MI CORTESANA

Al parecer mi nombre completo es José Manuel Expósito Nardués.

Atiendo a la voz de Manu porque es así como me llaman las pocas personas que me conocen -supongo que lo hacen por abreviar y por facilitar un poco las cosas- y, también, porque a mí me gusta. Sin embargo he de reconocer que jamás he tenido una certeza absoluta de que mi identidad sea la que me hicieron creer las Hermanas durante los dieciocho años que malviví con ellas y con una veintena de personitas a las que acabé cogiendo relativo cariño, quizás porque estaban tan desamparadas e indefensas como yo. Con el paso del tiempo, tras darnos información a cuentagotas y después de mucho preguntar, supimos que a cada uno de nosotros, alguien, un día cualquiera, nos abandonó a las puertas de aquel triste edificio con el propósito de aligerar sus vidas. Eso fue todo lo que nos dijeron las monjas a los preguntones. Nuestros orígenes continúan siendo una incógnita que, con toda seguridad, no se despejará jamás; aunque, curiosamente, más de la mitad de nosotros tengamos como primer apellido Expósito –hoy entiendo el por qué-, y la inmensa mayoría llevemos como apellido materno el nombre de algún pueblo; lo que ya supone una pista, al menos en teoría.

Así de sencillo. Así de complejo.

Tras los muros de aquel convento los niños intentábamos sobrevivir como podíamos pero, aunque jugásemos a soñar e hiciésemos mucho ruido, siempre acabábamos en brazos de una realidad tremendamente silenciosa llamada soledad. A pesar de que lo procuré con idéntico empeño que mis compañeros, allí no conseguí ser feliz. Nunca. El ambiente que se respiraba entre aquellas cuatro paredes, tan ajadas como nuestros corazones, estaba lleno de reproches. El mal flotaba en el aire y, por obra y gracia de esas Hermanas que más que casadas con Dios lo estaban con el mismísimo demonio, el pecado siempre acababa posándose en nuestras aún inocentes cabezas. A pesar de los años que han pasado, continúan  doliéndome las yemas de los dedos, y todavía más las heridas sin cicatrizar que han quedado en mi alma, cuando pienso en los abundantes y desproporcionados castigos con los que nos obsequiaban cada vez que hacíamos alguna trastada que ellas consideraban impropia.

Recuerdo con absoluta nitidez el terrible momento en el que una Hermana aprovechó uno de mis habituales interrogatorios para restregarme sin ningún tacto ni compasión, teniendo en cuenta que yo rondaría por aquel entonces los ocho o nueve años, que estaba con ellas porque mi madre era una mujer fácil a la que estorbé en su día.

 –“ Es una puta”- fueron las palabras textuales que empleó la hiriente Sor Bernadette. – ¿Crees que si de verdad te hubiese querido y hubiese sido como tenía que ser estarías aquí?¡Piensa un poco, Manu, por favor, que ya tienes edad para hacerlo!-

Aquella noche, otra más, no pude dormir. Lloré hasta el amanecer. Amargamente. En silencio.

Fueron años llenos de todo tipo de carencias. Años tristes.

Para ser justos, hoy, a mis mal llevados cuarenta y dos años, y haciendo un repaso mental de esa etapa de mi vida, quiero pensar que hicieron todo aquello con la mejor de las intenciones y con la sana intención de “hacernos hombres de provecho”, como repetía insistentemente Sor Jesús, la única Hermana que evitaba darnos cachetes y collejas.

Fumete (3)

Llevo veinticuatro años viviendo fuera del convento, sin dar explicaciones a nadie, a mi aire, y puedo decir que me siento libre, aunque siga abrazado a  mi compañera soledad y a demasiados paquetes de tabaco, mis únicas compañías desde hace demasiado tiempo. Ya no lloro -si acaso lo hacen mis pulmones- y evito los recuerdos a pesar de que, aún sin desearlo, conserve más de un reproche en el bolsillo de mi sucia americana junto a un mechero que, de poder hacerlo, todo lo quemaría.

11 comentarios to “MI CORTESANA”

  1. Maravilloso relato de una gran realidad, y la dificultad de llevar una vida como el resto de quienes se educaron en una familia, pues en algún momento se llega a abrazar a la soledad, y cuesta dejarla a un lado.

  2. Genial…y agridulce

  3. Muchas gracias a las dos😉
    Efectivamente, es un texto con cierto deje agridulce porque la vida de muchas personas es dura, ha sido, o lo será. Simple reflejo de lo que muchos, por desgracia, han pasado.
    Besos.

  4. Desde luego es un cuento crudo, triste y real. Es completamente cierto que esas almitas jamás se recuperan por muchos años que pasen y o se convierten en carne de cañón de la delincuencia o nunca llegan a ser felices adoptando a su soledad, como dice la canción, como su verdadera y única compañera, su amante fiel.
    Muy bonito Linda. Me ha encantado. Es muy tierno.
    Y la música es adorable. Gracias por deleitarnos con este relato,

  5. Nadie debería tener carencias, sobretodo afectivas. Me ha encantado de todas formas,mucho!!!

  6. Buen relato de actualidad Linda, las inclusas y los conventos hicieron estragos en su momento. Unos con mejor o peor suerte, chicas para familias de viudos, chicos para trabajar gratis. Todos tienen resentimiento de aquella época. Mi suegra es una de ellas, parece ser que vino de una inclusa del país Vasco Francés. Nunca le he oído hablar del tema, Idoia dice que no lo ha aceptado en la vida. Me gusta Georges Mustaki

    Besossss

  7. Absoutamente nadie, Elena, pero la realidad es que la hay😦
    Gracias por leer y comentar.
    Un saludo.

  8. Patxiiii, sin duda tiene tiene que ser una experiencia que marca de por vida. Entiendo que tu suegra no hable de ello, tendemos a no recrearnos en lo negativo, aunque sólo sea por salud mental.
    Muacksss, guapo. Muchas gracias por estar por aquí.

  9. Amiga,como siempre,perfecto.

  10. Mil gracias, Sirvenza.
    Muacksss.

  11. Gracias, Ricardo. Tú sí que eres fiel😉
    Un besote.

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