Dicotiledóneas (por LaLeTiLú)

Alba y María eran amigas. Muy muy amigas. Tan tan amigas que iban al baño juntas, bajaban a fumar juntas al patio, comían juntas en el recreo, salían los fines de semana juntas…y entre diario ambas miraban por encima del hombro al resto de los compañeros de clase. Las dos como dos gotas de agua. De la misma estatura. De la misma edad. Con la misma melena negra lisa hasta la cintura. A las dos les gustaba Juan, ese chico, estereotipo, de sonrisa brillante, grandes músculos y neurona nula…pero que más daba la neurona, total, para un revolcón, mejor cuanto menos pensase.

En Juan era donde únicamente existía su punto de fricción no confeso. Ninguna jamás le dijo a la otra que ese chico le ponía a mil, y se deshacían en comentar cualquier cosa sobre él que fuera negativa para intentar que la otra, no confesa, se desenamorase.Duele

-“¡Joder1¡ qué paleto!, ¿has visto que hoy lleva los calcetines a rayas? La madre que le pario. Si eso no lo lleva ni mi padre.

-“¡Ya te digo! y el estuche ese que lleva del Barça. No me molan nada los tíos que les gusta el fútbol, seguro que luego llega el domingo y lo único que les apetece es estar con los amigotes en el bar viendo cómo termina la liga en vez de mirar si yo llevo o no ligero.”

-”¿Y el ridículo que ha hecho hoy en clase? ¿Qué me dices?”

– “Sí, jajajajaa. Menuda leche se ha pegado al saltar al plinto.”

– “Jajajajjajaa.Tia, me encanta ser tu amiga! ¡Siempre juntas!”

– “¡Siempre juntas!” ´gritaron las dos agarrándose fuertemente las manos.

Así eran sus conversaciones habituales, basadas en criticar a todo el mundo que les rodeaba, Juan incluido. Pero, una vez en casa, y lejos la una de la otra, le enviaban whatsapps intentando llevarse el gato al agua. Al día siguiente Alba y María seguían con su paripé. Orgullosas, sin mirarle o mirándole por encima del hombro como al resto de los compañeros, las dos sabían que eran si no las de las mejores notas, al menos, las más llamativas y las que más mundo aparentaban, y eso les hacía tener al resto de la clase a sus pies. A Azucena la tenían de esclava. “Azu” era la típica niña que sin ser fea, lo parecía. Sus padres tenían muy mal gusto a la hora de recomendarle como vestir. Eso, o eran muy anticuados. Pero con casi diecisiete seguir con faldas hasta la rodilla, vaqueros anchos pasado de moda y camisas abrochadas hasta el último botón, impedían su integración. La niñez y la adolescencia son crueles. Y eso duele. La única forma de conseguir ser mirada o sentirse parte del grupo era accediendo a todos los sobornos y engaños a los que Alba y María le sometían.

Lo que tiene ser almas gemelas es que a en muchas ocasiones se piensa lo mismo.

Las dos amigas decidieron utilizar al único eslabón que les parecía un fuera de juego e intentar una cita a ciegas:

De María a Azucena

Oye, creo que tienes el teléfono de Juan, es que me he traído su rotring, le puedes decir que mañana sábado a las cinco se lo devuelvo en frente del Bar Tena, que igual lo necesita para sus deberes de Técnico.

De Alba a Azucena

Guapa, que no tengo el teléfono de Juan, podrías decirle que la profe de inglés me dio unos deberes extras para el finde, y que mañana se los doy.

De Azucena a María:

 Vale, no te preocupes. Se lo digo. Te cuento

De Azucena a Alba:

Me ha dicho que a las cinco en el bar Tena.

De Azucena a María:

A las cinco te espera.

El Sábado por la mañana, Alba y María se telefonearon como de costumbre, con su mejor rollito, criticando todo lo vivido a su alrededor en el instituto y riéndose de todo lo que soñaban con despellejar. Se despidieron con un: “tía…lo siento, pero es que hoy lo tengo complicado, tengo mucho atrasado y tengo que estudiar”, y un :” lo sé, lo entiendo.., que te voy a contar, Alba, que tú no sepas”.”¡Muaquis, guapi!”. Mientras colgaban el móvil, con sus ojos pícaros, las dos iban  haciendo repaso y decidiendo en su armario qué ponerse.

A las cinco, puntuales, como las manillas del reloj, con su mejor sonrisa y sus mejores galas, llegaron al bar:

-¿Tú que haces aquí?

-¿Y tú?

-¡Yo he preguntado primero!

La cara de ambas era para escribir poemas.

Dentro ,en el bar, Azucena con la mano de Juan en la cintura reía sin parar mientras el la acariciaba el pelo. Dice el refrán, que quien ríe el último, ríe más y mejor…y eso también duele.

Alba y María ya no se hablan, ni bajan a comer juntas, ni cotillean juntas, ni se llaman por teléfono y posiblemente nunca más lo harán. Siguen yendo a la misma clase, teniendo la misma melena negra larga, la misma edad y la misma estatura. Mientras ellas no se miran y pasean cabizbajas por el patio como dos gotas de agua que se resbalan, el resto de compañeros las miran, a su parecer, como por encima del hombro.

“Azu” aún sigue riendo de la mano de Juan. Los dos supendieron inglés y dibujo técnico, pero han aprendido a dibujar elipses perfectas con sus lenguas sin necesidad de rotring y a entenderse sólo con con un gesto, sin más idiomas.

¡Qué bonita es la amistad! (para siempre).

 

 

 

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