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Solsticio de invierno

Posted in Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Miércoles, 28 \28\UTC diciembre \28\UTC 2011 by Administrador

El mar horadaba la roca lentamente, tan lento era el mar socavando entre aquellas piedras salinas como lo era el sol intentando despedirse

¿Nos os ocurre que en esos momentos en que todo va bien uno tiende a no pensar en nadie más que en sí mismo? A mi me pasa, y por eso entiendo que cuando sucede lo contrario, es decir, que las cosas no van tan bien, o para que andar con paños calientes, cuando las cosas van fatal, cuando van tan mal que ya no te importa ni la desgracia ajena ni la tuya propia, porque el límite ya está tan dado de sí que sería imposible comparar medidas, el tiempo te alcanza. Se esconde detrás de ti, como una sombra con muy mala leche y te echa el aliento en el cuello –que además huele agrio, porque lo bueno, huele bien, y lo malo, es fétido, como en los cuentos de hadas, que algo de cierto hay en ellos-.

Pues aquella tarde el mar no me parecía ni tan bonito ni tan azul, y eso que los colores del amanecer pedían a gritos una cámara digital que, además de buenas fotos, me permitiera subirlas al ritmo de un suspiro en la red social para entretener al público que en ese momento, debo decir la verdad, me era del todo indiferente. El invierno que amenazaba con salir de entre aquellas rocas, y yo divagando.

El mar horadaba la roca lentamente, … Y yo seguía intentando descifrar el patético esfuerzo que me estaba suponiendo decidirme a salir de nuevo esa noche y resarcirme de tantos años dedicada a alabar, apoyar, consolar a Mario, un hombre de esos que debería ser obligatorio en el currículum vital de cualquier mujer, para aprender a diferenciar lo que significa un compromiso con amor o comprometerse a perder el tiempo con los Mario/Manolo/DarthVader que se cruzan en nuestro camino.

Creo que durante todos aquellos años no coincidíamos apenas uno o dos días entre semana, porque a pesar de compartir oficio y casa, nuestros intereses y el propio trabajo ya se empeñaban en separar físicamente lo que desde el principio ya estaba más desligado que una mahonesa cortada.

Supongo que por la falta de roce diario y esa extraña costumbre que adopté de terminar contándole a Tanga mis preocupaciones y también la mayor parte de mis alegrías, una tarde dejé de lanzar botellas de náufrago al desierto, porque la paciencia en mi abunda, pero la falta de sentido común nunca me ha querido acompañar, y menos cuando estoy sobria. Así que el día en que Mario salió con prisa, como era habitual en él salir con prisa, y vestirse con prisa, y follar rápidamente, quizá para no tener que perder más que el tiempo justo, qué cosas, no le recordé que hacía dos meses que esperaba una contestación. Abandoné la casa aquella tarde, y punto. Y me acerqué, cómo no, al mar.

Y siete meses después de nuestra separación de bienes, entre los que no se encontraba Tanga, naturalmente, que no se lo llevó con él por amor, que éste doy fe hay que llevarlo puesto para poder compartirlo, y a Mario, supongo que por la prisa de la que ya he hablado, se le había olvidado ponérselo hacía mucho tiempo. Se había llevado a Tanga por fastidiar, así de claro, porque lo cierto es que él jamás se agachó a recogerle una caca, es más, creo que ni sabía que era un perro de verdad y que hacía cositas de perro, eso es, salir a la calle cada día y cagar y mear cuando tocaba.

Cansada de salir casi cada noche, de embutirme entre risas que no convencían ni al espectador más colocado, supe que pese a todo le echaba de menos –a Tanga, naturalmente-, que me había dejado llevar por las circunstancias y que, el único modo de apelar a su pequeña capacidad emocional para recuperar lo que por derecho propio me correspondía, era fingir animadversión hacia lo que él consideraba un triunfo.

Habían pasado muchas semanas, y yo a quien echaba de menos no era a Mario, efectivamente que no, lo que echaba de menos era escuchar la respiración profunda de Tanga sobre mis pies, mientras yo escribía mi artículo diario en el ordenador. Y sacarle a pasear y dejarle que corriera libre por aquella playa en la que ahora solo veía piedras, agua, arena, donde antes había consuelo, colores, chispas.

El mar horadaba la roca lentamente, es mi tercer intento, pero nada, hoy no me sale nada, tengo la cabeza ocupada pensando en este ser nada escuálido que ahora se apoya en mis piernas y me da todo el calor que necesito. Este invierno se que no pasaré ningún tipo de frío.

Al César, lo que es del César.

Saray Shaetzler para Los Relatos Más Relamidos, Jornadas de Puertas Abiertas

Abandonado

Posted in Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Lunes, 26 \26\UTC diciembre \26\UTC 2011 by Administrador

El mar horadaba la roca lentamente, la noche era fría y serena, había una preciosa luna llena, las olas llegaban una tras otra lamiendo la arena de la playa. A lo lejos se oía el suave rasgar de las cuerdas de una vieja guitarra entonando las notas de un villancico; faltaban unos pocos días para Navidad. Él seguía adelante, la cabeza gacha, sin rumbo. Ya no notaba el dolor en su entumecido y magullado cuerpo, le llegaba el sabor salado del mar. Tenía sed, mucha sed, pero sabía por experiencia que el agua de mar era mejor no beberla. Podía ignorar el hambre pero necesitaba beber, estaba extenuado, sabía que había llegado a su límite, no podía más, lo había intentado pero ya no… La luna iluminaba la pared de roca, encontró un pequeño hueco para resguardarse del frío, se acurrucó en la dura piedra y se puso a soñar; soñó con su casa, su acogedora casa, su familia, él era feliz allí. ¿Qué pasó?¿Por qué lo perdió todo? No comprendía que era lo que había sucedido. Y…!esa sed! Era insoportable, pero era incapaz de moverse, su cuerpo ya no respondía a las órdenes de su cerebro. Hacía ya meses que vagabundeaba. Al principio siempre encontraba a alguien que le ofrecía algo de comida, pero vivir sin un techo pasa factura y se volvió desconfiado, huraño, sucio y maloliente. La gente se apartaba de él y él no quería cuentas con nadie y allí estaba ahora, apretado contra un fría roca deseando que todo terminase ya. Amanecía, entreabrió los ojos, oía murmullos, intentó levantarse pero no pudo, notó algo húmedo !AGUA! !Le estaban dando agua! Bebió como pudo, oh si, agua por fin, ¿quién era, quién se preocupaba por él? Ya nunca lo sabría, sus ojos se cerraron, su maltrecho cuerpo se relajó, ya no estaba allí. – Mamá, ¿que le ha pasado? – No lo se, seguramente le abandonaron. – !!¿Por qué?!! Nosotros no haríamos eso !nunca! – No cariño, pero por desgracia alguien si lo ha hecho y nosotros hemos llegado demasiado tarde para salvarlo.

Autora: Bet.

Nostalgia invernal

Posted in Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Sábado, 24 \24\UTC diciembre \24\UTC 2011 by Administrador

El mar horadaba la roca lentamente y mis ojos hinchados se hartaron de tal  espectáculo…. “¡Tengo frío!” me dije en silencio al tiempo que recogía mi cuerpo adolorido de la silla en la que había permanecido durante horas en el balcón de la última casa de la bahía, que siempre es tan agradable. Me dirigí a la cocina y sin perder de vista la playa virgen que frente a mí se desplegaba me serví un café. El cálido contacto apenas posé mis labios secos me hizo pensar en él… ¿Qué estará haciendo? ¡Y qué importa!

Como en automático caminé otra vez a mi butaca, acomodé mis pies congelados sobre el madero que sostenía las débiles patas de la vieja silla y bebí el café con algo de ansiedad, pero era como si sorbo a sorbo un poquito de esperanza hecha tibieza se metiera en mi organismo… Otro sorbo, otro sorbo y mi rostro antes desencajado recobraba la normalidad al abrigo de mi bebida. Hacía frío pero el incipiente invierno sintetizado en ese instante nostálgico parecía más agradable con todo y la tristeza que me provocaba la más reciente despedida.

Miré al horizonte y lo percibí más ancho que nunca, era infinito… Y mientras despedía al sol, el anaranjado de sus últimos rayos fugitivos iluminaba mi conciencia, otro sorbo más y mi tristeza parecía eliminada como por arte de magia. Me estiré y levanté de mi trono de soledades y desde ahí en la inmensidad del futuro y con el marco del solsticio de invierno decreté mi día cero.

Miré de reojo la playa y la vi en su absoluta hermosura, el agua constante como siempre, seguía acariciando la roca sin que esta se quejara de ser desgastada… Tal vez, reflexioné entonces, es así el amor… Un precio eterno pagado por la felicidad, pero sin reproches, sin amargura.

Entré a la casa pues el manto nocturno rodeaba con su frío brazo el entorno, acomodé el chal tejido que me cobijaba y a través de la ventana admiré la bóveda celeste, tan clara en esta época del año… Mientras me tomaba otra tacita de fe.

Autora: Teresa Villagómez.

Compota de sonidos

Posted in Jornada de Puertas Abiertas, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Jueves, 22 \22\UTC diciembre \22\UTC 2011 by Administrador

El mar horadaba la roca lentamente mientras el frio calaba mis huesos en la cala desierta. En mi mano la botella. Medio llena, medio vacia. En mi boca un cigarro agonizante,en mi corazon… nada.

Las nubes traen tormenta, me acomodo en el suelo, la estaba esperando. Quizás la lluvia libere mis recuerdos y me ayude a continuar. Ahora, por fin, escucho. Me doy cuenta de lo bien que suena el mar, sobre todo cuando golpea las rocas y los cantos de gaviotas y albatros que son como coros angelicales ante la fuerza demoniaca del océano. El cielo empieza a rugir y se une con los truenos al concierto. Se añade el viento, silbando melodias que insinúan temor y amor a la vez. Y cuando las gotas de lluvia se funden con mis lagrimas, grito! Fuerte, hacia lo mas profundo de mi ser. Rio tan alto como soy capaz de hacerlo. Las aves callan, el viento para….sale el sol. Pero el mar sigue retándome. Le lanzo mi botella, medio vacía. Estalla contra la roca horadada,explotando en mil diminutas piezas. Los restos del vidrio, sobre la piedra adquieren brillos deliciosos con la luz del sol.

Vuelvo a relajarme,es un nuevo espectáculo. Me pierdo entre os reflejos del agua y el cristal. Pero,falta algo. Necesito una nueva melodia que acompañe tanta belleza. Empiezo a lanzar piedras contra la roca. Sonidos secos y vacios en el agua ,chapoteos inútiles .He de pensar, las olas borraran los vidrios pronto.

Si! hay una garrafa de gasolina en el maletero y no necesito mi coche. Lo acerco lo mas posible a la roca. Lo rocío, motor en marcha, mecherito y zassss! El contraste de las llamas con el horizonte del mar que no acab,el humo huyendo hacia el cielo.

Vuelvo a llorar, de alegria esta vez. Es magico.

Un momento! Ese ruido? Agudizo mis oídos. ESA MUSICA NO PEGA AQUÍ! En el horizonte diviso un vehiculo verde, viene hacia mi. Tengo que pirarme, si me pillan no podre seguir componiendo. Aunque me jode dejar una sinfonia incompleta.

Autor:  Sirvenzas

Cara y cruz

Posted in Jornada de Puertas Abiertas, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Martes, 20 \20\UTC diciembre \20\UTC 2011 by Administrador

El mar horadaba la roca lentamente… mientras observo mi moneda lanzada al aire se me hace difícil comprender que motivo la impulsa y la hace girar, no sé si es por el ansia pero al chocar con la roca y sumergirse en el agua sé que jamás la recuperaré, no puedo borrar ese pensamiento de mi mente y cada invierno vuelvo al mismo lugar, mi mirada continúa fija en aquella roca y hace que mi mente gire al compás de aquella caprichosa moneda.

Fijo mi mirada en el horizonte, todo da igual, bailo en círculos…soy la moneda que ansia las gélidas aguas, las gotas salpican mi rostro, ansío sumergirme… una gran fuerza me eleva y me arrastra sin más, era un recuerdo suyo y ambas pérdidas atormentan mi sueño desde aquel día. Es el afán de ganar que me traiciona en este juego sin reglas que me desespera, el miedo a perder que me estremece y me hace temblar, pero……. salto! mi mente vuela mientras mi cuerpo se hunde, la brisa quema mi alma y mi torso se hiela, una mano se extiende hacia mi, una voz susurra mi nombre, me domina…y ahí está, mostrándome la moneda, acerca sus labios y me arrastra al fondo de sus dominios, siento frío a veces calor, me deja sin aliento pero no cavilo, nos fundimos en un profundo y largo beso y se hace la oscuridad, me sumo en un profundo letargo, llega el sueño, duermo…..

Aquella mañana del 21 de diciembre un sol abrasador acompañaba en su paseo a un padre y a su hijo que de repente grita….papi mira allí en la roca!!!!

Las olas tapaban y destapaban su cuerpo, en su puño una vieja moneda y en su rostro una extraña sensación de paz.

Autores: Cab y Cap.

Sinequia de almas

Posted in Jornada de Puertas Abiertas, Relato, Relato Libre with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Domingo, 18 \18\UTC diciembre \18\UTC 2011 by Administrador

El mar horadaba la roca lentamente…

Es curioso como las caricias del mar, suaves o apasionadas, con el TIEMPO debilitan hasta la roca mas fuerte.

Al principio la roca es indiferente al cariño con que el océano la trata. No siente su presencia, ni su fuerza y su poder. La marea poco a poco suaviza sus picos, redondea sus formas y sin darse cuenta la hace formar parte de eso que llaman playa.

Es aquí cuando la roca, ya consciente de las caricias que el océano le ofrece, disfruta de cada ola, saborea cada tormenta. Disfruta del sonido del agua al chocar contra su piel. Disfruta del sabor a sal de sus caricias. Disfruta del dolor de su ausencia cuando baja la marea. Disfruta del sabor amargo de la espera en la distancia, hasta que la fuerza de la luna le permite de nuevo el contacto anhelado. Disfruta al fin, de lo anteriormente ignorado.

Tal es su pasión y amor hacia el mar, que ajena al peligro, la roca le abre sus poros, para poder así sentir sus caricias hasta lo más hondo de su piel.

Bello romance, cariñoso, apasionado y peligroso que sin darse cuenta, va calando en ella, llegando hasta lo mas profundo, su alma inmortal.

Ahora la roca siente frío en su interior, la sal escuece en las heridas que aun sangran en su corazón. Ahora las ausencias duelen más y las caricias ya no calman. La roca es consciente de que ya no hay vuelta atrás. Solo hay un ir y venir continuo, incesante y poderoso que ha conseguido atravesarla por completo.

El agujero va creciendo y su fuerte coraza es cada vez más fina y débil. La roca, con una mezcla de ansiedad, nostalgia y frío recuerda. Recuerda esas caricias primero indiferentes, luego anheladas y finalmente temidas. Sonríe mientras una lágrima resbala por su rostro arrugado y bello, pues eso es la vida y eso es el TIEMPO.

De niños nos resulta indiferente y lento, en la juventud es nuestro amante apasionado y nos hace disfrutar de cada sabor y en la vejez nuestro temido enemigo…pero siempre el mismo, siempre él con su ir y venir continuo e incesante.

Sentada en la playa sonreía mientras observaba como el mar horadaba la roca lentamente y una lagrima resbalaba por su rostro arrugado y bello mientras dejaba que la envolviera el frío invierno.

Autor:  Agalychnis

Mordazas

Posted in Jornada de Puertas Abiertas, Relato, Relato Libre, Relatos, Relatos Breves with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on Viernes, 16 \16\UTC diciembre \16\UTC 2011 by Administrador

El mar horadaba la roca lentamente… no importan los años que han pasado. Por mucho que la observe, siempre encuentro un nuevo detalle. Desde la pequeña concha incrustada, algun pececillo atrapado y mil detalles mas. Pero mi momento preferido es intentar coger el cangrejo asustadizo de huye. Las pocas veces que lo he conseguido, a lo largo de tantos años me siento lleno, es un reto inocente y el maximo placer es soltarlo al agua y verle escapar de nuevo.

Recuerdo la primera vez que mi padre cogio un cangrejito.A mis ojos era un monstruo enorme con pelos en la coraza y esas tenazas amenazadoras.

Creo que la mayor causa de mortalidad de los cangrejos es por traumatismo. Los mayores lo ponen en la mano de los niños ,estos, la quitan y….. las madres ¡suelen pisarlos!

El caso es que con los años, el ritual de buscar el cangrejoen la roca se acentua.En cada playa,en cada puerto,no puedo frenar ese impulso innato de asomarme e intentar localizar a mi presa.Con el recuerdo lejano me sorprendo ahora,cuando pongo e cangrejo en manos de mi pequeño. Observo el temblor en su rostro y la lucha interna de miedo-felicidad, se aparta y el animalito cae, mientras grita, ¡coge otro papa!

Entonces me doy cuenta que tropezamos con la misma roca que el mar horadaba lentamente siempre. Beso a mi pequeño, sonrío  en mi interior y parto en busca de una nueva presa.

Autor:  Sirvenzas