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REFLEJO DE UN PATIO DE COLEGIO

Posted in cuento, cuento breve, cuento corto, foto relatos lamedores, fotoretorelato Lamedor, historias de colegio., relato corto, Relato Libre with tags , , , , , , , , , , , , on Viernes, 20 \20\UTC marzo \20\UTC 2015 by annalammer

18 de marzo de 2015.

Habían pasado ya muchos años desde que cursé la EGB, muchos. Aquel día en la decisión de elegir el mejor colegio para mi hijo , y a sabiendas de que ni los profesores, ni el nombre del colegio, eran ya los mismos, nerviosa, crucé la puerta del cole para adentrarme en su Jornada de Puertas Abiertas.  Mi antiguo colegio lo recordaba perfectamente. Prefabricado. El “Prefa” lo llamábamos los niños. Hecho de pequeñas casitas que parecían como de papel y que en cualquier momento pensábamos 16885_1611687429046742_608848114630807120_nque podría llevárselas el viento con los niños, los profesores, los plumieres y  todos los libros de texto dentro, y ahora, sin embargo, habían construido un nuevo edificio, de bloque compacto de hormigón, firme, inamovible,  frío por fuera,  pero que extrañamente, por dentro, en las aulas, que tampoco eran ya las mismas,  guardaba ese yo que sé que te traslada en el tiempo y te vuelve niño por un instante. El olor a goma de borrar. Los dibujos inocentes casi naíf colgados en la pared. Esas mesas pequeñitas con virutas de lápiz, pinturas de cera y manchas de rotulador y las sillas de madera, chiquitinas, casi de juguete.  La directora del colegio empezó a hablarnos sobre el ideario del cole, pero yo pude evitar retrotraerme e imaginar a mis compañeros de infancia, allí sentados, preparando trastadas, jugando al “güa” con bolitas de papel en agujeritos en las mesas hechos a propósito a punta de compás, bombardear con pelotitas de papel al profe cuando se daba la vuelta para escribir en la pizarra, aquel olor a tiza y la dentera cuando al escribir chirriaba en la pizarra.

-“Vamos al patio”-me dijo otra madre, dándome un codazo para que volviese a la realidad.

El patio. El patio no había cambiado, seguía exactamente igual, con su forma rectangular, su parque de arena y su cancha de baloncesto.  Sentí un escalofrió e inevitablemente rompí a llorar, sin poder parar las emociones ni las sensaciones, como si fuera necesario que mis lagrimas alimentasen aún más los charcos que la lluvia del día anterior había dejado en aquel parque de ilusiones y sueños. En mi cabeza retumbaban las risas, los juegos, las carreras, te la ligas, churro, media manga, manga entera, el látigo. Y en mi olfato ese olor a tierra mojada y a comienzo de primavera que sólo se tiene cuando eres niño. Tu voz. De repente escuche tu voz como brisa acariciando mis oídos: ¡Personal! ¡Eso es personal!  Y tan personal…Me había olvidado de ti y de tus ojos traviesos, de tu sonrisa torcida y de cómo nos regañaron cuando, mientras tu y yo, inmersos en aquel instante dentro de nuestro pequeño nuevo mundo , pensábamos  que nadie nos veía ni nos miraba,  Don Mateo nos pilló, bajo la lluvia, cogidos de la mano y dándonos un beso inocente al lado de la canasta, donde yo, loca por ti, iba cada recreo a aplaudir tus jugadas. La flor que me regalaste- aquella margarita- aún tendrá que estar seca y sin deshojar, guardada entre las páginas del Cosmos , en alguna caja, en algún lugar de mi oscuro trastero. No, no voy a bajar a buscarla, pero me alegra haber vuelto a recordar aquellos momentos, el olor de la lluvia, la bondad de la inocencia, la vergüenza ardiendo en mis mofletes, las risas malvadas de los compañeros, tu mirada triunfante y descarada, y aquella lección de ciencias que tuvimos que copiar cinco veces como castigo.

 N. del Autor : La fotografía que acompaña a este cuento se titula “Reflejo de un patio de colegio”, y es a partir de ella de donde nace este relato de mismo nombre. Fue tomada por JuampaTF , el 18/3/2015 en el patio del colegio de Ntra. Sra. de las Escuelas Pías de Aluche.

                          El cuento y la fotografía se aunan como saludo y guiño al grupo de Facebook “Aluche porque es mi  barrio” en el que Juampa colabora casi a diario subiendo preciosas  instantáneas de rincones maravillosos de nuestro barrio. Gracias Juampa por dejarme utilizar esta preciosa foto. También quiero dedicárselo a mis compañeros del C.P. “Luz del Valle”, porque ellos son también parte de esta historia.

FIN DE CURSO

Posted in Colaboraciones, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , on Viernes, 20 \20\UTC junio \20\UTC 2014 by Administrador

Hoy huele diferente, a libro usado y polvo de patio. No hay chandals, ni mochilas. Se oyen las risas de los niños alborotando emocionados, nerviosos con la actuación. Tiene que salir perfecto. Han ido todos los papás y la mamás, los abuelos, las abuelas, y ellos llevan más de una semana ensayando. Se oye también algún sollozo. Juan, tiene siete años, casi ocho. Pasa al segundo ciclo de primaria,  e hizo de Luis, su profesor de inglés, su mejor amigo, pero Luis repite y se queda en primer ciclo.  y a Tomás, su segundo más mejor amigo, le han dicho que también repite.

Suena una voz familiar. Lucía, la profesora de Lengua y Mates les apremia para que se preparen. 2º A y 2º B son los siguientes. De fondo comienza a sonar la canción de Piratas del Caribe. Tropiezos y empujones entre risas detrás del telón del salón de actos.  Tan pequeños. Tan graciosos.  Tan nerviosos. Con su pañuelo en la cabeza y su parche en el ojo. Alzan su espada. Se levanta el telón y comienza su batalla final 2013-2014, el baile.

Aplausos, aplausos y más aplausos. Se ha acabado. Ya no hay nervios. Solo besos y aplausos. Por lo menos descansarán hasta el día de recogida de las notas. Después ya se verá.

Sí, hoy todo huele diferente. Huele agridulce. Huele a adiós. Huele a hola.  Huele a  por fin verano. A vacaciones. A playa y castillos de arena. A nuevos amigos. A nuevos amores. A libro usado, a cancela cerrada y a polvo de patio.

Se hace el silencio.

Mientras, lejos ya del cole, los niños siguen riendo.

Dicotiledóneas (por LaLeTiLú)

Posted in Colaboraciones, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Jueves, 30 \30\UTC enero \30\UTC 2014 by Administrador

Alba y María eran amigas. Muy muy amigas. Tan tan amigas que iban al baño juntas, bajaban a fumar juntas al patio, comían juntas en el recreo, salían los fines de semana juntas…y entre diario ambas miraban por encima del hombro al resto de los compañeros de clase. Las dos como dos gotas de agua. De la misma estatura. De la misma edad. Con la misma melena negra lisa hasta la cintura. A las dos les gustaba Juan, ese chico, estereotipo, de sonrisa brillante, grandes músculos y neurona nula…pero que más daba la neurona, total, para un revolcón, mejor cuanto menos pensase.

En Juan era donde únicamente existía su punto de fricción no confeso. Ninguna jamás le dijo a la otra que ese chico le ponía a mil, y se deshacían en comentar cualquier cosa sobre él que fuera negativa para intentar que la otra, no confesa, se desenamorase.Duele

-“¡Joder1¡ qué paleto!, ¿has visto que hoy lleva los calcetines a rayas? La madre que le pario. Si eso no lo lleva ni mi padre.

-“¡Ya te digo! y el estuche ese que lleva del Barça. No me molan nada los tíos que les gusta el fútbol, seguro que luego llega el domingo y lo único que les apetece es estar con los amigotes en el bar viendo cómo termina la liga en vez de mirar si yo llevo o no ligero.”

-”¿Y el ridículo que ha hecho hoy en clase? ¿Qué me dices?”

– “Sí, jajajajaa. Menuda leche se ha pegado al saltar al plinto.”

– “Jajajajjajaa.Tia, me encanta ser tu amiga! ¡Siempre juntas!”

– “¡Siempre juntas!” ´gritaron las dos agarrándose fuertemente las manos.

Así eran sus conversaciones habituales, basadas en criticar a todo el mundo que les rodeaba, Juan incluido. Pero, una vez en casa, y lejos la una de la otra, le enviaban whatsapps intentando llevarse el gato al agua. Al día siguiente Alba y María seguían con su paripé. Orgullosas, sin mirarle o mirándole por encima del hombro como al resto de los compañeros, las dos sabían que eran si no las de las mejores notas, al menos, las más llamativas y las que más mundo aparentaban, y eso les hacía tener al resto de la clase a sus pies. A Azucena la tenían de esclava. “Azu” era la típica niña que sin ser fea, lo parecía. Sus padres tenían muy mal gusto a la hora de recomendarle como vestir. Eso, o eran muy anticuados. Pero con casi diecisiete seguir con faldas hasta la rodilla, vaqueros anchos pasado de moda y camisas abrochadas hasta el último botón, impedían su integración. La niñez y la adolescencia son crueles. Y eso duele. La única forma de conseguir ser mirada o sentirse parte del grupo era accediendo a todos los sobornos y engaños a los que Alba y María le sometían.

Lo que tiene ser almas gemelas es que a en muchas ocasiones se piensa lo mismo.

Las dos amigas decidieron utilizar al único eslabón que les parecía un fuera de juego e intentar una cita a ciegas:

De María a Azucena

Oye, creo que tienes el teléfono de Juan, es que me he traído su rotring, le puedes decir que mañana sábado a las cinco se lo devuelvo en frente del Bar Tena, que igual lo necesita para sus deberes de Técnico.

De Alba a Azucena

Guapa, que no tengo el teléfono de Juan, podrías decirle que la profe de inglés me dio unos deberes extras para el finde, y que mañana se los doy.

De Azucena a María:

 Vale, no te preocupes. Se lo digo. Te cuento

De Azucena a Alba:

Me ha dicho que a las cinco en el bar Tena.

De Azucena a María:

A las cinco te espera.

El Sábado por la mañana, Alba y María se telefonearon como de costumbre, con su mejor rollito, criticando todo lo vivido a su alrededor en el instituto y riéndose de todo lo que soñaban con despellejar. Se despidieron con un: “tía…lo siento, pero es que hoy lo tengo complicado, tengo mucho atrasado y tengo que estudiar”, y un :” lo sé, lo entiendo.., que te voy a contar, Alba, que tú no sepas”.”¡Muaquis, guapi!”. Mientras colgaban el móvil, con sus ojos pícaros, las dos iban  haciendo repaso y decidiendo en su armario qué ponerse.

A las cinco, puntuales, como las manillas del reloj, con su mejor sonrisa y sus mejores galas, llegaron al bar:

-¿Tú que haces aquí?

-¿Y tú?

-¡Yo he preguntado primero!

La cara de ambas era para escribir poemas.

Dentro ,en el bar, Azucena con la mano de Juan en la cintura reía sin parar mientras el la acariciaba el pelo. Dice el refrán, que quien ríe el último, ríe más y mejor…y eso también duele.

Alba y María ya no se hablan, ni bajan a comer juntas, ni cotillean juntas, ni se llaman por teléfono y posiblemente nunca más lo harán. Siguen yendo a la misma clase, teniendo la misma melena negra larga, la misma edad y la misma estatura. Mientras ellas no se miran y pasean cabizbajas por el patio como dos gotas de agua que se resbalan, el resto de compañeros las miran, a su parecer, como por encima del hombro.

“Azu” aún sigue riendo de la mano de Juan. Los dos supendieron inglés y dibujo técnico, pero han aprendido a dibujar elipses perfectas con sus lenguas sin necesidad de rotring y a entenderse sólo con con un gesto, sin más idiomas.

¡Qué bonita es la amistad! (para siempre).

 

 

 

Verónica

Posted in Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato Libre lame Anna with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 16 \16\UTC octubre \16\UTC 2013 by annalammer

“…Venga, venga, vamos, que ya es hora de levantarse…”

Haciéndose el remolón se esconde debajo de las sabanas. Su mamá tira de ellas y le propina un bocado en el culo.

“¡Arriba he dicho!”

Con el gesto entre fruncido y divertido, Ramiro se enfrenta a su primer día de clase. Segundo curso ya. ¡Jopetas, qué mayor!

En el patio los niños corretean. Carpetas nuevas. Chandals nuevos. Y, sobre todo, el reencuentro con los antiguos compañeros del curso anterior. Ya no son los peques del cole.

Con el sonido de una sirena se hace el silencio mientras un profesor, lista en mano y con aire solemne, va diciendo el nombre y los apellidos de cada niño para que vayan pasando al aula a conocer a su tutor. Este año hay cambios. A Ramiro le han cambiado de clase y de compañeros.

-“Que bien!”-pensó-“Así el flacucho de Iván dejará de fastidiarme. Menudo tontoelculo. Ya no me hará pintadas en la páginas de los libros. Y Jorge no me dará collejas en la cabeza, que luego me duele y además no me entero de lo que dice el profe y encima al final siempre me castigan a mi, como si yo tuviera la culpa de todo”.

Todos estaban ya sentados en sus sitios cuando entró. Verónica. La última. Con paso firme se dirigió a la primera fila y cogiendo de la coleta a un delicada princesa rubia, dijo:

“Oye, que este es mi sitio. Aquí me siento yo. Yo siempre me siento en la primera fila, al lado del profesor. Búscate otro sitio.”

Verónica tenía la voz ruda, el cuerpo rudo, la cara ruda y hasta las pequeñas coletas sostenidas por dos grandes lazos rosas, rudas. Era la repetidora del curso. Los chicos ya la conocían del año pasado, pero este año, Verónica, había crecido y con ella habían crecido también su descaro y su mala educación.

La clase se quedó boquiabierta, y a pesar de que la pequeña princesa pareció hacer ademán de rechistar, al darse media vuelta y ver la complexión de Verónica, optó por coger su cuaderno y su plumier y cambiarse de sitio.

“..La profe!! La profe! Que viene la profe! Es una profe!!!!” dijo susurrando a voces Saul el pelirrojo. Entonces todos se maquillaron con su mejor cara de empollones para recibirla con un buenos días al unísono.

La primera mañana de clase siempre es la mas divertida. Lo hacen todos los años igual. Todos los niños se ponen una uno en pie en medio de la clase, dicen su nombre y cuentan sus batallitas de verano. Ramiro no veía nada de interesante en ese perder el tiempo. Tenía pleno convencimiento de que, en el fondo, a la profesora y al resto de la clase les importaba el mismo pimiento verde que a él qué había hecho nadie durante sus vacaciones…Aunque si lo pensaba friamente, mejor ese perder que no liarse a hacer sumas y restas, que para eso ya habría tiempo después.

Le tocó el turno a Ramiro.

-“A ver, rubito, tú ¿Cómo te llamas?”

-“Me llamo Ramiro García Pelaez.”

-“Bueno, y cuéntanos…¿qué has hecho este verano?”

-“Pues me he ido a mi pueblo”

-“Ahhhh!…¿qué tienes un pueblo?

El resto de la clase se echó a reir y a murmurar por lo bajinis.

-“Si, claro. Un pueblo y una playa.”

La carcajada en clase fue aún más estrepitosa.

-“Hombre, Ramiro, no será tuyo…”

-“Pues sí. Claro que es mio. Es mi pueblo y mi playa”-dijo torciendo el hociquillo.

La risa de Veronica inundo la clase.

_”Jajajajjajaja! Ramiro es tonto. Ramiro es tonto. Nadie tiene un pueblo suyo. Ramiro, pepino! Tu irás al pueblo de tu madre o al de tu padre, pero no es tuyo, ni de ellos tampoco.

-Ah, ¿no? Y entonces de quien es, a ver, eh?-Dijo poniendo los brazos en jarras con ademán de enfadado.

-“Pues del Rey, so tonto!”

-“Vale, chicos, vale. Calma y sin insultar..-” Dijo la profesora mientras sonaba de fondo de nuevo la sirena para anunciar la hora del recreo. “Venga, al recreo y luego Ramiro nos sigues contando”.

“Ramiro es tonto. Ramiro es tonto. Tonto, tontaina”, le iban cantando los chicos de clase mientras bajaban por las escaleras al patio.

“Ramiro, pepino. Tonto, tontaina!” Le seguian gritando en el patio.

Ramiro, indignado, se fue al fondo del patio a un rincón. Su rincón. Le gustaba observar los insectos que se escondían entre las platas que había junto a la verja. Una pareja de zapateros. Alguna araña o solo su tela. Muchas hormigas. Alguna mariquita. Y…una mariposa! seguro que antes había sido gusano. Además siempre había algún palo para jugar en la arena a dibujar jaulas o ponerlo como obstaculo para hacer el camino más duro a cualquier bicho.

El resto de los niños jugaban al pilla-pilla o al futbol y aprovechaban, cuando pasaban cerca de él, para seguir cantándole: Ramiro es tonto, Ramiro es tonto. Tonto, tontaina. Ramiro pepino…con ese soniquete que es capaz de sacar de quicio a cualquiera.

Mientras estaba agachado alguien se le acercó por la espalda. Él lo notó por la sombra que se reflejaba tapando el agujero que había hecho para enterrar un gran escarabajo pelotero que había encontrado. Le observaba pero no le hablaba. El tampoco se volvió ni habló.

De repente, se puso justo a su lado y se agachó. Era Verónica.

-“¿Sabes? Me pareces simpático. Vas a ser mi novio este mes” -Y le plantó un beso en la mejilla. Ramiro se ruborizó, pero con las dotes de mando que parecía tener Verónica a ver quien era el valiente que le decía que no…que qué era eso de ser novios o que para que servía.

-Ven, venga, dame la mano, y vamos ya para clase que va a sonar la sirena.

Ramiro le dio la mano, cabizbajo, un poco como avergonzado.

-Vamos,anda…vamos…quiero ser la primera en entrar -dijo Veronica

-“Espera,  mira”-Exclamó Ramiro señalando al suelo-“Mira, ven, mira, una cucaracha!”

-“Agg que asco, vamos!”

-“Ramiro Pepino” se oyó gritar a un niño que se habia colgado del poste de una porteria al fondo del patio.

Veronica se volvió y le sacó la lengüa. Mientras tanto, Ramiro apresurándose hacia la cucaracha para que no se le escapara le pegó un pisotón mascullando entre dientes: “Verónica, te vas a arrepentir de esto, a mí no se me deja en ridículo”.

A diferencia del primer día de clase, el primer beso jamás se olvida, o al menos eso cuentan los mayores.

…Y volviendo hacia ella con una amplia sonrisa en la boca, la cogió de la mano y entraron los primeros en clase.

LAS HADAS TAMBIÉN TRABAJAN EN NAVIDAD

Posted in Relato libre Soledad Gallardo with tags , , , , , , , , , , on Viernes, 31 \31\UTC diciembre \31\UTC 2010 by soledadgallardo

En el colegio
Erase una vez un niño que se portaba mal, pero que muy mal, sobre todo en el colegio. Se llamaba Berto y no tenía amigos. ¿Por qué? Pues por su fama de pegón.

A Berto le gustaba romper cristales, hacerse el chulito con los más pequeños, contestar mal a sus profesores. Poco o nada le importaba que se acercara la Navidad.

-¡¡Pórtate bien!! Pórtate bien!! – repetía él en tono de burla hacia los mayores.

Mientras ese día Berto estaba en el recreo sólo y castigado por tangarle las galletas a un pequeño, una cabritilla lo estaba pasando mal en la montaña de su pueblo y las hadas, sin poder atender a los niños, volaban estresadas hacia allí.

-¡Bee!, ¡Bee! – clamaba la cabritilla atrapada entre dos rocas.
-Tranquila, calma- exclamó en ese momento un hada buena que aparcaba su flamante escarabajo casi junto al

pequeño animal.

Esa hada se llamaba Adelaida. Tenía la melena enmarañada          hasta   la cintura y negra     como el gran insecto que montaba. Su nariz   era ganchuda y sus ojos tan pequeños como dos judías pintas. Era muy querida en la comarca y aunque fea, vamos que muy fea, muchas personas se alegraban al ver su sonrisa desdentada porque sabían que era buena, pero que muy buena. Cuando Adelaida se disponía a ayudar a la cabritilla apareció allí su opuesta, la bella y malvada Rosita, estirada y hermosa en su caballino rampante.

-¡Deja la cabritilla que yo la vi primero! – gruñó Rosita
-De eso nada, hay que liberarla, es muy pequeña -contestó Adelaida.
-No la saques. Yo necesito sus pezuñas para hacer mis pócimas “antinavideñas”

En medio de un torbellino de aire gélido ambas hadas esgrimieron sus varitas mágicas. Sólo tras terribles bandazos Adelaida consiguió superar a la bella Rosita

Y es que Rosita era muy diferente, tan despiadada como linda, pero que muy linda. Sus rizos eran largos, sedosos y vaporosos. Lástima que sus conjuros eran casi tan perfectamente malvados como los rasgos de su rostro. Incluso muchas veces ganaba a las hadas buenas con trampas. Esta vez, al menos, no.

-¡Me las pagarás! ¡Acuérdate! – gritaba Rosita mientras ascendía y desaparecía en su caballino, esa mascota que al circular entre los humanos se convertía en un coche ferrari, amarillo como su pelo.

Adelaida no se inmutaba nunca ante los gritos, volvió a acariciar y besar a la cabritilla liberada. “Despacito, bonita” susurró con ternura de tierna y aprovechó unos instantes para descansar en su confortable escarabajo. Por cierto, cuando circulaba entre los humanos lo hacía en un New Beetle a cielo descubierto.

-¡Bee! ¡beee!! – repetía la cabritilla, ahora muy alegre.

Enseguida apareció por allí la cabra de la madre que, aunque muy agradecida también hacia Adelaida, miraba con recelo al escarabajo como siempre hacían los insectos y los animales que no tenían nada de mágicos. Madre e hija escaparon montaña arriba sin pensárselo demasiado, no fuera a volver Rosita.

Abajo en el pueblo, tras muchas peleas, Berto repetía que de ninguna manera montaría el Belén. Bueno se refería a colocar las figuritas en familia, porque montar el belén… ya la había liado parda durante el día. Por eso sus padres, preocupados, habían decidido esa noche llamar a Adelaida.

Cuando el pequeño de seis años estaba ya en la cama, enfadado, como era habitual, sintió acercarse una presencia extraña que en principio le sobrecogió y después se redujo a un cálido cosquilleo en los pies.
-No te asustes .Vengo a ayudarte. Quiero que seas un niño feliz
-¡Ja! Ya soy feliz. ¡Soy el más fuerte del colegio! Todos me tienen miedo.
-Podrías tener muchos amigos y todos te querrían mucho más.
-De eso nada, los niños buenos son muy aburridos.
-Quizás es lo que a ti te parece pero estás equivocado- le susurró Adelaida.

El hada buena, de pronto, sintió que el frío le penetraba los huesos. Conocía esa sensación y de algún modo la esperaba.
-¡Ji! !Ji! Por fin tengo delante a un niño seguro de lo que quiere. Vente conmigo y cumplirás todos tus sueños- dijo Rosita.
-No le escuches. No le creas. Si lo haces tendrás más problemas- imploró el hada buena.
-Yo quiero romper más cristales. Tirar piedras a los animales. No ducharme nunca. Comer poquito y cuando me apetezca.
– !Je! ¡Je! !Je!.. Eso harás si vienes conmigo y eres valiente.
-¡Claro que soy valiente!- exclamó indignado.
Entonces Rosita le izó con sus hermosas alas y ambos salieron por la ventana volando hasta subirse en el caballín ramplante y proseguir un fantástico viaje. Adelaida, con lágrimas en los ojos, se esfumó. Ella sabía que sus poderes mágicos no servirían de nada si el niño no estaba dispuesto a colaborar.

Viaje a la “Antinavidad”
El hada mala y el niño viajaron sin parar durante cuatro horas. Según se acercaban al fatal destino, el aire se hacía más cálido. Berto seguía pensando que jamás se había sentido tan satisfecho.

-¡Ya llegamos!- gritó Rosita
-¿Sí? ¿De verdad?- preguntó el niño impaciente.
-Pasadas esas montañas veremos un pequeño lago rodeado de bosque.

Tras esas palabras y transcurridos sólo unos minutos el caballo ya planeaba y, misteriosamente, convertido en coche deportivo quedaba aparcado en tres maniobras. El niño en el suelo daba saltos de alegría.

-¡Por fin! ¡Lo he conseguido ¡ ¡Gané a los buenos!
-Rosita nunca miente, bueno a veces –y mintió- Ahora aquí podrás: romper todos los cristales que quieras; tirar piedras a los animales que encuentres; comer poquito y cuando quieras. Por supuesto que tampoco te lavarás, aquí no hace falta.
-¿Me podré bañar en el lago?
-Sí, puedes, pero no te comas las algas.

Y al momento Berto estaba en el agua. “¡Aj! ¡Me resbalo! Está todo viscoso y huele mal”.

Después de haber sobrevolado cumbres nevadas, tierras fértiles, inmensos bosques, aquel paraje que vislumbraba ahora el niño era totalmente desolador. En medio de una ladera, con gran pendiente, se erguía la gran mansión de Rosita. Aún así, Berto no estaba dispuesto a desmoralizarse. Daba vueltas y vueltas alrededor de sí mismo. Quería ver rápido todo lo que sería su nuevo mundo. Aún se sentía satisfecho de haber elegido un nuevo lugar para vivir. Había escaleras de caracol, murciélagos, telarañas y muchísimas piedras por el suelo.

En dos días consiguió romper los cristales que quedaban enteros a su llegada. Los murciélagos habían desaparecido a pedradas y apenas quedaban ya pájaros.

Al tercer día el niño se sentía muy sucio y sumergirse en el agua viscosa del lago ya no le seducía. Le picaba la cabeza y le dolía de hambre la tripa. Empezaba a sentir frío, nauseas y estaba más que aburrido.
-¡Rosita, ven! Llévame a mi casa- gritó
-¡Ji ! ¡ Ji ! ! Ji ! De eso nada, tú querías venir aquí. No te puedes marchar.
-Ya no quiero, estoy harto de estar sólo. Me aburro.
-Pues entonces servirás para mis pócimas. ¡Ji! ¡Ji!, ¡Ji!

Con grandes risotadas la bella Rosita ató al muchacho a una de las columnas del porche de su mansión, como hicieron otras muchas hadas malvadas antes que ella.
-Aquí te quedarás, tus sucios pies sustituirán las pezuñas de aquella cabritilla que Adelaida me arrebató. ¡.Je!, ¡Je!, ¡Je!…

Esa noche Berto lloró desconsoladamente hasta que al amanecer se acordó de aquella hada feísima que le había propuesto ser bueno. Empezó a llamarla.
-Por favor, vuelve. Tenías razón- repitió y repitió, una y otra vez.

De repente, una luz cegadora y un cosquilleo estremecieron a Berto. Vislumbró con gran sorpresa el sombrero puntiagudo y remendado de Adelaida.
-Me alegro de verte ¿Estás dispuesto a ser feliz? ¿De verdad?
-Sí, Sí….llévame a mi casa, por favor.

Entonces Adelaida desató sus bracitos y le pasó su varita mágica por todo el cuerpo; al instante Berto se encontraba mejor, limpio y con aspecto más saludable.

Cuando el niño subía al escarabajo gigante, volvió el viento helado. Adelaida se puso en guardia. Sin duda, la venganza de Rosita sería tremenda cómo les pillara allí.

A toda prisa, Adelaida le impuso la sexta automática al insecto y esta vez en un santiamén, el hada buena besaba y arropaba al niño en su cama. Berto sintió un leve roce y abrió los ojos. “Mañana es Navidad y no tengo regalo para nadie”-Te equivocas- contestó Adelaida.

Ahora Berto es Alberto y regala a sus hijos esta historia, una más que le sirvió para ser feliz no sólo en Navidad sino un poquito también, el resto del año. En la estantería donde reposa siempre el cuento lucen dos coches de juguete ¿sabéis de qué colores?

httpv://www.youtube.com/watch?v=bWk2e5vhiRQ