaranjados, su cuenta bancaria ha crecido de una formal descomunal. Nuestro retoño ahora es conocido como “Eurito Pepinoide” y vive la mar de bien. Él  se siente realizado y feliz; mientras tanto, yo soy infeliz junto a su crecida y oronda progenitora, cada día más bruja, cada día más como su difunta madre… La muy jodida, ¡qué genética tan potente tenía!

Me empiezo a plantear qué será más conveniente hacer con Julia: si dejarla- como quién no quiere la cosa- en el puesto de algún mercadillo medieval a modo de objeto decorativo, si convertirla en una linterna de Halloween o si…¡Ya está! ¡Haré un rico caldo con ella! Los pucheros son lo mío, siempre me lo recuerda mi “es/pasa” cuando se pasea con su escoba por la cocina.

6 comentarios to “CURCÚBITA MÁXIMA”

  1. Buenísimo fillebleu.me encanto.

  2. Muchímas gracias por dedicarme un ratito, Belle.
    Muacksss, querida.

  3. Excelente, como siempre!❤

  4. ¡¡Lo que dan de sí las cucúrbitas!! Pobre hombre capeando entre dos brujas ¡¡Por fin alguien nos entiende!! del bando femenino “claro”. Te estamos muy agradecidos por proporcionarnos ingredientes para el caldo.
    Ingenioso y divertido, Linda

    Muchosss besosss

  5. También como siempre, gracias por tu comentario, Burbu.
    Un beso grande.

  6. Patxiiii, no me hagas arrepentirme de haber escrito este texto, ¿eh?…je,je. Hay ingredientes más apetecibles para un rico caldo, so malote.

    Muackssssssssss, guapo. Y mil gracias por leerme.

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