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SIN FIESTA DE FIN DE CURSO

Posted in cuento breve, Literatura, relato corto, Relato Libre Lindastar, Relatos on Martes, 7 \07\UTC julio \07\UTC 2015 by lindasta07

 

No escapé del cuerpo del delito, no, tan solo me alejé. ¿O fue ella quien quiso huir de mí? Da igual, el caso es que “donde pongo el ojo, pongo la bala” y, una vez más, cumplí. Nunca permitiría que me saliese el tiro por la culata.

Yo soy cazador, ellas simples presas.

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Si dijese que mi pobre alma se  partió en múltiples  pedazos después de hablar con ella, quizás resultase muy romántico, pero mentiría. Sería  algo exagerado, poco exacto y, además, una expresión manida; así que simplemente diré que me dolió. No tengo claro si fue en mi orgullo o en qué, pero me hirió. Sí puedo asegurar que, a pesar de ser un tipo  habilidoso y metódico, intuyo  que  nunca seré capaz de recomponer mi órgano muscular principal porque todo me hace suponer que lo tengo defectuoso, algo que no me preocupa en absoluto.  Lo parchearé exactamente igual que en otras tantas ocasiones y me bastará para seguir revolcándome  en mi propio fango interno.

– ¿Te gusto más que otros? ¿Me quieres más que a ninguno?- interrogué curioso sabiendo de antemano que sus respuestas  me resultarían poco aclaratorias y me dejarían un regusto  agridulce.

-Ya lo sabes, tonto, lo suficiente.- dijo entornando sus avispados ojos y regalándome un mohín de niña consentida que, como siempre, me encantó.

-¿Qué sé?- pregunté  intentando en vano estrecharla contra mi  cuerpo mientras  ella se escurría como una serpiente.

-Sabes lo que tienes que saber- respondió.

-Esa contestación no me vale, deberías de saberlo tú también, pequeña. Solo merece la pena vivir de manera sobresaliente, con mayúsculas, y si no te sientes capaz de ofrecerme lo que deseo, lo mejor es acabar con este tema de una vez por todas- advertí empleando el tono que se le presupone a todo docente, y más todavía, si es un rector que luce canas desde hace por lo menos un par de décadas y se siente menospreciado o, al menos, poco valorado.

-No logro entenderte- dijo encogiéndose de hombros simulando una ingenuidad que nunca tuvo y que fue la que, meses atrás, forzó mi fijación y obsesión por ella.

Cuando quería, esa muchacha de pelo ensortijado y cuerpo de pecado, de la que hoy pienso que un día llegué no sé si a enamorarme pero sí a encapricharme demasiado, no comprendía nada. No era vaga pero, si le antojaba, era poco colaboradora. Yo pretendía enseñárselo todo mientras que ella…Ella malgastaba su tiempo y energía coqueteando con otros, a buen seguro que más jóvenes y atractivos que yo pero también más inexpertos.

-Borra lo anterior, he cambiado de opinión. No quiero nada. No quiero más- esas palabras que  nunca olvidaré fueron el detonante de una explosión incontrolada.

Imposible acostumbrarse a sus frecuentes negativas y a su modo caprichoso de actuar: Hoy sí, mañana no, pasado tal vez… Aquella no era la primera ni la única vez que me rechazaba, aunque sí tenía visos de ser la última porque no iba a permitirle ni una tontería más. En esta ocasión, y aún sabiendo que se me  escapaba de las manos de la misma manera que a un niño se le va un globo de helio, no quise insistir ni suplicar, o sí quise, pero lo cierto es que me contuve.  En algún instante -¡ fui un ingenuo ¡- imaginé que ella correría tras de mí, como ocurre solo en las películas y en determinados sueños. Hubiese deseado tanto que así fuese… Me equivoqué. No se inmutó y entonces fue cuando , tomando las riendas de la situación, fui yo quien decidió no darle la oportunidad ni de pestañear.

 La sangre que recorría mis venas pasó en cuestión de milésimas de segundo de ser caliente a congelarse. Actué en consecuencia e hice lo que  ella me obligó a hacer. Después, cerré la puerta del aula y salí sin volver la vista atrás. No tuve ningún remordimiento, es más, me sentí aliviado. Ella, al igual que otras, calló.

Aunque ha pasado algún tiempo desde que di por finalizada esta historia- la última por ahora- empiezo a pensar que probablemente sea demasiado exigente con determinadas alumnas porque ninguna , ni las anteriores ni las posteriores a Ariadna, han estado dispuestas a subir de nota.  Su objetivo debería ser alcanzar el diez y sobresalir pero, ¡tontas de ellas!, se conforman con lo mínimo y a mí me gusta exigirles lo máximo. Nunca las entenderé. Hasta la fecha mis resultados han sido pésimos y sé que  mi modo de operar  podría calificarse también como de muy deficiente, pero ese tema solo me incumbe a mí. Yo soy quién veo si hay  evolución o no la hay y finalmente las evaluó, y lo que es más importante: decido su futuro.

Ahora me asaltan algunas dudas que, supongo, nunca resolveré: ¿Me obligarán a repetir, a repetir, y a volver a repetir año tras año? ¿Cuántas niñatas más tendrán que quedarse, para su desgracia, sin fiesta de fin de curso?

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REFLEJO DE UN PATIO DE COLEGIO

Posted in cuento, cuento breve, cuento corto, foto relatos lamedores, fotoretorelato Lamedor, historias de colegio., relato corto, Relato Libre with tags , , , , , , , , , , , , on Viernes, 20 \20\UTC marzo \20\UTC 2015 by annalammer

18 de marzo de 2015.

Habían pasado ya muchos años desde que cursé la EGB, muchos. Aquel día en la decisión de elegir el mejor colegio para mi hijo , y a sabiendas de que ni los profesores, ni el nombre del colegio, eran ya los mismos, nerviosa, crucé la puerta del cole para adentrarme en su Jornada de Puertas Abiertas.  Mi antiguo colegio lo recordaba perfectamente. Prefabricado. El “Prefa” lo llamábamos los niños. Hecho de pequeñas casitas que parecían como de papel y que en cualquier momento pensábamos 16885_1611687429046742_608848114630807120_nque podría llevárselas el viento con los niños, los profesores, los plumieres y  todos los libros de texto dentro, y ahora, sin embargo, habían construido un nuevo edificio, de bloque compacto de hormigón, firme, inamovible,  frío por fuera,  pero que extrañamente, por dentro, en las aulas, que tampoco eran ya las mismas,  guardaba ese yo que sé que te traslada en el tiempo y te vuelve niño por un instante. El olor a goma de borrar. Los dibujos inocentes casi naíf colgados en la pared. Esas mesas pequeñitas con virutas de lápiz, pinturas de cera y manchas de rotulador y las sillas de madera, chiquitinas, casi de juguete.  La directora del colegio empezó a hablarnos sobre el ideario del cole, pero yo pude evitar retrotraerme e imaginar a mis compañeros de infancia, allí sentados, preparando trastadas, jugando al “güa” con bolitas de papel en agujeritos en las mesas hechos a propósito a punta de compás, bombardear con pelotitas de papel al profe cuando se daba la vuelta para escribir en la pizarra, aquel olor a tiza y la dentera cuando al escribir chirriaba en la pizarra.

-“Vamos al patio”-me dijo otra madre, dándome un codazo para que volviese a la realidad.

El patio. El patio no había cambiado, seguía exactamente igual, con su forma rectangular, su parque de arena y su cancha de baloncesto.  Sentí un escalofrió e inevitablemente rompí a llorar, sin poder parar las emociones ni las sensaciones, como si fuera necesario que mis lagrimas alimentasen aún más los charcos que la lluvia del día anterior había dejado en aquel parque de ilusiones y sueños. En mi cabeza retumbaban las risas, los juegos, las carreras, te la ligas, churro, media manga, manga entera, el látigo. Y en mi olfato ese olor a tierra mojada y a comienzo de primavera que sólo se tiene cuando eres niño. Tu voz. De repente escuche tu voz como brisa acariciando mis oídos: ¡Personal! ¡Eso es personal!  Y tan personal…Me había olvidado de ti y de tus ojos traviesos, de tu sonrisa torcida y de cómo nos regañaron cuando, mientras tu y yo, inmersos en aquel instante dentro de nuestro pequeño nuevo mundo , pensábamos  que nadie nos veía ni nos miraba,  Don Mateo nos pilló, bajo la lluvia, cogidos de la mano y dándonos un beso inocente al lado de la canasta, donde yo, loca por ti, iba cada recreo a aplaudir tus jugadas. La flor que me regalaste- aquella margarita- aún tendrá que estar seca y sin deshojar, guardada entre las páginas del Cosmos , en alguna caja, en algún lugar de mi oscuro trastero. No, no voy a bajar a buscarla, pero me alegra haber vuelto a recordar aquellos momentos, el olor de la lluvia, la bondad de la inocencia, la vergüenza ardiendo en mis mofletes, las risas malvadas de los compañeros, tu mirada triunfante y descarada, y aquella lección de ciencias que tuvimos que copiar cinco veces como castigo.

 N. del Autor : La fotografía que acompaña a este cuento se titula “Reflejo de un patio de colegio”, y es a partir de ella de donde nace este relato de mismo nombre. Fue tomada por JuampaTF , el 18/3/2015 en el patio del colegio de Ntra. Sra. de las Escuelas Pías de Aluche.

                          El cuento y la fotografía se aunan como saludo y guiño al grupo de Facebook “Aluche porque es mi  barrio” en el que Juampa colabora casi a diario subiendo preciosas  instantáneas de rincones maravillosos de nuestro barrio. Gracias Juampa por dejarme utilizar esta preciosa foto. También quiero dedicárselo a mis compañeros del C.P. “Luz del Valle”, porque ellos son también parte de esta historia.