A la mañana siguiente (por Bea)

Las cosas ocurren como tienen que ocurrir. De repente. Así fue como nos conocimos en aquel bar aquella noche. Supongo que sería el alcohol lo que me hizo ver en ti una mirada maravillosa y una sonrisa embaucadora. No sé ni cómo pude echarle tanta cara. Al segundo sorbo del quinto Martini me planté a tu lado y empecé a seducirte. Para ser sincera, no me lo puedo aún creer, porque pienso que fui excesivamente ridícula y extravagante. Con aquella diadema con cuernecitos acabados en forma de corazón fosforescente. Sin embargo, fue fácil. No pusiste demasiada resistencia, cosa que me extrañó. No sé por qué, pero esperaba calabazas, sería porque ya habían dado las doce en el reloj. Sin embargo, bailábamos, cantábamos, bebíamos y nos besábamo y te convertiste en mi principe azul. Que dolor de cabeza. A la mañana siguiente, cuando me levanté tenía una resaca horrible, casi se movía aún el suelo en la snail-mating_thumbhabitación. Dios mio! Y tú estabas en la cama. En mi cama. Y conmigo. No recuerdo mucho de esa noche. Bueno, mas bien no recuerdo nada de esa noche. Ni falta que hace. Rebobinando pienso que tengo que follar muy bien, porque no te has separado de mi en los últimos quince años. Aunque ahora no me sorprendo igual que aquella resaca de San Valentín, cuando te veo cada mañana en mi cama y afortunadamente el suelo de la habitación ha dejado de moverse, dejando esa actividad a la cama que se mueve , a nuestro ritmo, con independencia del suelo, casi volando. Tengo que decir a tu favor que besas muy bien, tu lengua es espectacular y que tu mirada sigue siendo maravillosa y tu sonrisa igual de embaucadora con el paso del tiempo y sin alcohol. Mágicamente no te has convertido en sapo . Menos mal que en mi cabeza aquel día rondaba que sólo sería una noche, anda que si llego a pensar en matrimonio, tal y como están los tiempos, seguro que nos hubiésemos divorciado ya, como la mayoría de nuestros amigos…que lastima, no han sabido volar. Somos afortunados consiguiendo que cada día nazca en nuestros corazones esa chispa que nos vendió un anuncio de coca-cola y que hace temblar el cuerpo y que comienza en unas burbujas entre el corazón y la garganta para terminar con una desequilibrante explosión en el cerebro, con sólo acariciarnos cada mañana y darnos un beso en la boca de buenos días, aunque no nos dé tiempo luego a desayunar , se nos olviden los donuts y la cartera, y tengamos que salir de casa corriendo como dos chiquillos. Tú abrochándome deprisa la blusa .Yo abrochándote apresurada el cinturón. Los dos, en el ascensor. Ir a trabajar y volver a la rutina y sentir el placer de romperla de nuevo a la mañana siguiente.En el baño, en la cocina, en el ascensor. Cualquier día. Todos los días, sean o no San Valentín.

Una respuesta to “A la mañana siguiente (por Bea)”

  1. Buen escrito. Gracias por compartir.

    Lametorros.

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