FLORES DEL CORAZÓN ( por Teresa Ardiz)

El día más triste para el amor es aquel donde oficialmente termina, cuando los recuerdos de lo que una vez fue vida quedan embalados en cajas, divididos, organizados y finalmente archivados en el olvido.

Daniel y Tania finiquitaban en el terror de un prolongado silencio lo que habían sido catorce años de matrimonio, orgullosos de ser tan civilizados, trabajaban por su lado clasificando lo que correspondía a cada uno. De vez en cuando alguno preguntaba, demostrando su buena voluntad, si el otro prefería quedarse con tal o cual cosa del inmenso inventario de sus pertenencias y después volvían al triste mutismo que envolvía la mudanza.retorelato mayo

Ya el amor parecía haberse esfumado y todos aquellos trozos de historia no eran más que testimonios de lo rotos que estaban ambos, su familia y ese lugar que quedaría vacío en dos días para ser puesto en venta y dividido, como todo lo demás.

Constantemente la congoja de sus corazones les impedía continuar y haciendo una pausa muda, tomaban aire y seguían adelante, mecánicamente.

Ya vendría el divorcio, los juzgados, los abogados, pero en común acuerdo el trago amargo de la repartición de los recuerdos era privada, como un funeral de todas las alegrías y proyectos que alguna vez engendraron, y aquel funeral era desolador.

¿Dónde había quedado la pasión que un día sintieron? ¿Ese inmenso deseo, los sueños?

Daniel se encargaba de un librerito polvoso, con un trapo grisáceo sacudía cada uno de los volúmenes de una enciclopedia de anatomía, esos libros eran de Tania, los tenía desde que estudiaba medicina, por aquellos tiempos en que se conocieron y él sabía lo importantes que eran para ella, así que se esmeraba por dejarlos impecables para que emprendieran su viaje al desván de su suegra.

Uno de los libros se abrió en sus manos, entre sus páginas un frágil jazmín, ya seco por el tiempo, yacía dormitando seguro desde hacía muchos años y a pesar de que era una flor como cualquiera, Daniel la reconoció de inmediato, era el jazmín con que se declaró a Tania cuando eran apenas unos jóvenes. Su ser entero tembló, el jazmín aún conservaba un sutil perfume que lo hizo volar al instante en que vio por primera vez a Tania, tan hermosa… sin pensarlo, la buscó con la mirada y la encontró arrodillada guardando la colección de discos de jazz que él había heredado de su padre, con la delicadeza y ternura que sólo su esposa poseía, entonces lo comprendió y sus ojos se llenaron de lágrimas, no podía ni hablar y tenía demasiado que decir.

Tania interrumpió su labor al sentirse observada, levantó la vista y se encontró con Daniel mirándola con todo el amor del mundo, ambos sonrieron y entre sollozos, ella corrió a sus brazos, ya había olvidado lo expresivos que eran los ojos de su marido, se abrazaron y se fundieron en un beso cálido.

No habría separación, aún estaban a tiempo, entrelazaron sus manos reencontrándose y reconociéndose otra vez, Daniel le mostró el jazmín y ella le confirmó que era el mismo que le había dado aquel mayo. “Te dije que lo guardaba en el corazón”, le dijo ella mientras señalaba el libro abierto, precisamente en la página de un esquema anatómico del corazón humano…

4 comentarios to “FLORES DEL CORAZÓN ( por Teresa Ardiz)”

  1. Que hermoso! Realmente me metio en la piel de los personajes. Felicidades es magnífico de gran calidad. mw encantó.

  2. Hermoso Tere!! Mil gracias!

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