LORENA (por Tere Ardiz)

Mis ojos se iluminaban en cuanto ella aparecía, cada mañana, con esa seriedad tan suya, con esa cara angelical que por más que se esforzaba en hacerla fea a base de fruncir el ceño, no conseguía restarle ni un poco de su belleza. Se colocaba en su asiento y sin falla, cruzaba la pierna derecha dejando ver un poco más allá de la frontera de su falda, me gustaba y mucho, sin embargo evitaba cualquier roce con ella por el temor a ser demasiado obvio y que descubriera el más grande de mis secretos….

Y es que no sólo era la timidez que me provocaba esa exagerada seguridad en si misma, era el hecho de que yo sabía de antemano que estaba muy por encima de mi, que desde su silla, para ella era uno más en el montón. A veces, para mi buena, o mala suerte, me tocaba acercarme y podía aspirar su perfume suave y sentir la tibieza del sudor que constantemente limpiaba de su nuca con un pañuelito rosado, más trataba como fuera de ocultar ese nerviosismo que me generaba su cercanía.

Y después, al final de la jornada, esperaba paciente a que ella saliera y poder acompañarla con la mirada hasta que subía a su automóvil rojo y se perdía en el horizonte del final de la calle, entonces felizmente podía regresar a casa.

Pero el resto del día, acompañaba mis pensamientos y revoloteaba en mis sensaciones, ella….Lorena, mi maestra de sexto grado.

Un día no pude más y con la inconsciencia de mi edad, plasmé mis sentimientos en una carta, la más cursi, supongo, que jamás se hubiera escrito, y nada habría pasado de no ser porque mi madre, que no entendía ni un poco de estos Figura-sustituta_LRZIMA20111207_0114_3asuntos, la adjuntó a mi trabajo bimestral pensando que se trataba de la misma tarea…

Las carpetas fueron entregadas y mientras resolvíamos problemas matemáticos, Lorena revisaba los trabajos, nunca olvidaré la cara que tenía cuando mencionó mi nombre enfrente de la clase, no podía estar más desconcertada ni yo más avergonzado. Salimos del salón y me interrogó, no podía ni verla a los ojos, me sentía un barbaján hablando de sus piernas, de sus caderas, de sus pechos….pero Lorena se portó comprensiva, incluso consentidora, aún así, no me libré de que platicara con mi madre. El resto del año, fue todo un suplicio para mí.

Yo volé de la escuela primaria y dejé de verla, crecí y conocí a otras chicas, incluso, tuveamoríos con alguna maestra en la universidad pero jamás borró el recuerdo de Lorena.

El 23 de marzo de 2009, cuando tenía ya 28 años, un día la reencontré, así, como una casualidad, tomamos un café pues me reconoció de inmediato y ese fue el recomienzo de una gran historia de amor, hoy, ella y yo estamos felizmente casados ya hace 2 años y estamos esperando un hijo….y sin temor a equivocarme puedo decir que es ella el amor de mi vida.

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5 comentarios to “LORENA (por Tere Ardiz)”

  1. me ha trasladado a la epoca en la que imparti clases en una escuela comercial y recibia uno que otro cumplido de mis alumnos =):

  2. Yo creo que siempre ocurre, enamorarnos de una profesora, lo que pasa es que se suele ir con el tiempo. Nadie tiene tanta suerte como tu protagonista. Atención a las tildes y a la puntuación. Me gusta mucho la pertinaz búsqueda del niño en pos de su sueño y la confianza y seguridad que demuestra en querer alcanzarlo.

  3. Tuvo suerte…No suele pasar 😉
    Gracias por tu aportación, Tere.

  4. Lo mejor, que el amor se salga con la suya, y terminen unidos.
    saludos.

  5. una grata historia de amor

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