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Adiós

Posted in Los relatos más relamidos, Poesía, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , on Viernes, 27 \27\UTC junio \27\UTC 2014 by Omsi

“La vida no se trata de sobrevivir a una tempestad, se trata de danzar bajo la lluvia” Desconocido

Mujer_bajo_la_lluviaEsto se terminó como el diluvio de verano, no esa que moja los hombros y fascina al caminar bajo la lluvia sintiendo las gotas resbalar sobre la cara. No, de esas tormentas que dejan todo echo un desastre, un desastre natural del corazón.

Dicen que la esperanza es lo último que muere, pero definitivamente, “esto” que tenemos está más que muerto y enterrado.

Encontrarse varada en un mundo de espejismos, quimeras sin razón, no sirve de nada. Me cansé de esperar una señal tuya que, claramente, fuera lo que fuera de “nosotros” terminaría mal.

Así que digo ¡Adiós! a los sueños infundados, ¡hasta nunca! ilusión pasajera. Doy vuelta a la página y comienzo un nuevo capítulo.

No me verás mendigando el cariño que jamás mostraste por mí; me despido de tus palabras sin juicio, de tu suave y embriagante voz, de los apacibles besos de miel, almíbar que se desbordaba por mis labios.

Pierdo castillos entre nubes, el futuro incierto que pude haber tenido contigo. Sin embargo, gano seguridad, lealtad a mí misma, ganas de luchar y seguir manteniendo la fuerza que me mueve en la vida. Seguro encuentro a alguien mejor para mí.

En cambio tú, pierdes amor verdadero. El elíxir de la vida.

¡Adiós!

 

 

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“No todos van a ser ángeles”

Posted in - Fotos origen de los relatos, fotoretorelato Lamedor, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar with tags , , , , , , , , , , , , , , , on Jueves, 21 \21\UTC noviembre \21\UTC 2013 by lindasta07

Como mis vecinos están dispuestos a echar una mano siempre que lo necesito, me veo en la obligación de corresponderles cuando me piden que haga de canguro de su monstruito.

Le propuse a aquel renacuajo que me acompañase a comprar tres cosas al hipermercado.

en mi jardin-¡Quiero ir a ver a papá al cementerio!- gritó.

-No puede ser. Está trabajando allí ahora- contesté tras ignorarle unos segundos.

El mocoso iba unos pasos atrás y empecé a incomodarme. Le recriminé en varias ocasiones su parsimonia porque se acercaba la hora de comer; temía no estar puntualmente sentado a la mesa y mamá se enfadaría.

Al salir del establecimiento me percaté de que Ángel llevaba en el bolsillo algo que abultaba.

-Robar es pecado, ¿lo sabes, enano?- dije. Entre carcajadas burlonas echó a correr con la bolsa de la compra. Tenía tanta prisa que parecía que le persiguiese el mismísimo diablo. <<¡Menudo cabroncete!>>, pensé.

Al girar la esquina lanzó el recién adquirido martillo -repentinamente convertido en letal objeto volador- partiéndome la cabeza en dos. El jodido tuvo buena puntería, caí desplomado, y todo en mí se rompió.

-¡Qué fácil ha sido contigo!- exclamó eufórico- A partir de ahora me entretendré aún más cuando acompañe a papá al trabajo. Prometo no darte unas patadas tan fuertes como las que propino a los otros asquerosos. Esos vecinos nunca me cayeron bien… Bueno, tú tampoco- dijo mientras, entonando extraños cánticos, introducía con endemoniada brusquedad miles de  granos de pimienta en mi nariz y una cabeza de ajos en mi boca entreabierta, que…en mala hora compramos.

La Sombra.

Posted in Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , on Lunes, 7 \07\UTC octubre \07\UTC 2013 by Omsi

Si nada me ata, nada me une… nada me detiene.

 

– … Y ¿Qué esperas de aquella mujer? apenas es un recuerdo.

Me evade.

– Esa no es una respuesta valida, ignoras mis argumentos y francamente, estoy cansada. No puedo luchar con una sombra, la llevas en la piel, en los huesos.

– ¿Qué querías? ella fue mi historia, la vida mía. – por fin contestó.

 ????

Esas eran las palabras que no quería escuchar, el mundo se hacía pequeño y mis sueños se derrumbaban; no más castillos sobre nubes. Él amaba a alguien que no era yo, a pesar de mis esfuerzos, después de haber lavado sus heridas, creí haber sanado su corazón, pero no fue así.

– Soy tu presente. ¡No! Era tu presente y no seré futuro.

Trato de mantener los piés firmes sobre la tierra y, comprendo que no puedo volar a su lado, me cortó las alas de tajo, las dudas se aclaran y decido no continuar en una relación sin rumbo.

– Todo está dicho. Quédate en la penumbra, con tu pasado perfecto, con “La Sombra”, esa que jamás regresará.

– ¿Qué harás? – preguntó con una voz casi rota, viéndome por última vez.

– Si nada me ata, nada me une… nada me detiene. Voy a ser feliz. – respondí.

Adios+amor

 

CICATRICES DE PAYASO

Posted in Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 5 \05\UTC junio \05\UTC 2013 by lindasta07

-Mi vida, mañana nos volveremos a ver. Lo prometo- eran las esperanzadoras palabras que ella me dedicaba cada noche al despedirnos. Y así fue hasta que dejó de serlo. Coincidimos mientras quiso; ni más, ni menos.

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Marcando el terreno.

Hubiese reconocido el perfume que emanaba por cada uno de los poros de su piel aún careciendo de olfato. También hubiese podido distinguir su luz aún siendo ciego. Esa fría dama de humo rojo y caliente entrepierna me cautivó sin concesiones desde el primer instante. Su simple presencia me hipnotizaba. Imposible olvidar cualquier detalle, por pequeño que fuese porque, para mí, todo en ella era único, inconfundible, especial. Yo lo sentía así.

Alice supo tatuar su esencia sobre mi pecho como ninguna otra había sido capaz de hacerlo hasta entonces. Ese fue su acierto y esa terminó por convertirse en mi condena.

Me dejo atrapar.

Aquellos encuentros de neón, de ambiente cargado y de exceso de alcohol, enturbiaron mi mente y -como no podía ser de otra manera- despejaron mi, ya de por sí, lacrimógena cartera. Copa a copa, promesa a promesa, caí irremediablemente en su tela de araña. Resulté ser una presa fácil y me enredé mortalmente. Ella, con gran habilidad, aprovechó su momento y  me engulló. Yo me dejé  hacer.

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Por aquel entonces hubiese puesto la mano en el fuego tanto por Alice como por mí. Sentía la nuestra como era una verdadera historia de amor. Siempre fui un ingenuo, un iluso y un soñador. Es demasiado tarde para  lamentos, lo sé, pero creí en ella y deseaba la exclusividad.

Adiós a la venda.

El día en el que deseé morir me comentaron que un descapotable la alejó de aquí, también de noche, sin hacer ningún ruido, en silencio. “Así es como han de hacerse estas cosas, amigo” dijo un tipo duro cuando pregunté en el local por mi niña mientras, dándome una palmada en la espalda llena compasión,  ese tipo hizo que bajase de mi nube y pisara tierra firme.

Tengo la percepción de que ha pasado demasiado tiempo desde aquella  huida aunque, echando la vista atrás, no sea del todo así. Tan solo han pasado un par de meses  desde que se fue pero para mí han sido dos siglos de soledad.

Soy consciente de que mi compañía solo representaba para mi bella dama de hielo una posibilidad de escapatoria, una de tantas y, con toda probabilidad, no la mejor pero sí la más visible, amén de accesible.

A partir de aquella dolorosa revelación todo cambió y abrí los ojos a mi nueva realidad. Después de descubrir que nada de lo nuestro resultó ser lo que parecía, decidí cambiar el rumbo de mis sentimientos y comencé a engañarme.

Nunca más supe de ella. Rompió su promesa e hizo añicos mi corazón.

Confusión.

Apoyado en la barra de otro local aparentemente idéntico a aquel en el que conocí a la que hoy se ha transformado en mi tormento, infestado de almas desesperadas y de cuerpos tan sedientos como el mío, doy ese penúltimo trago largo mientras quiero ver a Alice en el escote de Lucía, o en el culo de Charlotte, o en el rostro de cualquier otra. Misión imposible. Para bien o para mal ninguna logra enredarme, y mucho menos, atraparme.

Todo da vueltas a mi alrededor y ella continúa revoloteando tanto en mi estómago como  en mi cabeza. Sigo bebiendo no sé si para olvidar, para perderme voluntariamente, o para cerrar esa cicatriz que aún tengo abierta y que me duele demasiado.

Veo mi futuro demasiado turbio.

En lo más hondo.

Desde que tengo uso de razón- y de sinrazón también- he sido un eterno entusiasta del amor y es por eso por lo que, en el fondo, sigo esperándola. No logro arrancarla porque echó poderosas raíces y la siento como parte de mí. Desearía que todo me diese igual, quisiera borrarla de mi mente, pero no es así. La añoro.

Pudimos haberlo tenido todo y sin embargo…Me siento un payaso.

¿Será consciente Alice de la profundidad de mis sentimientos? ¿Existirá en su vocabulario la palabra “amor” o solo existirán palabras como: “entretenimiento”, “interés” y “juego”?, me pregunto mientras la imagino rasgando, para más tarde devorar, otro incauto corazón o, tal vez, varios. Simultáneamente. Sin piedad.

Y en lo más profundo de mi ser, me alegro por… No, no me alegro, sufro lo indecible. Deseo morir. Deseo matar.

Sin rumbo.

Noche tras noche necesito tomar varios tragos porque he de ahogar mariposas.

-Mi vida, mañana nos volvemos a ver. Lo prometo- balbuceo al oído de la primera desesperada que me hace caso repitiendo, sin ningún convencimiento, esas palabras que aún me duelen y que soy incapaz de olvidar…Y ellas me creen. Como yo que, pobre desgraciado, creí en Alice.

“A MIS PIES, CABALLEROS”

Posted in Especial Lamedores, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 8 \08\UTC mayo \08\UTC 2013 by lindasta07

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Una vez escuché decir a un agricultor que abril era un mes complicado para el campo. Ahora sé de primera mano que también lo es para determinadas personas, puesto que yo me encuentro -no sé si muy a mi pesar o no- dentro de ese complejo grupo al que podríamos denominar como: “Candidatos ideales para hacer, un día cualquiera, más de una tontería”. También recuerdo que habló acerca de los beneficios de utilizar ceniza para el cultivo de plantas.

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Creí -reconozco que con cierta ingenuidad- haber podado de raíz los problemas cuando comencé con este juego pero, lejos de lograrlo, esta afición se ha convertido en una obsesión. Sólo pienso en flores.

Hoy, mientras miro el espejo del salón, ese que lo ha visto todo, hasta lo que nunca debió,  me recreo con ese peculiar sabor agridulce que aún perdura en mi boca mientras rememoro un refrán que dice: “En abril, cortas un cardo y te crecen mil”.

Hace tiempo tú eras mi cardo favorito, querido, pero actualmente ya no gozas de ese privilegio. Ha pasado el tiempo y te has convertido en un adorno más de mi jardín… En uno más.

Después de aquella experiencia juré una y mil veces que no me dejaría abrazar por otras garras como las tuyas. Había sufrido más de lo aconsejable con nuestra relación y no quería más noches de agua ni deseaba más amaneceres de hielo. En principio mi intención era clara y siempre pensé que sabía lo que me convenía, pero a la vista está que no es así, puesto que eché a perder todo cuando dejé mi impoluto pañuelo apoyado en la mesita de noche y abrí la ventana para escuchar los cánticos de los cucos y, de paso,  para permitirle al sol que me sonriese  de  nuevo. En aquel momento el cielo estaba despejado y algo en mí me arrastró a conocer otras malas hierbas que acabarían empujándome, una vez más, a poner en funcionamiento la chimenea de mi hogar.

Al acabar contigo – tú, mi particular farsante de invierno, ése que durante las frías noches me proporcionó unas veces sosiego y la mayor parte de ellas zozobra- supuse que se habrían calmado tanto mi alocada mente como mi revoltoso corazón, pero nada más lejos de la realidad. Después de aquello, año tras año, estación tras estación, razón y alma se alían para suplicarme que eche más carne al fuego y yo, siempre que la ocasión lo permite, me esfuerzo por complacerles. Es cierto que tú fuiste el primero y por eso me gustaría sentirte como a alguien especial y distinto pero, tremendo error, tan sólo fuiste el que abrió el camino a esta mi nueva afición, tan sólo eso.

Ya no necesito a nadie y, sin embargo, os tengo a todos junto a mí, siempre a mis pies. Cada vez tengo más claro que, de vez en cuando, es necesario perder la razón para ser feliz.

Ahora estoy tranquila y me relaja ver cómo vosotros, mis amantes – unos narcisos que resultasteis ser cardos-, os habéis convertido en cenizas hasta transformaros en forzados nutrientes para mis flores y plantas. Únicamente hay algo que, sin llegar a provocarme el vómito, me incomoda, y no es otra cosa que el olor que desprenden vuestros pestilentes cuerpos cuando arden… Pero, bueno, entiendo que sea el canon que hay que pagar para disfrutar de mi precioso jardín.

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Voy a dejar de contemplar mi sonrisa en el espejo, que se hace tarde y tengo que poner en funcionamiento la chimenea de nuevo.

Hoy toca ser feliz.

Sabor a m-hiel

Posted in Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , on Viernes, 16 \16\UTC noviembre \16\UTC 2012 by Omsi

El café es negro como el demonio, caliente como el infierno, puro como un ángel y dulce como el amor. Charles Maurice de Talleyrand-Perigord

Me senté en la mesa que se encontraba en el rincón más alejado; la misma, nuestra preferida. El café de aquella mañana no era igual, percibí un aroma diferente, tenía un sabor particular. Llamé a la mesera y cuestioné un poco molesta la calidad del capuchino. <<Es la bebida que siempre pide, señorita>> Me quedé callada; en silencio, no sabía qué decir, ni qué hacer. Asentí con la cabeza y le sonreí. Tal vez la joven tenía razón, eran locuras mías.

Le di otro sorbo a mi café con cautela para no quemarme como lo hice en alguna ocasión; definitivamente a mi gusto no era mismo. Le faltaba algo, y, recordé el momento en el que te veía aparecer por la puerta, guiñándome el ojo. Observé tu caminar hacia mí con esa sonrisa que iluminaba mi mundo. <<Buenos días, cielo>> ese fresco y matutino sabor de tus labios. Un toque de miel se encendía lentamente dentro de mi boca.

No sé cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que estuve junto a tí, en este sitio, nuestro espacio. Observé la puerta esperando un milagro. Recorrí el lugar con la mirada buscando tus pasos, sólo tu ausencia.

Volví a beber. No había magia en mi paladar. Ahora lo entendía y me rehusaba a aceptarlo; al café de ésta mañana le faltaban tus ojos, tu sonrisa, tu beso de miel. Un par de lágrimas se derramaban dentro de mi bebida. Un sorbo más. El sabor había cambiado; ahora era fuerte, amargo… hiel. Busqué tus besos en el menú de la carta.

No estaban.

No volverías. Suspiré. Respiré. Escapé.

Perpetua

Posted in Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , on Viernes, 19 \19\UTC octubre \19\UTC 2012 by Omsi

“Bienvenido a mi morada. Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae.” Drácula, de Bram Stoker

Hundió los colmillos sobre su cuello, y ella sería suya, para siempre…
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La mirada de Fernando III, se posaba noche a noche desde hace varios meses sobre la damisela de vestido rojo satinado. Sofía caminaba por la acera de enfrente. Los pasos seductores de la joven hacían que Fernando se estremeciera. Pareciera que su visibilidad  traspasaba sus ropas; saboreaba su cuerpo virginal. La amaba, la deseaba, necesitaba y ansiaba tomar su cuerpo.

El aire nocturno era frío, y el vuelo de las nubes en lo alto, lo hacían más evidente.

Fernando no se contuvo, era la noche perfecta. Cerró la puerta de la casona y emprendió el camino para abordar a la fémina.

– Buenas noches, bella dama. ¿Puedo acompañarla hasta su morada?- se escuchó una voz aterciopelada.
– Buenas noches, joven Fernando. No es necesario que se moleste, voy tres casas más adelante- contestó la mujer tímidamente.
– Sofía, no quiero parecerle imprudente, pero sabe a lo que vengo ¿no es así? – musitó con voz cautivante.
– He estado esperando a que viniera por mí desde hace tiempo, señor.

De un ágil movimiento, Fernando la asió por la cintura y la atrajo hacia sí, y en un santiamén, los jóvenes cruzaban la calle para adentrarse en la casa de los Condes. Sentir el contacto físico de Fernando hizo que a Sofía le recorriera un escalofrío por la piel, no a causa del frío, a pesar de que el viento soplaba cada vez más. Mientras se adentraban en el lugar, el apuesto caballero cuestionó:

– Sofía, sabe lo que se dice de mi familia, ¿verdad?
– Si, lo sé; no me importa lo que la gente cuenta. – respondió su acompañante.
– Y si fuera cierto el oscuro pasado que recae sobre nuestro linaje ¿tendría miedo?
– De ninguna manera, lo sabe. Quiero ser lo que usted es, ver lo que ve. Usted es el amor y la “vida” que yo quiero. Un amor inmortal a su lado, será un refugio seguro.

Fernando III no lo dudó. Había esperado un par siglos a la mujer de su “vida” y no iba a esperar un segundo más.

Hundió los colmillos sobre su cuello, y ella sería suya, para siempre…

– Quema. Me gusta. Duele. Le amo. – se escuchó la voz casi extinta de Sofía.
– Ya no más, hermosa mía. Yo también le amo, para toda la eternidad.

En el último suspiro, Fernando besó los labios de su amada;  y con su saliva, inyectaba el elíxir de un nuevo comienzo para Sofía.

El viento cesó; se detuvo a observar la escena de los amantes eternos.

Una mirada iluminada por el amor se apreciaba en los ojos de Fernando Tepes III, uno de los últimos descendientes del legendario Vlad Dracul.