SE ACABO LA FALSEDAD (Por Yoli González)

Llevo reconcomiéndome días. Cada vez que abro el puñetero facebook veo cincuenta mil fotos o imágenes rebosando mensajes de felicidad. Mis amigos. Los amigos de mis amigos. Reuniones. Brindis. Sonrisas. Besos. Regalos. Roscones. Brillantina. Purpurina. Hoy tenía que hacerlo, ya no aguantaba más. Escribí mi estado: “ ¡Por fin se acabaron estas Falsedades! No me gustan nada estas fiestas. Prefabricación de consumismo. Todo derroche sin sentido. Vale que le guste a los niños, pero los adultos somos adultos y deberíamos ser más consecuentes. Tenemos el resto del año para hacer lo mismo pero mejor, de una forma más económica, más responsable y sin estar obligados por el Corte Inglés”. Que a gusto me he quedado. En seguida he recibido un montón de me gusta y confirmaciones apoyando mi reflexión.  Espero que mientras el resto de mis amigos comentaban mi estado no estuviesen con el lagrimón en el ojo como yo mientras lo escribía. DueleEn el fondo me duele lo que he escrito. Realmente me hubiese encantado que mi chico me hubiese comprado el vestido aquel que vi en  Zara y me lo hubiese dejado debajo de ese arbolito que no he puesto porque ni siquiera tengo chico. También me hubiese gustado poder sentarme en una mesa rodeada de amigos y gente a la que quiero, pero mi familia hace ya mucho que no me habla, que si tu, que si yo, lo típico.Y aunque sé que si nos hablásemos podríamos reunirnos cualquier otro día, cualquier otro día siempre habría  una excusa llevados por la vorágine del día a día, el trabajo, el estrés, la distancia, el metro, el autobús, un dolor de cabeza, el mercado, un atasco. Me pregunto si ellos lo habrán celebrado y si se habrán acordado de mi. Me hubiese gustado arreglarme, ponerme bellísima, y salir a tomar una copa para celebrar el Año Nuevo con miles de gente borracha a mi alrededor…¡hace tanto que no salgo! Y si pudiera salir todos los días, ¿por qué no iba a salir esa noche? Ah! Sí! Ya lo recuerdo, porque todo es más caro y está masificado, o no, pero si no es más caro ni está masificado, salen todos los borrachos, como todos los fines de semana. Un gasto innecesario más, como los cuatro pintauñas que tengo de distintos tonos rosas y los cinco pintalabios a juego con los pintauñas y  los tres rímeles alargapestañas y la colección de zapatos y botas que adornan mi fondo de armario junto con un montón de vestidos que ni me pongo. Entonces me acuerdo de los niños de Biafra, los niños sin regalos y con hambre, las familias desahuciadas …mesas llenas de langostinos, jamón, canapés….cuando hay pechuga de pollo encima de la mesa y patatas fritas no me acuerdo,  ni siquiera si me hago canapes o como langostinos cualquier domingo me acuerdo de ellos, pero imaginando esas mesas , en estas fechas, llenas de delicatessen, sí, pienso en el hambre en el mundo y en el pobre de la Gran Vía arrodillado  en el suelo, muerto de frío, semidesnudo  que con voz de ultratumba pide una limosna por el amor de Dios…Y es ahí donde me doy cuenta de que soy yo la que vivo en mi propia Falsedad. Justifico mi desidia y mi soledad, lo que quiero y no puedo,  diciendo que lo hago por que me da la gana, que no salgo porque no quiero, que soy solidaria y me acuerdo de como está el mundo en estas fechas de falso Diciembre ( ¡ojala fuese Agosto !, un mes más sincero, y estuviese  en una terracita tomando unas cervezas y una tapitas en vez de andar ahora  comiéndome el coco por los niños de Biafra, el pobre de la  Gran Vía, las familias desahuciadas, los niños sin regalos  y la Navidad-  el verano, las vacaciones, eso es otra cosa -) pero, y esto que quede entre nosotros, en el fondo, de lo que tengo ganas, antes de que se me hiele el corazón y que con tanta humanidad me  termine deshumanizando, es de descorchar una botella de cava al lado de alguien. Calor . En cualquier crudo invierno o infierno. Y brindar. Sonreír. Besar. Regalar. Entregar mi corazón. APASIONARME, con o sin excusa. Igual que me gustaría hacerlo el resto del año. Se acabó la Falsedad. El próximo año pienso llenar mi facebook de fotos con mi familia, mis amigos, mi perro, mi gato, el vecino del quinto y los langostinos, los centollos, el jamón, todos  brindando. Abrazando. Besando. Sonriendo. Mandar SMS. Whatsapps de felicidad. Y todo porque sí , porque me da la gana y, por supuesto, por el Año Nuevo.

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