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El deseo de Julieta

Posted in Especial Lamedores, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relato libre Omsi, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 23 \23\UTC abril \23\UTC 2014 by Omsi

pluma “No fue suficiente haberte amado tanto, ni pagar tu amor amargo con la propia vida. No fue suficiente abandonar mis sueños, ni vender el alma para que sintieras, algo por mí…” (No fue suficiente – Paty Cantú)  

 

Le vendí mi alma al diablo, sólo por tenerlo a él. En tiempos de crisis, hasta el alma está en venta. Esquivando todo pronóstico, y ante la gente que no creía en lo nuestro: Romeo, mío fue.

Tenía sus delicados labios, su carne suave, su miel. Me amaba de forma feroz, sus ojos desbordaban deseo y pasión. Tenía mi calor, mi sudor. Conquistó cada poro de mi piel, mi tiempo, mi espacio.

Le vendí mi alma al diablo, sólo por tenerlo a él. Firmé con sangre mi condena, pero el tratado salió al revés. Le entregué mi vida, mi corazón lo tenía entre sus manos; lamentablemente Romeo, lo estropeó. Él no me amaba, simplemente me deseaba y un buen día terminó por destruir mi existencia; me estrujó, me desangró y se fue en busca de otro corazón que romper.

Satanás movió sus cartas y me jugó sucio, hizo un excelente acuerdo. Lo que él no me dijo, es que Romeo no sería mío hasta la muerte, su contrato, tenía fecha de caducidad. Expiró.

Ahora sé que en época de crisis, el amor y el alma no se compran ni se venden. Entiendo que la culpa fue mía y de nadie más.

Hoy me encuentro sola, sin él, mi Romeo. Aquí estoy, deshecha, seca, vacía y con el alma vendida.

Fantasías del pequeño asesino (por Sirvenza)

Posted in Colaboraciones, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 13 \13\UTC noviembre \13\UTC 2013 by Administrador

Al final de la escalera encontré una copa de vino llena de espuma de mar. Recordé entonces que había soñado con el océano.
A mi mente regresaron estúpidos recuerdos de mi infancia.
Las calles me parecían llenas de cabezas vacías. Pero tan solo eran en mi jardinextraños pensamientos en mi mente perturbada. Aún así, seguía imaginando como librarme de los seres que me rodeaban. Decidí cambiar el mundo y cambiarlo a mi gusto.

Comencé aniquilando a todos los bastardos que se negaban a aceptar mi voluntad. Pues de eso se trataba. Aceptas o mueres.                           

La vida era, además,  lo que menos iba a desear la gente con mis cambios.
Empecé con niños, mujeres y ancianos. Luego cayeron el resto. Las autoridades creían que se trataba de un psicópata paranoico  con repulsión a la evolución de la vida. No sabían con quien estaban tratando. A un depredador no se le puede juzgar por los
restos de carroña sobrada de su festín. ¿Cómo demonios pretendían cazar un lobo con trampas para perros?
Estaba claro, eran jodidos inútiles, lo cual me animaba a divertirme con ellos. Todo empezaba a ser duro para todos esos capullos que me habían ignorado todo este tiempo.
Mi arsenal rudimentario les hacia la búsqueda mucho más difícil de lo que yo mismo, en un principio, había pensado. Un par de viejos abrecartas, la navaja de afeitar y los machetes de montaña. Todos ellos afilados al mismo grosor. Me suponían un placer inmenso en las mutilaciones que practicaba.
La clave de la vida es el éxtasis del cuerpo.

Pero el mejor recuerdo sigue siendo el placer de aniquilar.
El preciso instante en que la víctima se retuerce para dar el último suspiro a su estúpida vida. Como una mezcla de ajo  y pimienta en su aliento.
Jamás he vuelto a sentir ese placer, es como robar almas. Lo sigo necesitando como el cigarrillo antes de dormirme.
Ahora tengo a mi alcance todas las cosas que podría ansiar, pero el regusto de la matanza no se puede conseguir con dinero.
Quizás debería de empezar a hacerlo de nuevo. Pero estoy muy viejo para volver a salir a la calle, en busca de victimas a las que descuartizar o machacar con un martillo. Mi cuerpo anciano ya no resiste el frio de la noche en callejones sombríos.
Creo que voy a  tener que buscar ahora un juego más acorde con la posibilidad que me da mi viejo cuerpo. Mmmmmm, cometer mi suicidio sería lo supremo. Pero sería  un momento de placer sumamente corto y los disfrutarían los demás. Y no llegaría a ver mi sufrimiento en el último instante, el placer no sería completo.
Bueno es hora de dormir, de dejar de jugar al malote. Mañana tengo que madrugar para ir al cole, pero en cuanto me vuelva a acostar me adentraré en mis fantasías…

“A MIS PIES, CABALLEROS”

Posted in Especial Lamedores, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 8 \08\UTC mayo \08\UTC 2013 by lindasta07

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Una vez escuché decir a un agricultor que abril era un mes complicado para el campo. Ahora sé de primera mano que también lo es para determinadas personas, puesto que yo me encuentro -no sé si muy a mi pesar o no- dentro de ese complejo grupo al que podríamos denominar como: “Candidatos ideales para hacer, un día cualquiera, más de una tontería”. También recuerdo que habló acerca de los beneficios de utilizar ceniza para el cultivo de plantas.

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Creí -reconozco que con cierta ingenuidad- haber podado de raíz los problemas cuando comencé con este juego pero, lejos de lograrlo, esta afición se ha convertido en una obsesión. Sólo pienso en flores.

Hoy, mientras miro el espejo del salón, ese que lo ha visto todo, hasta lo que nunca debió,  me recreo con ese peculiar sabor agridulce que aún perdura en mi boca mientras rememoro un refrán que dice: “En abril, cortas un cardo y te crecen mil”.

Hace tiempo tú eras mi cardo favorito, querido, pero actualmente ya no gozas de ese privilegio. Ha pasado el tiempo y te has convertido en un adorno más de mi jardín… En uno más.

Después de aquella experiencia juré una y mil veces que no me dejaría abrazar por otras garras como las tuyas. Había sufrido más de lo aconsejable con nuestra relación y no quería más noches de agua ni deseaba más amaneceres de hielo. En principio mi intención era clara y siempre pensé que sabía lo que me convenía, pero a la vista está que no es así, puesto que eché a perder todo cuando dejé mi impoluto pañuelo apoyado en la mesita de noche y abrí la ventana para escuchar los cánticos de los cucos y, de paso,  para permitirle al sol que me sonriese  de  nuevo. En aquel momento el cielo estaba despejado y algo en mí me arrastró a conocer otras malas hierbas que acabarían empujándome, una vez más, a poner en funcionamiento la chimenea de mi hogar.

Al acabar contigo – tú, mi particular farsante de invierno, ése que durante las frías noches me proporcionó unas veces sosiego y la mayor parte de ellas zozobra- supuse que se habrían calmado tanto mi alocada mente como mi revoltoso corazón, pero nada más lejos de la realidad. Después de aquello, año tras año, estación tras estación, razón y alma se alían para suplicarme que eche más carne al fuego y yo, siempre que la ocasión lo permite, me esfuerzo por complacerles. Es cierto que tú fuiste el primero y por eso me gustaría sentirte como a alguien especial y distinto pero, tremendo error, tan sólo fuiste el que abrió el camino a esta mi nueva afición, tan sólo eso.

Ya no necesito a nadie y, sin embargo, os tengo a todos junto a mí, siempre a mis pies. Cada vez tengo más claro que, de vez en cuando, es necesario perder la razón para ser feliz.

Ahora estoy tranquila y me relaja ver cómo vosotros, mis amantes – unos narcisos que resultasteis ser cardos-, os habéis convertido en cenizas hasta transformaros en forzados nutrientes para mis flores y plantas. Únicamente hay algo que, sin llegar a provocarme el vómito, me incomoda, y no es otra cosa que el olor que desprenden vuestros pestilentes cuerpos cuando arden… Pero, bueno, entiendo que sea el canon que hay que pagar para disfrutar de mi precioso jardín.

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Voy a dejar de contemplar mi sonrisa en el espejo, que se hace tarde y tengo que poner en funcionamiento la chimenea de nuevo.

Hoy toca ser feliz.

Cambiazo (por Sirvenza)

Posted in - Fotos origen de los relatos, Colaboraciones, Especial Lamedores, fotoretorelato Lamedor, Literatura, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Martes, 9 \09\UTC abril \09\UTC 2013 by Administrador

Suturo mientras rezo mis plegarias a la Candelaria, pero esta vez es más especial. Es un encargo del mismísimo gobierno. He de hacerlo mejor que nunca. El recipiente está sellado, me dirijo a toda velocidad al hospital, me molesta llevar escolta a mi lado. Me distraen, me espera el mismísimo cirujano en la puerta. Como siempre subo a la capilla del hospital donde permanezco hasta el final de la intervención. Sólo cobro si sobrevive a la cirugía, el resto no es asunto mío.
Todo ha salido como esperaba. Me dirijo a cobrar mis servicios. ¿Cómo que el país me lo agradecerá? Abandono la sala, la escolta me saluda. Me espera una larga noche de mezcal y peyote, pero he de encargar el pan de los muertos para la familia de mi víctima y ganarme la recompensa que le toca por darme parte de ella.

Han pasado dos años, en todo este tiempo he cambiado mi apariencia, he refinado mis modales, perdido mi acento, mis contactos narcos me han ayudado en todo esto y tendrán beneficios. En la distancia soy un nuevo rico mexicano afincado en L.A.
Todo es ficticio pero doy el pego, no queda rasgo de mi pasado en mi nuevo yo, pero todo tiene un porqué.
Se acerca la noche deseada, soy uno de los invitados más esperados entre barbies de silicona y políticos corruptos y demás escoria. Creía que sería más complicado pero siempre se arregla sobornando al servicio. Ahí está el puto gringo, disfrutando del corazón de la dulce bailarina que yo mismo le conseguí. Le sigo el juego, mis carcajadas resuenan por encima de las demás por sus comentarios misóginos, estoy relamiendo sus entrañas mientras asiento a sus palabras vacías.
Se apagará la luz un instante para los fuegos artificiales, será entonces cuando meteré las cascabel en su estancia. Sus ojos vacíos miran la estela de la pirotecnia, ahora son niños, por un momento hasta parecen humanos, tengo prisa.
Me despido cortésmente con la excusa de un familiar que ha enfermado, subo a la habitación, quiero tener decorada la escena.
Que gusto recuperar el sabor del tequila mientras preparo una coartada perfecta. Las plumas de gallina que escondía bajo la camisa, pintadas con carbón de la barbacoa, la sangre la usara luego. Cuando se la exprima a mi moroso cliente. sire Oigo por fin como despide al último de sus invitados. Su ramera no subirá esta noche. No debió aceptar una copa con laxantes de mi mano.
Le espero sereno bebiendo, tras la puerta. Siente mi cuchillo en su garganta y le doy la vuelta para que me mire a los ojos. Le arranco la camisa de un tirón, busco el bisturí en mi bolsillo y corte preciso en el pecho. No ha notado nada. Le arranco el corazón tan rápido que no es capaz de lanzar el menor susurro. Cae tendido al suelo. Envuelvo con delicadeza el órgano que nunca debí sustraer y preparo el intercambio.
Suturo, limpio y esta vez no rezaré, decoro las paredes con frases de santería, no pienso dejar pistas. Una última parada antes de cruzar la frontera que me distancia de mi tierra. Visito el despacho de mi paisano, aquel que me encargo el trabajo. ¿Por el bien de mi patria? Tenía razón, por el bien de mi patria morirá esta noche.
Me presento ante él, pero no silencioso como un cazador, agresivo y directo a su yugular, la sangre brota formando una cascada y entre espasmos se apaga. Reviento la caja fuerte, dinero negro pero sabe a gloria.
Tras cruzar la frontera me siento libre, en paz. En la primera gasolinera compro mezcal para volver a sentirme yo mismo. No puedo dejar de pensar en el forense cuando abra y se encuentre las crías de cascabel donde un día hubo un corazón, las carcajadas ensordecen el ruido del motor y piso a fondo hasta mi próximo destino.
La noche es calurosa y el cementerio está lleno, día de los muertos, se apartan tras mi paso. Llego a su tumba donde su madre está rezando, le entrego lo que le quité y una saca llena de dólares, me escupe a la cara y asiente. Regreso al coche, enciendo un cigarro, busco una cantina. Estoy de nuevo en casa.

COMO UN ARBUSTO

Posted in - Fotos origen de los relatos, fotoretorelato Lamedor, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 3 \03\UTC abril \03\UTC 2013 by lindasta07

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¿Fuerte y robusto, yo? En teoría iba a serlo, en la práctica jamás lo conseguiré.

Mi mente está tan destrozada como mi cuerpo. No sé si esto tiene arreglo, creo que no.

Cada vez la distancia entre nosotros es menor y solo me consuela pensar que por fin los conoceré. Me emociona pensar en ese abrazo fraternal, en ese imposible cruce de miradas, en esa ansiada a la par que compleja charla… Tantas veces he escuchado hablar de ellos y he visto sus caritas en fotos que tengo la certeza de que sabré quienes son; además mi olfato siempre ha sido excelente y aún lo conservo intacto.

Quiero llorar, quiero gritar, desearía hacer mil cosas, pero no puedo hacer nada. ¿Porqué ahora todo es tan difícil?

Comienzo a resignarme.

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Es cierto que, hasta que me dejaron, llegué a ser buen mozo. Esa ha sido mi desgracia y lo que finalmente ha arruinado mi vida.

Cuando nací era poca cosa y las mujeres de mi familia pusieron tanto empeño en sobrealimentarme que crecí aún más a lo ancho que a lo alto. Aquel excesivo interés por convertirme en el chavalote que nunca debí de llegar a ser lo llevé con más pena que gloria pero, tal vez por mi carácter débil, jamás osé revelarme ante lo que todos creían -quiero pensar que con buena intención- que era lo mejor para mí.

Tía Rosalyn, una fémina tremenda en todos los aspectos a la que considerábamos una más en casa, era un ser tan oscuro como la noche que se dedicaba a asuntos de santería. Sin duda ella era la que más atención y empeño prestaba a mi alimentación. Recuerdo una vez en la que mientras me preparaba una de esas cenas pantagruélicas que olían a mil demonios, y que estaba compuesta por sus habituales guisos a base de “vísceras de animales fuertes y robustos, como lo serás tú, mi Panchito”, dijo que era preferible ser un armario de tres cuerpos al que todos respetasen a ser un tipo enclenque e insignificante en el que nadie se fijase. Toda la familia reía sus ocurrencias y en aquella ocasión lo hicieron también.

Pasaron los años, menos de los que me hubiesen gustado disfrutar, y mis complejos y yo crecimos a la par.

Hoy, al verme en el lamentable estado en el que me encuentro, sin algún órgano vital y salvajemente mutilado, es a ella a la que más culpo. Nunca me gustó. Sin embargo, para mi desgracia, yo he resultado demasiado apetecible para alguien de su oscuro entorno.

Soy un pesado fardo al que han desmoronado que intenta desesperadamente cerrar esos ojos que ya no tiene y que lucha por gritar su dolor sin conseguir emitir un solo sonido mientras espera ese momento, presumiblemente próximo y se supone que liberador, en el que decir adiós a estos momentos de sufrimiento.

Mamá, si me fuese posible hablar, te preguntaría: ¿Por cuánto tiempo seguirás confiando el cuidado de tus hijos a tía Rosalyn? ¿Cuántos tendremos que irnos precipitadamente para que te des cuenta de sus insanas intenciones?…También te diría algo más: Te quiero. Llevo tus raíces.

VISIÓN BORROSA

Posted in - Fotos origen de los relatos, fotoretorelato Lamedor, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , on Miércoles, 6 \06\UTC febrero \06\UTC 2013 by lindasta07

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Resultaba cómico verme en ese estado, supongo.

Apenas un par de horas antes, un reconfortante baño de espuma y un par de copas de Moët&Chandon – o tal vez fuesen algunas más; no lo recuerdo- habían calentado sobradamente mi chasis y, también, mi motor. Me sentía pletórica.

Tras embadurnar el que, a primera vista, parecía mi cuerpo con la aromática leche corporal hidratante que, tiempo atrás, me había regalado Ricardo, mi ex, y que hasta aquel instante nunca había utilizado- más que nada por no darle semejante gusto a aquel gilipollas-, busqué desesperadamente ese vestido negro de encaje y raso que me enfundo cuando quiero disfrazarme de “femme fatal” y que me sentaba como un guante siempre…Siempre hasta aquel preciso momento en el que, frente al espejo, vi reflejada a mi hermana gemela antes de hacerse esa lipoescultura que la convirtió, diría que milagrosamente, en una mujer de bandera. Creí morir. “¡¡Horror!! Esto lo tienes que solucionar como sea, ma cherie”, me dije. Y fue entonces cuando me serví otras dos copas de champagne – o tal vez fuesen algunas más; tampoco lo recuerdo- y busqué con desesperación ese agradecido corsé que inventaba una cintura de avispa que a todos enamoraba; a mí a la primera. Tras embutirme en esas prendas que, no cabía la menor duda, me iban a catapultar al éxito en una noche como aquella, en la que todas  las víboras pretenderíamos ganar los favores del bello Marc, me empleé a fondo con la operación de acondicionamiento facial a base de capas y capas de maquillaje. Creo que bebí un poco más…

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Recuerdo vagamente que, tras disfrazarme de lo que no soy, miré a mi alrededor buscando rastros de champagne a mis pies porque me extrañaba sobremanera ver la botella vacía – ¿Se habrá derramado?, me preguntaba incrédula-. Decidí descorchar una segunda mientras ultimaba algunos detalles y recolocaba mi escote. Metí – quiero pensar que cuidadosamente- mis enseres dentro del “clutch” y retoqué mis labios por penúltima vez antes de salir de casa.

Ya en la calle, un grupo de jovencitos me miraron con curiosidad y rieron a carcajadas cuando me tropecé con la raya de una baldosa y dejé un zapato tras de mí. También lo hicieron un par de señoras, aunque más disimuladamente. No entendí por qué les hacía tanta gracia una cosa así, pero tampoco me importó. Continué zigzagueando por la concurrida calle y, cuando estaba cerca de mi destino, todo comenzó a girar a mi alrededor a una velocidad de vértigo y no tuve más remedio que abrazarme a una fría farola. A lo lejos unos borrosos destellos lograron marearme aún más y fue entonces cuando me pregunté dónde coño habría dejado las lentillas…porque seguro que ese era el problema.

-¿ Cuánto por un completo, damisela?- Sé que me preguntó un tipo. No supe a lo que se refería, la verdad; así que entre hipidos contesté cuando me encontraba casi a ras de suelo: – Creo que llevo dos…Dos botellas completas.

 

Ya no me sentía pletórica.

EN NEGRO

Posted in - Fotos origen de los relatos, Especial Lamedores, Literatura, Los relatos más relamidos, Relato, Relato Libre Lindastar, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , on Lunes, 30 \30\UTC julio \30\UTC 2012 by lindasta07

La vida le ha dado un respiro de dos días…O de tres semanas, o tal vez de cuatro meses, siempre y cuando no tiente a la suerte o la suerte no le tiente a ella. Arriesgar en exceso es una osadía y, además, puntúa negativamente. Por  contra, ser cautos tiene premio y tanto ella como sus congéneres, si no lo saben, al menos lo intuyen y actúan moviéndose con suma precaución, a pesar de que en más de una ocasión pueda parecer  lo contrario.

Un físico como el suyo no es importante; no impone. En nada es distinta a las demás:  diminuta, de poca cintura, y poseedora de una cabeza desproporcionada pero bien organizada. Dentro del grupo es valorada, sobre todo, por una innata capacidad para trabajar y por su perenne disposición a la hora de colaborar.

El objetivo primordial de cualquier ser vivo es sobrevivir, sea como sea, a costa de cualquier cosa y, aunque ella ahora lo tiene muy difícil ya que está mermada- y es consciente de ello-, procura no decaer, aunque sufra lo indecible en silencio. Mientras, resignada por su mala fortuna arrastra -no sin dificultad- uno de sus maltrechos apéndices procurando no quedar atrás. Despegarse del grupo  puede acarrearle serios problemas y es consciente de que aislarse adelantaría su fin.  El medio se le antoja hostil: hay demasiada humedad. Hecho que sin duda favorece las bajas dentro de esa fila negra, interminable, delgada y resistente. A pesar de todo, ese diminuto ser sabe que tiene que ser fuerte y mirar hacia adelante porque, tras ese último esfuerzo, al otro lado les espera la recompensa y ella siempre ha sido  positiva y optimista.

El percance acontecido en el día de ayer, tras el cual su grupo se ha visto disminuido, ha provocado que el avance se haya hecho más lento. Aún así prevalece el orden en la comunidad y los rangos y las funciones no se han visto excesivamente alterados. El plan trazado continúa. Ella resiste.

Nada hace sospechar otro final al que parece más lógico, aunque se huela el miedo y se respiren grandes dosis de incertidumbre. Atravesar el manto de agua supondrá alcanzar el objetivo, y en ello están. Una tras otra van colocándose, portando pesadísimas cargas en sus debilitadas espaldas, en ese trasatlántico de madera en el que se ha convertido una fina rama, cuando sucede lo que ninguna sospechó jamás al iniciar ese viaje a ninguna parte.

Una sombra negra, de muerte irremediable, cae sobre el grupo y… Crashhh, crashhh.

-¿Has visto, Thomas? He aplastado a un millón de bichos je,je… ¡Qué guay!- se escucha comentar a uno de los jóvenes excursionistas mientras se agacha y recoge el improvisado navío, ahora convertido en cementerio, para lanzarlo al otro lado de la orilla.

La suerte no ha estado de parte de la diminuta cabezona. Se acabó su respiro.

…Y es que, lo que mal empieza, mal acaba.