Fantasías del pequeño asesino (por Sirvenza)

Al final de la escalera encontré una copa de vino llena de espuma de mar. Recordé entonces que había soñado con el océano.
A mi mente regresaron estúpidos recuerdos de mi infancia.
Las calles me parecían llenas de cabezas vacías. Pero tan solo eran en mi jardinextraños pensamientos en mi mente perturbada. Aún así, seguía imaginando como librarme de los seres que me rodeaban. Decidí cambiar el mundo y cambiarlo a mi gusto.

Comencé aniquilando a todos los bastardos que se negaban a aceptar mi voluntad. Pues de eso se trataba. Aceptas o mueres.                           

La vida era, además,  lo que menos iba a desear la gente con mis cambios.
Empecé con niños, mujeres y ancianos. Luego cayeron el resto. Las autoridades creían que se trataba de un psicópata paranoico  con repulsión a la evolución de la vida. No sabían con quien estaban tratando. A un depredador no se le puede juzgar por los
restos de carroña sobrada de su festín. ¿Cómo demonios pretendían cazar un lobo con trampas para perros?
Estaba claro, eran jodidos inútiles, lo cual me animaba a divertirme con ellos. Todo empezaba a ser duro para todos esos capullos que me habían ignorado todo este tiempo.
Mi arsenal rudimentario les hacia la búsqueda mucho más difícil de lo que yo mismo, en un principio, había pensado. Un par de viejos abrecartas, la navaja de afeitar y los machetes de montaña. Todos ellos afilados al mismo grosor. Me suponían un placer inmenso en las mutilaciones que practicaba.
La clave de la vida es el éxtasis del cuerpo.

Pero el mejor recuerdo sigue siendo el placer de aniquilar.
El preciso instante en que la víctima se retuerce para dar el último suspiro a su estúpida vida. Como una mezcla de ajo  y pimienta en su aliento.
Jamás he vuelto a sentir ese placer, es como robar almas. Lo sigo necesitando como el cigarrillo antes de dormirme.
Ahora tengo a mi alcance todas las cosas que podría ansiar, pero el regusto de la matanza no se puede conseguir con dinero.
Quizás debería de empezar a hacerlo de nuevo. Pero estoy muy viejo para volver a salir a la calle, en busca de victimas a las que descuartizar o machacar con un martillo. Mi cuerpo anciano ya no resiste el frio de la noche en callejones sombríos.
Creo que voy a  tener que buscar ahora un juego más acorde con la posibilidad que me da mi viejo cuerpo. Mmmmmm, cometer mi suicidio sería lo supremo. Pero sería  un momento de placer sumamente corto y los disfrutarían los demás. Y no llegaría a ver mi sufrimiento en el último instante, el placer no sería completo.
Bueno es hora de dormir, de dejar de jugar al malote. Mañana tengo que madrugar para ir al cole, pero en cuanto me vuelva a acostar me adentraré en mis fantasías…

5 comentarios to “Fantasías del pequeño asesino (por Sirvenza)”

  1. Que conste que le he dado a Me gusta como Blogger de word press, pero que si quieres arroz Catalina. La foto ya hace días que se escacharró.
    Muy buen relato, Sirvenzas.
    También le di a las 5 estrellitas. Creo que de todos los que has escrito es el que más me ha gustado.
    Un saludo.

  2. Ahora, sí, después de darle p’al pelo al pc…

  3. Terroríficas fantasías amigo, pero que bien relatadas, con tu inconfundible sello. Me encanta!!!!muaaaaaaaaaaaaa

  4. Mmmmm amiga,muaaaaaaaaaaa.

  5. Bueno, bueno, buenísimo.
    Me ha encantado, Sirvenza.
    Un beso.

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