Recuerdos lamedores para el verano

Despedida

Desde la ventana se escuchaba el azotar del aire a las hojas de aquellos árboles que parecían cantar una canción de despedida.

Tendida en la cama, vestía un camisón rojo, el mismo que su marido le regalo treinta años atrás, en la mano, apretado con fuerza, su rosario. Al cerrar los ojos, y sin una mueca de dolor en el rostro, una luz blanca y cegadora le guió hasta llegar a su marido, los dos se alejaron juntos, mientras en aquella oscura habitación los llantos rompieron aquel silencio, pero todos sabían que ella al fin descanso de aquella terrible enfermedad.

 

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