Recuerdos lamedores: La noche más especial. La Madrugá.

 

Noche de jueves a viernes. Seis hermandades: tres de negro y otras tantas de capa. Las de “negro” llevan túnica de cola, cinturón ancho de esparto y capirotes de un metro como mínimo; se caracterizan por el silencio. Los nazarenos llevan los cirios en alto, no pueden ni mirar atrás ni hablar (tampoco reparten estampas imágenes de su Cristo o Virgen) y los pasos no suelen llevar música o bien tocan un repertorio con marchas fúnebres. Para muchos un sentimiento. Emoción. Lagrimas. Para otros muchos un espectáculo, una tapa y una caña. Así se vive la Madrugá. Silencio…

 

 

Justo en el momento en que el horizonte comienza a teñirse de color violeta, y  la noche más larga recoge su manto de terciopelo negro y estrellas de oro y plata, suena un tambor, un redoble, que se prolonga por las calles, evocando a una historia, sonando a ejecución.

Esa noche las calles no han estado solas, no han estado vacías, hay voces, murmullos, gente que va de un lado a otro y olores mezclados a esa hora, de cafés, de incienso, azahar y de cera de los cirios. A esa hora, cuando el frío cala hasta los huesos se ha cumplido la tradición un año más, y en un momento se cumplirá otra cuando suene la corneta solitaria llamando a respeto….”

https://lamedores.wordpress.com/2011/04/21/la-madruga-mas-larga/

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