NÉBULA

Aquella mañana, el sol no lucía de verano pese a ser finales de Julio. Las nubes se habían confabulado para ocultar su rostro y hacerle llorar, mientras Delta Acuáridas, en caprichosa fantasía, había prometido a la negra luna llorar brillantes perlas para compensar.

Con la misma cara triste del día se despertó Tobias, recordando con cuanta ilusión había dejado todo para vivir en aquel lugar. Idílico. Verde. Rojo. Amarillo. Blanco. De colores intensos. Puros. Como su aire. Azul. Como su lago. Negro. Como la roca que se erigía en medio del azul.

Abandonar aquella paz no era fácil, pero el peso de la edad le condenaba.  Y a pesar de que, extrañamente, allí nunca se había sentido solo del todo , siempre había tenido la sensación de estar compartiendo espacio con alguien más, su elegido retiro, su imaginada soledad, su acostumbrado abandono, y esa especie de indeseada tristeza en el alma, se habían convertido en perturbados inquilinos que, en contra de su corazón, aporreando su cabeza le repetían que tenía que desahuciarlos.

Comenzó su rutina como siempre. Una sartén, un huevo, sal, ajo y pimienta para desayunar mirando el paisaje desde la ventana, sin cristales. Con los ojos nublados entre lágrimas que se negaban a resbalar cogió el cartel y el martillo. SE VENDE rezaba en la puerta que cerró con llave a conciencia sabiendo que de cualquier forma nadie querría entrar a robar nada porque no había nada para robar.

Respiró hondo y se acercó a la orilla del lago. Un último baño antes de la partida.

Mientras las nubes bajaban pintando el paisaje de oscuro gris, desnudo se zambulló para no volver a emerger.

…Nébula, con su cuerpo de mujer, quiso abrazarle y besarle. Tanto tiempo observándole, a lo lejos, desde la roca, sin poder decirle nada. En secreto. Sin acercarse a él. Tanta pasión reservada.  Tantas noches en mi jardinestrelladas desde que besó y abrazó por última vez, que Nébula había olvidado que con sus garras , en el abrazo, le rompería el corazón y con su beso le dejaría sin respiración.

Sobre la roca distante, mirando el cartel colgado en la puerta cerrada de la casa, triste y desconcertada, se resignó a esperar una vez más a su próximo amor.

Mientras, el lago en elipses se fue tiñendo de rojo.

Oscuro.

Como el día.

Profundo.

Como el lamento de una sirena desolada.

Inquietante.

Como el silencio que desde entonces acompaña al paisaje, a sus colores, a la casa, a la roca y al lago dormido en la niebla que  aún no levanta.

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3 comentarios to “NÉBULA”

  1. con el sello de rizos,me encanta.

  2. ¡Qué bueno, Anna! Estoy de acuerdo con Sire, es totalmente tuyo.
    Lametorros, bella.

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