Mercancía peligrosa (por Sirvenza)

Oscurece, mmmmmmmm, respiro hondo. Voy despojándome de mis vestiduras con cada paso. El casco, la malla, la coraza. Me adentro en la arena, me espera el mar. Despacio, noto la sal en mis heridas, me sumerjo en el agua.IMG-20130625-WA0006 No deseo salir de las profundidades pero mis pulmones tienen un límite que ni yo puedo superar. Nado un rato en dirección a la luna que se pierde en el horizonte, mis músculos fallan. He de regresar a la orilla. Tumbado observo las estrellas. He de ponerme de nuevo la armadura. La camiseta llena de arena, mis tejanos malolientes y mi gorra negra. Miro de reojo por última vez el mar, me llama, me engatusa con el ruido de las olas pero he de continuar hacia la carretera. Una moneda al aire me indica la dirección a seguir. Vuelvo al norte, creía haberlo perdido. Diviso unas luces de neón, algún club de compañía. Eso significa que puedo conseguir un vehículo y un poco de calor.

 

Me apetece conducir un camión, qué coño, estoy contento. Las rameras me engatusan, juegan conmigo pero las ignoro. Lo primero es conseguir un trago. Dos cervezas más y ya tengo dos chicas lamiendo la sal de mi piel. Por segunda vez esta noche me despojo de mi armadura. No distingo bien si son hermosas o no, tan solo me importa aplacar mi deseo. Las monto varias veces hasta vaciarme. Apesto, salgo a tomar aire. Un cigarro, regreso al burdel. El dueño del camión solo quiere beber hasta el amanecer, también ignora a las chicas. Simplemente aplaca su sed de otra forma. Pero tendrá que mear y entonces yo tendré sus llaves. Por fin se tambalea hacia el lavabo, empujo a la morena que tengo pegada. Le pido educadamente las llaves, tras su no, le rajo el cuello. Lo saco del prostíbulo por la ventana del baño. Un último trago y subo a una habitación con la morena, me gusta. Sigo apestando. Le pago con la tarjeta del camionero, si hay crédito no hay preguntas. Por fin fuera vuelvo a respirar.

Arranco el puto vehículo, la moneda decide a la izquierda. Odio la gente que se queja en la radio de madrugada, esos locutores histéricos por la cafeína y canciones desempolvadas que no se aguantan ni a estas horas.

Mmmm, control!! Ni siquiera sé que transporto conmigo aunque lo peor es que desconozco mi destino. Entrego mi hoja de ruta al agente, mientras el segundo comprueba mi documentación. Supongo que hasta hoy mi expediente estaba limpio pero tengo la necesidad de que apeste como yo. Los chalecos antibalas no protegen la yugul

ar, el primero cae en mis brazos y cuando su compañero se da cuenta ya tiene una bala en la frente. Vamos a jugar un poco, notifico por radio la baja de los agentes. He de verificar mi mercancía antes de partir. Abro el compartimento del remolque. Son niños, mujeres, una veintena de personas. Salen como pueden y se pierden en la noche. Entro en la sala de horrores, hay un par de cadáveres. No me quito la coraza porque ha estallado en pedazos como una copa de vidrio, una mujer llora con su hijo muerto en sus brazos. Le doy mi pistola y salgo. El disparo retumba en mis oídos. Recojo la hoja de ruta del coche de policía .Grabo su destino en mi mente. Sigo en la dirección indicada en el coche patrulla, sigo apestando.

IMG-20130624-WA0001

Las primeras luces del alba asoman tras la colina que se pierde en el horizonte, de momento he tenido suerte y no me he cruzado con ninguna manada de chupasangres del desierto. Aunque supongo que a partir de ahora empezaré a esquivar los desfiles de zombies descerebrados que vuelven a sus madrigueras.

 

Necesito otro baño de sal y ropa, me estoy quedando dormido.

 

 

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5 comentarios to “Mercancía peligrosa (por Sirvenza)”

  1. Rápido, rápido, rápido.
    Al estilo Tarantino.
    Muy bueno, Sire.
    ¡Enhorabuena!
    Muacksssssssssssss.

  2. Amigo!!!…adorablemente aterrador, muy bieeeeeeeen de verdad,muaaaaaaaaka!

  3. Ahhhhh y la canción, perfecta, como el relato!!!

  4. ricardocorazondeleon78 Says:

    Muy bueno. Por un momento, creí entrever otro final que hubiera quedado también de escándalo.
    Cuando su coraza se rompe y la mujer se pega el tiro creía que él miraría la hoja de destino de lo que contenía y que se iba en esa dirección, en el coche patrulla, para ajusticiar a los destinatarios del contenido del camión.
    Saludos.

  5. Linda muacks,Elena amiga gracias y Ricardo el relato continua por ahí pero será otro dia .Me alegro que os guste.

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