EL QUEBRANTO DE LAIA

1383442_10202121104622963_973091126_n.jpg DUELE

No existían signos de violencia, tampoco se apreciaban heridas externas anómalas; sin embargo, en el ambiente se percibía un nauseabundo olor capaz de matar a la propia muerte.

Duele ver que los que ayer fuesen unos chispeantes ojos verdes hoy estuviesen bañados por un intenso azul noche y que llorasen en silencio, aunque de manera escandalosa, mientras hablaban de sufrimiento y de intenso dolor.

Ella había llegado a quererlo más que a su propia vida.

                                                      *******************

 Laia decidió dejar su Madrid natal con apenas veintidós años y lo hizo con ilusión. Sabía que allá, en su nuevo destino, las cosas serían distintas, tal vez difíciles, pero nada ni nadie consiguió convencerla de que no lo hiciera. Tuvo claro desde niña lo que quería:  Ayudar a los que más lo necesitaban.

La primera vez que escuchó la palabra “mamacita” de boca de un mocoso con un brillo impactante en la mirada,  una amplia sonrisa se dibujó en su  rostro. Se sintió feliz. La maternidad fue una de las cosas a las que había renunciado por propia voluntad. Nunca la echó de menos. En aquellos veinticinco largos años habían pasado por su improvisada aula centenares de muchachitos  a los que siempre consideró como sus propios hijos. Ellos la querían mucho, ella los quería más.

El 23 de octubre – lo de menos es de qué año hablemos- fue un día clave en la vida de aquella mujer que ya peinaba canas y a la que ahora resultaba imposible reconocer porque, desde entonces, ya no reía a carcajadas como acostumbraba a hacer -con o sin motivo- meses atrás.

Cuando se conoció la noticia, el poblado entero se conmocionó. Llegó a destiempo,  probablemente también en el peor de los momentos, y las  circunstancias fueron las que fueron… las que nunca debieron haber sido.

Laia fue la primera en intentar olvidar el varapalo sufrido. Jamás debió adentrarse sola por la selva, era peligroso, siempre lo supo, pero ahora ya no había vuelta atrás:  el mal ya se lo habían hecho.  Por fortuna ahora tenía una edad en la que existían las prioridades, así que intentó olvidar lo ocurrido y decidió  que él  sería su prioridad.

Transcurrieron nueve duros y esperanzados meses. Todo marchaba según lo previsto.

El día amaneció especialmente húmedo, oscuro, triste. Ella sudó como nunca, también gritó como nunca. Cuando llegó el momento, un dolor desgarrador invadió  sus entrañas y pensó: La vida se abre camino.

…No fue así.

7 comentarios to “EL QUEBRANTO DE LAIA”

  1. precioso como siempre Linda! bss gordos

  2. Y aón está el padre? Y por qué se tiró al monte?

    Ahora en serio, gracias por cuentos así.

    Un abrazo, Lindastar.

  3. Primera vez q paso a leerte, precioso y triste pero …, la vida misma acaso no es así ? Gracias y fue un gusto entrar, por favor, no olvides compartir conmigo estos escritos si? Yo quizás por despiste no hala entrado antes, pero hazme el favor de añadirme o lo q sea para q venga, si? Muchas gracias y bendiciones por estas bellas letras compartidas.Patita

  4. Enhorabuena una vez más, me gusto esta triste historia.😰👍💦

  5. Como siempre…desgarrador,de esos que te llegan al alma.No dejes nunca de escribir.
    P.D.Hugo esta muy bien

  6. Impresionante. Me dejas sin palabras. Te felicito, Pétalo!

  7. Muchísimas gracias a todos por vuestros comentarios.
    Es un placer escribir ( o juntar palabras o lo que quiera que haga yo) y tener lectores como vosotros.
    Un beso a cada uno.

    P.D.= Patita, te tendré al tanto😉 Me ha encantado verte por primera vez por aquí. Espero seguir haciéndolo, ¿eh?

    Belle, me alegro mucho de que tu niño esté perfecto. No puede tener una mami más encantadora.

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