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Yo y tu

Posted in Literatura, Relato Libre Kiedis on Jueves, 16 \16\UTC julio \16\UTC 2009 by kiedis

Eu e ti
sen promesas
escravizando a alma
sen verbas que
necesiten traducción
perfeita

Sen temores que
poidan poñer en dúbida
tamaño sentimento

Soamente un encontro
acariciado pola
delicadeza da tenrura
Eu e ti
nada mais…

Eu e ti
sen promesas
escravizando a alma
sen verbas que
necesiten aclaración
nengunha

Sen temores que
poidan poñer en dúbida
nosa entrega

Soamente un encontro
alumeado pola
pasión que nos devora
Eu e ti
nada mais…
————————————-
Yo y tu
sin promesas
esclavizando el alma
sin palabras que
necesiten traducción
perfecta

Sin temores que
puedan poner en duda
tamaño sentimiento

Solamente un encuentro
acariciado por la
delicadeza de la ternura
Yo y tu
nada más…

Yo y tu
sin promesas
esclavizando el alma
sin palabras que
necesiten aclaración
ninguna

Sin temores que
pongan en duda
nuestra entrega

Solamente un encuentro
alumbrado por la
pasión que nos devora
Yo y tu
nada más…

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Gran Vía

Posted in Relato Libre Kiedis on Miércoles, 15 \15\UTC julio \15\UTC 2009 by kiedis

Imaxes absurdas
ruidos disonantes
olores nauseabundos
movimento caótico:
XENTELECOCHEOBRASAVIÓN!
nengunha orde aparente
nengunha rima
poesía urbana

Ferve a Gran Vía,
deserta de almas
inda hoxe non sei
coma este revoltallo
tiña senso perfecto
cando ti estabas

—————————————-

Imágenes absurdas
ruidos disonantes
olores nauseabundos
movimiento caótico:
GENTELECOCHEOBRASAVIÓN!
ningún orden aparente
ninguna rima
poesía urbana

Hierve la Gran Vía,
desierta de almas
aún no me explico
como este revoltijo
tenía sentido perfecto
cuando tu estabas

Esta noite de veran

Posted in Relato Libre Kiedis on Miércoles, 15 \15\UTC julio \15\UTC 2009 by kiedis

Ainda sinto o mel na boca
deixado pola noite tola
que acabamos de pasar
e este corpiño amortecido
gostosamente dolorido
do exercicio de te amar.

Sí, querote novamente
bañada polo sol do poñente
quero esa aperta quente
e a ternura do teu ollar
o mirarme enfebrecido
pola música dese xemido
que exhalas o te tocar.

Miña voz ronca, delirante
reacciona o teu suspiro sibilante
nun ambiente impregnado
polo perfume suado
amor resumido en gotas
que dos poros van brotando
a medida que te estou amando
na procura de que non se acabe
o sentimento que provocas
coa tua pel de tan núa verdade

——————————————

Aún siento miel en la boca
que me dejó la noche loca
que acabamos de pasar
y este cuerpecito consumido
gustosamente dolorido
del ejercicio de te amar.

Sí, te quiero nuevamente
bañada por el sol de poniente
quiero ese abrazo caliente
y la ternura de tu mirar
al verme enfebrecido
por la música de ese gemido
que exhalas al te tocar.

Mi voz ronca, delirante
reacciona a tu suspiro sibilante
en un ambiente impregnado
por el perfume sudado
amor resumido en gotas
que de los poros van brotando
a medida que te estoy amando
procuro que no se acabe
el sentimiento que provocas
con tu piel de tan desnuda verdad

Tito Kiedis y los hijos de puta

Posted in Según el gps esta carretera de hecho ni siquiera existe with tags , , , , , , , , , on Jueves, 20 \20\UTC noviembre \20\UTC 2008 by kiedis

Según el gps esta carretera de hecho ni siquiera existe. Pero sin embargo había una poderosa y extraña razón para que Luis y yo estuviésemos allí a aquellas horas agazapados y al acecho dentro de su coche.

Todo aquel asunto había empezado dos años atrás. Por aquel entonces yo estaba dando mis primeros pinitos en la programación de Java y ya serían las 10 cuando me venció la desesperación producida por no poder identificar la causa de un error en un miniprograma que estaba desarrollando. Claro que podía esperar hasta el día siguiente, pero la frustración me obligó a llamar a mi experto amigo Luis, santo varón, para que me echase un mano y no irme a la cama con la incertidumbre. Aunque de aquellas no hacía mucho que conocía a Luis lo cierto es que creí saber su teléfono de memoria. Y es que como dijo un gran sabio en esta vida no es muy relevante saber mucho, lo fundamental es tener el teléfono del que sabe. Tardó un poco en contestar, pero al fin descolgó el auricular.

Joer, Luis, perdona que te de la vara, pero hay una cosita del programa de Java que estoy haciendo que me está volviendo loco. ¿Podías …. – me avalancé yo a decir.

¿Que cojones Luis ni que niño muerto so-imbécil? ¿Por que no vas a dar por culo a tu puñetera madre, mariconazo? – me interrumpió bruscamente un desconocido graznido masculino antes de colgar violentamente.

Me quedé mudo sin saber como reaccionar. Miré el reloj y efectivamente no era tan tarde. Tras uno o dos minutos de silente estupefacción agarré la agenda. Efectivamente mi memoria me había traicionado y me había equivocado en un número. Iba a marcar el teléfono de Luis pero de repente se me cruzó el cable y volví a marcar el número equivocado…

¿Diga? – Volvió a graznar la voz al otro lado.

Mira, que soy el de antes. Solo llamo para confirmarte que eres un hijo de puta – …. y colgué.

Una ola de paz me invadió y aquel día dormí a pierna suelta.

Ya tenía olvidado el episodio cuando 10 días después tuve una bronca con un cliente. Y como estos siempre tienen la razón me tuve que morder la lengua. Lo cierto es que llegué a casa “calentito” y casi sin pensármelo llamé al individuo faltón.

Buenas noches. Ya sabes, soy yo. Solo llamaba para recordarte que eres un hijo de la gran puta.

Tu si que eres un grandisimo hijo de – le dio tiempo a graznar al vozarrón antes de que le colgase.

Aunque no sabía porque había echo aquello lo cierto es que noté que se me había esfumado toda la bronca con la que había entrado en casa. Sin darle más vueltas cogí mi agenda y anoté el número en la H de hijo de puta.

Desde entonces se convirtió en un hábito. Cada vez que llegaba a casa frustrado hacia una llamadita telefónica al “hijo de puta”. Siempre le colgaba dejando a la mitad su exabrupto, cada vez más fiero y brutal. Yo llevaba el control y me bastaba escucharle unos segundos para percibir su rabia ciega y su impotencia. El sería el chivo expiatorio que pagaría las culpas de todos los h. de p. que en el mundo abundan cada vez más.

Así llegó a pasar más de un año hasta que ya me empezó a aburrir el “juego”. Fue entonces cuando cruzando un paso de peatones camino al hospital en el que iba a entregar una documentación tuve que dar un salto para que no me atropellase un energúmeno que conducía un Lancia Epsilon negro. Tras un instante que me tomé para recuperarme del susto hice un gesto con la mano pidiendo explicaciones. Una cabeza engominada y con gafas de sol se asomó por la ventanilla.

Vete a tomar por culo, subnormal. Es una pena que no me haya llevado por delante a un empanao como tu.

Incrédulo miré el asfalto. Efectivamente, no me había equivocado, estaba en medio de un paso de peatones… Volví a mirar el Lancia que se paró en un semáforo cien metros más adelante y observé que en la ventanilla trasera llevaba un folio en el que iba impreso el típico “SE VENDE” con un número de teléfono debajo. Lo anoté mentalmente.

Ese día me dieron malas noticias en el Hospital y cuando llegué a casa lo primero que hice fue marcar el teléfono anotado esa mañana.

Escúchame bien, montón de mierda, solo te llamo para confirmarte lo que ya sabes de sobra: que eres un grandisimo hijo de puta – y tal y como acostumbraba colgué dejándole con la palabra en la boca.

Mecánicamente abrí la agenda y en la hasta entonces casi vacía “H” anoté el nuevo número bajo el nombre de “hijo de puta II”

Me pasé otro año llamando de vez en cuando y alternativamente a mis dos hijos de puta para recordarles su condición de tales. Pero en fechas próximas a mi cumpleaños decidí que ya era hora de madurar y que ya estaba muy mayor para seguir con el “juego”. Así que llamé al “hijo de puta II “.

Buenas noches. ¿Todavía esta en venta el Lancia Epsilon? – dije yo tratando de disimular mi voz

Si, claro. Está impecable oye. Por 5.000 euros es tuyo. – respondió la conocida voz del mamarracho en un tono que hasta sonaba vagamente agradable.

Ya, pero hágase cargo, a mi me gustaría verlo antes. Supongo que no habrá ningún problema, no? – indagué

Claro, sin problema. Yo vivo en la primera casa que hay después del cruce para ir a “Chan do Brito”, no se si lo conoce, allá en Candeán. Si sabes del sitio no tendrás problema porque el coche siempre está aparcado a la puerta.

Si, creo que sé donde es – respondí – Pero antes quiero aclararte un detalle… – dije ya poniendo mi voz de siempre – Yo soy el que te llamo a veces para recordarte que eres un hijo de puta.

Maldito cabrón, ven para acá para que te reviente la cara a hostias – le dio tiempo a decirme al indignado hijoputa II sin que esta vez le colgara – Primero te voy a quitar las tripas y después seguiré con tu familia – siguió bramando el hijoputa II

Vale, tranqui, en hora y media estoy ahí – le interrumpí yo – Te voy a dar tanto por culo que va a terminar gustándote – aseveré provocadoramente antes de colgarle.

Inmediatamente llamé a hijoputa más veterano.

Hola, hijoputa, ya estoy cansado de este jueguecito. ¿Por que no te vienes a mi casa para que pueda partirte ese careto de putita en celo que tienes?

Me cago en todos tus muertos, dime a donde tengo que ir para partirte el alma. Te voy a colgar por las pelotas! – bramó en su tono habitual mi “amiguito” de juegos.

¿Ah si? Pues a ver si hay huevos. Yo vivo en la primera casa que hay tras el cruce que tuerce viniendo de Candéan hacia Chan de Brito. En la puerta tengo aparcado un Lancia Epsilon negro, así que no tienes excusas para esconderte y que no te pueda partir la boca – dije en tono tranquilo pero desafiante. Y colgué.

La última llamada fue a Luis para que viniese a recogerme en coche.

Ya llevamos diez minutos agazapados en el cruce y han pasado dos coches pero en uno iba un anciano y en el otro una familia con tres hijos. Luis me está preguntando una vez más de que va toda esta coña, justo cuando pasa a toda caña un Golf GTI azul marino con un tipo con cara de loco al volante.

¡Ese es nuestro tipo! ¡Síguelo! – Le grito a Luis.

Remolonamente Luis arranca su coche para hacerme caso. No es que vaya despacio, al contrario, pero nuestro hijoputa conduce como un suicida, así que pronto lo perdemos de vista.

Cuando llegamos a la casa ya están dándose de hostias con todo en el porche. Con la furia ni tan siquiera ha aparcado bien el Golf, que nos impide acercarnos más. Saco prontamente mi móvil y llamo a tres televisiones locales.

Oiga, tienen que venir por acá! – exclamo

¿Pero que está pasando exactamente, caballero? – me inquiere la chica de la tele.

Pues dos gays que por un tema de celos están al borde de un crimen pasional en las afueras de la casa de uno de ellos. Vengan antes de que se maten!

Unos siete minutos después, y todavía en pleno apogeo de la reyerta, aparece la Policia Local, supongo alertada por algún vecino, a la que dejamos paso. Y dos minutos después aparece un reportero de “TeleSalnés”. Menudo espectáculo… están chupando ostias todo el mundo, hasta que la poli por fin logra reducir a estos dos energúmenos.

Ha pasado un día y las fotos de estos hijoputas iracundos recorre todas las teles locales.

Y ahora pasamos a este suceso que ocurrió cerca de Vigo, en el cruce de Candeán a Chan de Brito. La  pareja de homosexuales que pueden ver en el vídeo todavía permanecen en dependencias de la Policía Municipal tras el grave altercado que protagonizaron ayer noche al parecer por cuestiones sentimentales, según hemos podido saber por fuentes bien informadas.

Moraleja: ¿a que después de leer esto seréis más educados y amables con el tito Kiedis? 😉

Bares, que lugares

Posted in Los precios marcados en tiza decoraban la barra del bar... with tags , , , , , , , , , on Jueves, 16 \16\UTC octubre \16\UTC 2008 by kiedis

Los precios marcados en tiza decoraban la barra del bar de barrio sevillano que se había convertido en la prolongación del salón de mi casa. Tan solo ese detalle dejaba muy claro que estaba ante una de las tascas con más solera de Triana. Y es que su decoración parecía no haber sufrido grandes variaciones desde su fundación allá por los lejanos años 40. En sus paredes alicatadas hasta el techo de un azulejo de diseño morisco convivían carteles taurinos que anunciaban históricas corridas de la Maestranza con algunos cuadros de los más reconocidos maestros sevillanos del cante jondo, en su día clientes habituales. Franqueando la entrada un precioso azulejo de la Virgen de la Esperanza de Triana nos daba la bienvenida a los fieles parroquianos, mientras que en contraste el fondo del bar era presidido por otro azulejo en el que se representaba la figura del muy pagano Dios Baco, desde luego más apropiado para el lugar que la virgen. En realidad este último era una copia del cuadro pintado por el universal Diego de Velazquez no muy lejos de allí, aunque no creo que muchos de los habituales del bar conociesen no solo ese detalle, si no tan siquiera al pintor y mucho menos al etílico Dios al que de hecho uno de los habituales, el Fiti, con su proverbial gracejo andaluz lo había rebautizado como “Don Brancisco” –porque sabe uzté, no nos han presentao y no hay sufisiente confiansa

Todavía hoy recuerdo la primera vez que entré. Acababa de ser trasladado a Sevilla y fue un amor a primera vista. Sin ánimos de ofender, los bares de barrio son como una especie de Parroquia laica, con sus “feligreses”, su “maestro de ceremonias” – ese camarero a veces guasón a veces cascarrabias que le da identidad propia e inimitable al local – y sus “horarios de culto” – todos los días desde las 7 de la mañana  para dar servicio a los currantes más madrugadores hasta la una de la madrugada en que echan a los últimos noctámbulos. No hay pues mejor lugar que estos locales para conectar con el alma de un barrio y con la gente que lo habita. En las tascas de barrio es de los pocos sitios donde los últimos tramos de las cifras del INE se nos hacen visibles en una sociedad empeañada en ocultarlos y uno tiene por ello la sensación de estar próximo a realidades sociales exentas de demagogia. Allí cohabitan las pensiones más bajas de las que muy de vez en cuando nos hablan los periódicos, el famoso porcentaje de ciudadanos que no llega a fin de mes y el grueso de los índices de paro con nombres y apellidos. Allí están con rostros reconocibles los que se aprietan el cinturón reservando siempre un agujero para la caña y la tapita porque la barra es para ellos el único foro de protesta, pataleo y reivindicación donde poder acordarse impunemente de los muertos de los políticos con sus reiteradas promesas incumplidas cada vez que asoman su jeta en el telediario que emite la tele del bar. En los bares de barrio uno saborea con deleite esa reminiscencia anti-sistema de la primera juventud.

Sí, es cierto, huyo en cuánto puedo del centro pijo y pulcro, con sus cafeterías impersonales donde los camareros de uniforme se cruzan como zombies sin mezclarse en ninguna conversación. Donde la gente se pavonea en el eterno juego de mirar y ser mirado. Prefiero esa periferia exenta de corbatas y gomina donde uno sale oliendo al tabaco que despiden los  corros humeantes del tute y eres participe del bullicio que provocan los entrañables golpetazos de las fichas de dominó o las discusiones futboleras y reconfortarte tras un duro día con unas magníficas croquetas de jamón o de queso y suculentos tapas de manitas de cerdo, rabo de toro o de pimientos del piquillo rellenos de gambas, bien regado todo con un finito o una caña bien tirada. Y es que a todos nos agrada que nos atiendan bien y nos mimen y para ello no hace falta siquiera que el camarero que nos atiende habitualmente sea nuestro amigo y confesor, como muchas veces sucede, sino que nos basta que recuerde que tomamos el café con dos azucarillos o solo y en vaso para hacernos sentir importantes.

Junto a los más rancios parroquianos del carajillo por la mañana y del sol y sombra y la faria por las tardes empezaban a asomar de aquellas una nueva clientela entre la que se distinguían a los “neohippies perro-flauteros” que buscaban allí llenar la panza a buenos precios antes de subirse al tren o seguir su errático rumbo o los  “posmodernos buenrollistas” que sobre todo los viernes y fines de semana por empacho de tanta vanguardia cultural importada terminaban encontrándole un “buen rollito” kitsch a este tipo de bares e incluso un cierto aire “cool” al Soberano. Clientes de nuevo cuño eran también algún que otro “gafapasta”, los cuales al mínimo descuido y sin provocación alguna te soltaban una soflama sobre que tu querida y vieja tasca se erigía nada más y nada menos como nuestro último bastión cultural contra las invasoras e impersonales franquicias “yanquis”. Nunca pude evitar cierta sonrisa sarcástica al observar como el plasta-gafapasta que nos había “tocado en suerte” en  plena arenga antiglobalización movía de vez en cuando su portátil para coger bien la wifi del Hotel de al lado… Por último otra especie que regresaba a este y otros bares de barrio eran los “ochenteros nostálgicos”, que armados de los entonces recién llegados  mp3 buscaban los escenarios donde Siniestro Total entre litrona y litrona habían cantado aquello de
Nosotros somos seres racionales
de los que toman las raciones en los bares
y no nos digas que no está bien
que ya sabemos cuáles son nuestros males

o aquello otro de Gabinete Galigari que decía
Los bares, que lugares
tan gratos para conversar.
No hay como el calor
del amor en un bar.
Mozo, ponga un trozo
de bayonesa y un café,
que a la señorita la invita Monsié

Pero los que de verdad le dotan de un alma propia a un bar es su “equipo titular” o a los que Tomasillo – mi camarero de confianza – solía llamar el equipo médico habitual, esos que ya terminan pareciendo un elemento más del mobiliario. De entre todos recuerdo especialmente a un trianero enjuto y muy moreno, el Manué, que tenía una curiosa costumbre de pedir cuatro vasos de vino que alineaba perfectamente sobre la barra y que bebía uno detrás de otro con aire nostálgico a la vez que murmuraba algo. Una vez pregunté a Tomasillo si sabía la razón de tan curioso ritual y me explicó que hasta hacía unos años Manué acudía al bar con tres amigos con los que había crecido en el barrio y con los que formaba una entrañable cuadrilla que separó la falta de trabajo y la consiguiente emigración. Desde entonces bebía un vaso de vino a la salud de cada uno de sus amigos ausentes. Una tarde calurosa de jueves nuestro solitario amigo llego al bar cabizbajo y compungido. Tomasillo al verlo esperó su reacción y ésta no se hizo esperar…

Sólo tres vasos-…dijo Manué, sentándose abatido debajo del cartel con anotaciones de la porra semanal de fútbol.

En ese momento, Tomasillo salió del mostrador, y sentándose junto a su amigo, porque ya era mucho más que un cliente, tras ponerle su servicial mano en la espalda le preguntó…

Vaya, Manué…lo siento…¿quien ha fallecido?…¿el Antonio, el Curro… el Pepe?…

Manué dio un suspiro y respondió…

Ainssssss… no lo permita la virgen de la Esperanza…
Afortunadamente los tres están perfectamente.
El problema lo tengo yo…y es que… el médico me ha quitado la bebida…